La Constitución Sexual y los 10 MandamientosEL CAPITALISMO ES FEMENINO Y EL SOCIALISMO ES MACHISTA por ALBERTO MANSUETI * |
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Este ensayo se dedica exclusivamente a las queridas lectoras, con todo respeto y afecto. Pero sólo a las mayores de 13 años, por sus explícitas alusiones a determinados actos sexuales, p. ejs. menstruación y gestación, y a la Constitución Sexual de la sociedad. Y se advierte a los varones que su lectura puede resultarles altamente decepcionante. Así que a los fines pertinentes -legales y cualesquiera otros-: ¡Avisado todo el mundo ...! El
sociólogo estadounidense George Gilder publicó en 1973 un libro profético
sobre el feminismo: “Sexual Suicide”. A más de tres decenios,
impresiona vivamente su contenido. Mujeres y varones --
Comienza por espetar que la mujer es sexual, biológicamente, muy superior
al varón. Pero mucho. Porque es orgánicamente capaz de una serie de
actos sexuales procreativos, que el varón es incapaz de experimentar:
gestación; parto o alumbramiento; y lactancia. (¡Vaya novedad!; pero, ¿no
es bueno que nos lo recuerden ...?) --
Son estos tres actos sexuales de la mujer, profundamente sexuales, porque
son específicos y privativos de su sexo. Constituyen si se quiere un
privilegio de su naturaleza. Comparada con el hombre, ella es inmensamente
más potente, por su mayor “potencialidad”. --
Y eso, antes de mencionar la menstruación, que puede resultar un tanto
incómoda para ellas. Pero la regla es otro acto sexual exclusivamente
femenino. Como los otros, tiene fin y propósito. Desde sus 13 años y
cada 29 días de su vida fértil aproximadamente, y como si sus
potencialidades fueran pocas, la mujer recibe de su naturaleza un
recordatorio automático de ellas; lo cual le da señal clara, reiterada e
inequívoca de su identidad sexual. El varón no tiene nada ni siquiera
parecido, por eso la inseguridad en su identidad y posición sexuales, y
la patológica tendencia a confirmarlas o afirmarlas mediante la
promiscuidad, entre otros medios. ¿Y
la mayor musculatura, altura y fuerza física masculinas ...? Pobres e
insuficientes compensaciones naturales de la innegable inferioridad biológica
del hombre, nos recuerda Gilder. Y no contento, apunta estas consecuencias
tremendas: --
Hay dos sexualidades, femenina y masculina; y la primera se orienta al
largo plazo. --
La mujer tiene un lazo natural con sus hijas e hijos del cual el hombre
carece. Y es más aún: naturalmente, el varón tiene conocimiento de su
descendencia y acceso a ella sólo si la mujer se lo permite. La
maternidad es principal y biológica; y la paternidad, accesoria y más
cultural. La Constitución Sexual de una sociedad Gilder
estudia antropológicamente las sociedades humanas, y encuentra que
difieren profundamente en su Constitución Sexual, según sean primitivas
o civilizadas: 1)
En las primitivas predomina la cortoplacista orientación sexual
masculina. Sus economías (y culturas) son recolectoras y cazadoras. Los
hombres organizan partidas de caza y pesca; y otros rituales masculinos
como los iniciáticos -compensaciones culturales de su menoscabada condición-,
de los cuales excluyen a las mujeres, que permanecen en las chozas. Entre
una y otra excursión, los hombres regresan a la aldea y se reúnen con
las mujeres y sus hijos; reciben sexo y afecto. Quien no tiene mujer, la
roba o secuestra, en su propia tribu o en otra. Por eso la guerra es un
rito masculino muy importante en las sociedades primitivas. Y desde luego
también el poder, o sea la política, para los hombres. En estas
sociedades salvajes, jerárquicas y militares, casi no hay capitalismo, y
su tecnología es muy rudimentaria y primitiva, al igual que su religión. 2)
Las sociedades civilizadas en cambio proscriben el rapto y la violación;
así que la mujer puede apoyarse tranquilamente y sin riesgos en su
superioridad biológica, y ser ella quien elige a su pareja. Selecciona de
entre los candidatos disponibles, los cuales ofertan algunos activos
(ganado, vivienda, empleo estable, renta o negocio propio, automóvil o
algo ...) en garantía de su papel de proveedores o suministradores
principales de la futura familia, rol esencial en la civilización. Eso se
llama “compra”; y si los padres de ella ayudan en este menester al varón,
se llama “dote”. Son usos y costumbres civilizadas, combatidas por el
concepto de amor romántico del s. XIX. Sexo, familia y civilización Y
es que las sociedades se civilizan sólo cuando la cortoplacista orientación
sexual masculina se supedita a la femenina. Si pasa lo contrario, la
sociedad comete suicidio sexual. 1)
La sexualidad femenina se centra en la unión heterosexual monogámica
permanente, con vistas al largo plazo; y en la familia fundada en esa unión.
