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CIUDADANOS ARMADOS SIGNIFICAN UNA CIUDAD SEGURA* POR JOHN LOTT** |
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Traducido
por Jorge
Valín Es una de
las ventajas de ser político. Mientras que las armas están prohibidas
para los ciudadanos de Washington, D.C., los congresistas pueden llevar
armas para defenderse dentro del Capitolio. Dos conocidos izquierdista,
los senadores Chuck Schumer y Ted Kennedy tienen guardaespaldas armados.
Las mujeres de los políticos, como la mujer del senador Tom Daschle,
Linda, también tienen guardaespaldas. Indudablemente, esos políticos y
sus familias tienen muy buenas razones para protegerse, pero otros
americanos, especialmente esos que viven en lugares como Washington, con
altos niveles de delincuencia, también quieren la misma seguridad que los
políticos. Gracias a
Dios, la Cámara de los Representantes ha revocado finalmente la prohibición
a las armas en Washington, D.C. Mientras que
esos políticos tienen protección en sus casas y ahí donde vayan, desde
el 24 de septiembre de 1.976, el resto de ciudadanos de Washington, D.C.
han tenido que vivir con la más restrictiva ley de armas de los Estados
Unidos. La policía hizo cumplir la prohibición a las armas, y las leyes
obligaban a que las armas largas estuviesen desmontadas, descargadas y
bloqueadas. Así pues, con una tasa de asesinatos del 46 por 100.000 en
2002, el Distrito (de Washington) no le costó ganarse el título de la
capital del asesinato de entre las ciudades con más de 500.000
habitantes. Pero antes de la prohibición, esto no había sido así. El crimen
empezó a crecer significativamente después de la prohibición. En los
cinco años anteriores a que entrara en vigor la ley anti armas, en 1.976,
la tasa de asesinatos cayó de un 37 a un 27 por 100.000. En los cinco años
posteriores a la prohibición, la tasa creció hasta el 35 por 100.000.
Durante este mismo periodo de tiempo los atracos bajaron de 1.514 a 1.003
por 100.000 habitantes, y después subieron más de un 63% hasta