Cuando los varones lo aceptan, las sociedades comienzan a desarrollar
agricultura, ganadería y otras actividades económicas orientadas al
futuro. Que precisan seguridades, y ciertos montos de ahorros,
inversiones, y prolongados términos de maduración. Todo ello requiere
del cálculo racional y la capacidad de esperar -en el sexo y en la economía
productiva-; y además una base o fundamento, que es la familia ya
descrita. 2)
Las sociedades civilizadas lo son porque en ellas la mujer civiliza al varón;
sí, domestica su salvajismo. ¿Cómo? Poco a poco. Y transforma al hombre
en proveedor estable. ¿Con paciencia y ternura? Sí, por supuesto; pero
además con una buena estrategia: dejarle al varón la “jefatura” de
la familia, la “autoridad”. Todos sabemos que eso es teatro y ella está
realmente al mando. Pero la mujer debe representarlo si quiere civilizar
al varón -muy inseguro por naturaleza-, y hacerle subordinar la orientación
sexual de él (inmediatista) a la de ella (futurista). Después de todo
hay algo de teatro en la civilización, un sistema de roles que se actúan. 3)
El capitalismo y la civilización se fundan y asientan principalmente en
la familia; y la familia, principalmente en la mujer, aunque el hombre
-proveedor- no es desechable. La familia es la institución capitalista
principal; y secundariamente el mercado y la empresa, también de cara al
porvenir, con carácter no transitorio sino permanente. En ambos casos la
palabra es “responsabilidad”. Estas dos instituciones económicas,
empresa y mercado -junto a la legal de la propiedad privada-, son claves
para el capitalismo; pero no tienen esperanzas de sobrevivir a la familia
si el Estado la destruye. Feminismo y socialismo Gilder
enseña que el machismo es un arma letal del estatismo para destruir a la
familia y tener así la lealtad absoluta, total e incondicional del
individuo. Pero el verdadero nombre del machismo es feminismo. Y
viceversa. Son lo mismo. Vea
Ud.: ¿en qué consiste básicamente el programa feminista? En el acceso
de la mujer al mercado de trabajo, con el reclamo de un rol proveedor para
ella en pie de igualdad con el varón; y asimismo la igualdad sexual. E
igual acceso a la política y al Ejército -y también a los comedores,
viviendas y dormitorios comunes propios de la milicia- ... ¿Qué
implica esto? Nada menos que rebajar la sexualidad femenina al mismo plano
de la masculina, degradando la Constitución Sexual de una sociedad
civilizada, basada en la familia. ¿Es así ...? Sí, claro, es el
sometimiento de la orientación sexual femenina a las demandas sexuales
masculinas no civilizadas, enfocadas en las uniones de corto plazo y no
permanentes. El
socialismo -nacionalista o clasista-, consagra y da expresión política
al más puro, viejo y radical machismo, fuerza anticapitalista. El
capitalismo es una trama social pacientemente tejida por las mujeres en
los hogares -donde obtienen ellas sus grandes logros, p. ej. la crianza-,
antes que por los varones en las empresas. Capitalismo y familia son
defensas de la individualidad y la privacidad frente al poder. Socialismo
y machismo (“feminismo”) son una vuelta a la horda promiscua e
indiscriminada: un regreso a las cavernas. Todas las utopías radicales,
desde Platón hasta el s. XX, eran contestes en dos puntos: comunidad de
bienes y de mujeres. Programas antisociales: pobreza, ignorancia, ilegitimidad El
estatismo nos dice que los programas “sociales” compensan desempleo,
pobreza y otros males causados por supuestos fallos de la economía
capitalista. La verdad es que son causados por el primer género de
programas antisociales: los que embisten contra las empresas y los
mercados. Son dirigidos contra la economía en primer lugar, pero de paso
deterioran y minan a las familias constituidas -socavando sus estructuras
naturales-; e indirectamente también hieren de muerte la capacidad de la
gente para informarse y pensar. El segundo género de programas
antisociales, las ayudas del “Welfare Sate”, rematan a la familia como
institución. Gilder
muestra que los programas estatales “de bienestar social” no son
resultado o consecuencia sino una causa de la llamada paternidad
irresponsable, en realidad los hijos ilegítimos de ambos padres y no sólo
del varón. De “Suicidio Sexual” y de otra obra suya (“Riqueza y
pobreza”, de 1981), podemos aprender lo siguiente: 1)
El Estado empieza por destruir la moneda mediante la inflación; y así
acaba con el poder adquisitivo del dinero. En un matrimonio así
empobrecido, es necesario laborar jornadas muy extensas y agotadoras,
incluso mujer y marido; y eso apenas para sobrevivir. Un ingreso
individual ya no alcanza para sostener a una familia porque el Estado
impone tributos y pesadas cargas reglamentarias. El tiempo tampoco
alcanza, de modo que se sacrifica el de la pareja, los hijos y la familia,
que así se va erosionando y destruyendo. 2)
Y la gente debe sacrificar su tiempo para investigar e informarse, con
buen discernimiento de las fuentes, y para la reflexión -como individuos
racionales-, en asuntos privados, públicos, y también generales acerca
de la realidad, Dios, el hombre y la sociedad. De todos modos, aún con
tiempo para pensar, ya no están los instrumentos idóneos para hacerlo
bien: las categorías ontológicas para captar la realidad han sido
sacrificadas por la destrucción de la Filosofía realista, como sus
vestigios en el lenguaje ordinario, las categorías gramaticales. Toda
esta problemática nos sorprende faltos de herramientas; y ni nos damos
cuenta, víctimas de 1001 errores y verdades a medias, informaciones
parciales o falseadas, confusiones, engaños y mentiras descaradas. Aparte
la inflación, el Estado sigue destruyendo empresas y empleos con sus
otras políticas antimercado y antieconómicas, dejando en la calle muchos
asalariados, principalmente varones. 3)
Con sus medidas “sociales”, el Estado anuncia a las mujeres (y a los
hombres) que está dispuesto a hacer el papel de marido y padre,
reemplazando al varón en su rol de proveedor principal para la familia.
Muchas esposas y madres se tientan a aceptar el cambio, cansadas de
esposos poco civilizados y/o desempleados, y ayudadas por el divorcio fácil,
instantáneo, barato y de hecho unilateral; o bien por la ausencia de lazo
marital que romper, en las uniones ilegítimas. El papel de suministrador
es asumido por el funcionario (o funcionaria) de Bienestar Social. Para el
inseguro varón, esta sustitución tiene un efecto psicológico
desvastador; y sobre la familia, destructivo. 4)
Así es como muchos esposos y padres se tientan a in-civilizarse
regresando con sus compañeros a los equivalentes modernos de las viejas
partidas de caza: competencias deportivas (no activa sino vicariamente, en
el estadio o en la TV, tipo “voyeurista”); hurto o robo en pandillas o
“gangas”; juegos y apuestas; dependencia del alcohol o drogas;
dependencia de los programas de la asistencia social; sexo ocasional y
empleos ocasionales (y viviendas o albergues ocasionales, incluso
“comedores populares”); política “revolucionaria” y militarización
e indoctrinamiento patriótico y político-militar en los países
totalitarios ... y largo etcetera. Coeducación, facilismo pedagógico y “diplomanía” “Suicidio
sexual” y “Riqueza y pobreza” tratan los desastres en la docencia: 1)
La coeducación de ambos sexos impuesta por el Estado, es responsable de
buena parte del fracaso escolar y del muy pobre rendimiento académico.
Sobre todo de los varones, sexualmente mucho menos seguros y ordenados. Se
reúne en un mismo salón a chicas y chicos en plena efervescencia
hormonal, y se pretende que concentren sus mentes en fórmulas químicas,
físicas o geométricas, fechas históricas, verbos irregulares y nombres
de ciudades, montañas y lagos. La escasa atención lleva al fracaso. Pero
en este como en muchos otros de sus estrepitosos fallos, el Estado se
niega a reconocerlo y admitirlo, y a permitir el remedio: la desestatización
educativa, y la vuelta a la educación segregada, al menos para quienes la
escojan. 2)
Los diabólicos Ministros de Educación inventan e imponen entonces unas fórmulas
de enseñanza y aprendizaje cada vez más relajadas y degradadas. Es el
escape al facilismo, para educando y educador: preelaborados tests de
escogencia múltiple, trabajos en equipo, “investigación” copiada a
la ligera (ahora de Internet), tumultuosas y opináticas “clases
participativas” en lugar de lecciones del profesor, “sensibilización”
... y muchos otros etceteras aquí. Resultados: bachilleres cada vez más
deficientes en información y en capacidades, en habilidades y destrezas
intelectivas, en conocimientos teóricos y prácticos. Embrutecimiento
progresivo y masivo. 3)
Y el Estado trata
de disfrazar piadosamente su fracaso como educador
tras la “diplomanía”
(credencialismo según otros autores): imparte más “educación”, e
impone la exigencia de cada vez más títulos y certificados de
“estudios” a todo el mundo. Le exige Bachillerato o Licencia de Técnico
Superior hasta a quien va a ser cobrador (o cobradora) del peaje en la
autopista ... Claro, si sabemos que educación equivale a indoctrinamiento
compulsivo, y diplomanía a nichos monopólicos garantidos para los
indoctrinados, comprendemos las razones de la sinrazón. Finalmente el colectivismo destruye la sexualidad Sexualidad
no es sólo cópula y cosas parecidas o sustitutas. Esa es una visión
reducida, estrecha y masculina; o por mejor decir: machista. Sexualidad
también es gestación, parto y lactancia. Pero en su loco afán por
acabar con la individualidad e identidad personal, el colectivismo
destruye la familia y también la sexualidad. Que es sagrada precisamente
por ligarse indisolublemente a la personalidad de cada ser humano único e
irrepetible, mujer u hombre. Este
cambio revolucionario, el más subversivo, dramático y temible -y
perverso- en la Constitución Sexual, nos afecta a todos. Porque, ¿cómo
nacemos las personas? De madre y padre que normalmente nos dan identidad.
¿Y si no naciéramos así ...? Pues en 1973 Gilder observa ciertas
tendencias muy inquietantes y perturbadoras, ya anticipados por el
novelista inglés Aldous Huxley cuatro décadas antes -1932- en “A Brave
New World” (en español “Un mundo feliz”). Es esta una novela de
anticipación o ciencia-ficción que trata de una “civilización bárbara”.
La paradojal expresión significa salvajismo tecnificado: niñas y niños
son fabricados en masa por los funcionarios gubernamentales desde los
embriones. Así predeterminan biológicamente las distintas capacidades
humanas para las diversas castas sociales: superiores, medias, e
inferiores o sub-inteligentes (puro músculo, carne y sensibilidad). Vale
la pena releer hoy esa novela: los textos proféticos deben revisarse con
el tiempo para ser juzgados en sus pronósticos ... En 1947 el también
británico C. S. Lewis publicó su célebre ensayo sobre el mismo tema:
“La abolición del hombre”. ¡Y después decimos que Dios no nos envía
más profetas! Tal vez, como siempre, no queremos escucharles porque no
nos agrada lo que nos dicen. Hoy
las tendencias previstas por Gilder ya van muy “adelantadas”:
fecundación de embriones humanos en tubos de ensayo, congelados y
conservados por millones, implicando la producción en masa de seres
humanos anónimos para ser sirvientes de propiedad estatal: gestación
fuera del vientre materno o extracorpórea (“ectogénesis”);
experimentación con células matrices (o “estaminales”); y clonación
de personas a partir de tejido humano. ¿Qué
se quiere lograr? ¿Cuál es el fin? Nada menos que romper las naturales
conexiones entre sexualidad, embarazo, parto, lactancia, crianza e
identidad personal. Es un ataque al humano poder procreativo, último y
terminal asalto sobre la individualidad, y por ende sobre la humanidad. Evolucionismo y otros puntos de la Agenda antiliberal Ese
crimen abominable se justifica en la doctrina evolucionista, una
especulación descabellada y anticientífica que se hace pasar por verdad
científica. No casualmente es uno de los dogmas promovidos activa y
oficialmente por el colectivismo y su brazo político, el estatismo. Que
también por vía autoritaria -y tampoco casualmente-, promueven los otros
tópicos del feminismo: precocidad y promiscuidad sexuales, aborto,
eutanasia y eugenesia, parejas homosexuales con hijos (que son hijos de la
ectogénesis) ... Y otros puntos de la misma agenda: --
Ciencia fraudulenta, para apoyar el ecologismo y el evolucionismo
militantes, y todo lo demás. --
Positivismo y conductismo en Humanidades -avales “científico-sociales”
de todos los experimentos de la planificación intervencionista y
dirigista-; --
Posmodernismo y otras corrientes nominalistas, anti-realistas e
irracionalistas en Filosofía; --
“Nueva Era” y otras variedades gnósticas y esotéricas en materia
religiosa, sincretizadas con la estatolatría o culto al dios-Estado. Porque
si el evolucionismo es válido, entonces humanidad y civilización
dependen del azar. Y así se legitiman todos los experimentos y
manipulaciones con las personas, en la supuesta búsqueda de “mutaciones
y mejoras evolutivas”, a cargo del Estado. ¿Por qué el Estado?
Simplemente porque tiene el poder, la fuerza. Si no hay verdades objetivas
-¡cuantimenos “absolutas”!- entonces no hay reglas ni justicia; sólo
poder, fuerza desnuda. Y si además la realidad es infinitamente moldeable
y plástica, pues no cabe sino que dejemos al poder que mande, sin límite
alguno. Y si Universo, materia, energía y naturaleza se hicieron a sí
mismas, entonces cabe adorarles ¡porque son dioses! ¡Y a la fuerza del
poder también! Otras
veces ha ocurrido: nazismo, comunismo. Sin embargo hay una diferencia,
pero para peor. En el pasado las ideas bárbaras, antihumanas y absurdas
se imponían a punta de pistola y campo de concentración. No obstante
hubo resistencia. Pero ¿qué resistencia puede haber cuando ideas de esa
clase son infiltradas en el cerebro y el corazón, y aceptadas mansa y un
poco inconcientemente por la inmensa mayoría ...? Puede resistirse a un
partido militarizado y armado; pero, ¿a una masa adocenada desde pequeña,
que sigue a sus jefes al matadero gustosamente y en manada, lavado y
vaciado el cerebro, y desactivada la voluntad ...? La libertad depende de la verdad Como
Ud., puede ver, querida amiga lectora, el estatismo no viene solo sino en
un “paquete” que se nos impone gradualmente. El primer paso son
las manipulaciones monetarias, cambiarias, financieras, y en general las
políticas, económicas y sociales, acompañadas de las constitucionales,
legislativas y judiciales que les dan fuerza legal. Después las
educativas e informativas, científicas, filosóficas, religiosas y
culturales, incluso reescribir la historia -destacada por George Orwell en
“1984”, que es de 1945-; estas cubren a las primeras para hacerlas
tragar. El
penúltimo paso es la manipulación sexual; el último y tal vez final es
la manipulación genética. Ud.
puede ver también que sólo el conocimiento de la verdad nos hará libres
como dice el Evangelio de Jesucristo (Juan 8:32) ... Pero ha de ser de
toda la verdad, entera, íntegra. Porque es indivisible: si develamos una
parte de la verdad y ocultamos el resto, estamos mintiendo; y no seremos
libres. La libertad es divisible: todos los días vemos que los Gobiernos
del mundo reconocen algunas libertades y avasallan las demás. Pero la
verdad en cambio no es divisible; y por eso en los defensores de la
libertad encontramos lamentables contradicciones: --
Comenzando por la Economía, uno encuentra mercadistas que no son
consecuentes liberales, como los discípulos de la Escuela de Chicago. --
Y vemos vigilantes guardianes de las libertades políticas, que sin
embargo no objetan Gobiernos cada vez más ilimitados en poderes, e
incluso los defienden, o al menos no resisten la liquidación de las
libertades económicas. Y viceversa: celosos libertarios económicos
coqueteando con el autoritarismo político; o con el anarquismo, su negación
sólo aparente, puesto que la Ley del más fuerte y poderoso es la que
realmente impera en la Jungla estatista. --
Defensores del capitalismo liberal que no objetan el asesinato de la
familia; y viceversa. --
Amigos de ambos, del capitalismo liberal y de la familia, pero también de
las filosofías que sostienen y alimentan a sus adversarios: relativismo,
escepticismo cognitivo, idealismo o materialismo, romanticismo o
pragmatismo. Y viceversa: realistas aristotélicos y hasta tomistas
ortodoxos en Filosofía, pero abrazados a conceptos dirigistas como el
“justo precio” oficial, propios de las condiciones de sitio e
incomunicación impuestas en Europa por las invasiones de la Edad oscura
-primeros siglos medievales- que hacían la competencia imposible; y que
hoy el estatismo intenta reproducir artificialmente para legitimar su
intervencionismo. --
Creyentes religiosos y ateos con curiosos puntos en común, falsos además:
que fe no congenia con razón y ciencia, ni Biblia tiene que ver con política.
Estas coincidencias se observan en el campo de los enemigos de la
libertad; pero también entre sus sedicentes amigos. Freud tenía en parte mucho de razón El
Dr. Sigmund Freud sostenía que el precio de la civilización -si hablamos
de una sociedad de veras civilizada- es la represión sexual; y esa es una
grande y redonda verdad. La pregunta es si valió la pena pagarlo o no. Un
error es ignorar que el precio -al menos en buena parte- no es para toda
la humanidad sino sólo para su mitad masculina. Freud lo sabía. Pero
otro error es considerar la represión sexual como algo malo en sí mismo
y causa de muchos y terribles traumas, como creen muchos devotos
freudianos que exorcizan esos tales supuestos demonios conforme a los
sacramentos de la religión psicoanalítica. Muchas
personas, de uno y otro sexo -¿o debo decir “género”?-, creemos que
el resultado -la susodicha civilización- valió la pena el precio. Y vale
la pena conservarla. Las
personas bien informadas, sabemos además algunas verdades objetivas
acerca de realidades como las siguientes: --
mujeres y hombres somos completa y absolutamente iguales en dignidad y
derechos. Pero no iguales en naturaleza, habilidades, capacidades y
potencialidades. En otras palabras: “iguales” no equivale a idénticos,
fungibles e intercambiables. ¡Gracias a Dios! --
los grandes logros de la civilización humana -comenzando por el
capitalismo, el principalísimo- los debemos a la mujer, directa o
indirectamente; --
sin duda hay un sexo fuerte, y es el femenino. El sexo débil es el otro. --
Y ser realista significa ser lo suficientemente humilde para aceptar la
realidad. Y
sabemos también que el socialismo, estandarte político del machismo,
pone a la civilización en peligro, por
la resistencia del sexo débil (ya sabemos cuál) a someterse al fuerte
(también sabemos cuál), con la complicidad de las mal informadas
feministas, ignorantes de ser el sexo fuerte. Y de que el feminismo es
machismo disfrazado, y el machismo es masculinidad incivilizada. Los 10 Mandamientos, base moral del capitalismo, y último fundamento de la civilización Según
Gilder, el mundo civilizado depende del matrimonio; y en consecuencia, del
éxito de la sociedad en la represión sexual. Y Gilder no es lo que dirían
un “mojigato religioso” o un “retrógrado reaccionario”: su libro
sigue un enfoque racionalista y naturalista, a ratos incluso
evolucionista. Al igual que otro más antiguo -de 1966-, del alemán
Helmut Schoeck, otro antropólogo profético: en “La envidia” estudia
ampliamente ese otro tema. Su conclusión es que el mundo civilizado
depende de la propiedad privada; y en consecuencia, del éxito de la
sociedad en la represión del sentimiento de la envidia, padre del
colectivismo. Las
conclusiones de uno y otro son muy conciliables, pues ambos factores son
vitales: matrimonio monógamo estable y propiedad privada. Se concilian en
los 10 Mandamientos de la Ley bíblica. Aluden a los dos instituciones, y
a la envidia de una vez. Porque para ambas, la proscripción de la envidia
es una primera línea de defensa: --
A la defensa del matrimonio y a la represión sexual, se alude claramente
donde se dice (principalmente al hombre-varón): “No fornicar”; y
“No envidiar la mujer de tu prójimo.” --
Y a la defensa de la propiedad privada y otra vez a la represión de la
envidia, se alude otra vez claramente donde se dice (al varón y a la
mujer por igual): “No robar”; y “No envidiar el campo, la casa, el
siervo o el buey de tu prójimo, o cosa alguna que le pertenezca.” Está
escrito en Exodo 20 y Deuteronomio 5. No es cosa que digan Gilder o
Schoeck; lo crea Ud. o no, amiga, es Palabra de Dios. No es de ello que
podemos deducir su enorme sabiduría; como sugiere Deuteronomio 4, es
precisamente a la inversa: de la incomparable sapiencia y justeza de sus
sentencias, normas y consejos -entre ellos, el mandamiento político:
Gobierno limitado-, y de la certidumbre de sus predicciones, es que
podemos deducir su origen divino. Su exactitud perfecta es contundente
prueba de la misma realidad de Dios.
(*)
Académico asociado del Instituto de Libre Empresa. Reside en Venezuela. |
|
OFICINA DE ILE |
|
INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE) Free Enterprise Institute Lima,
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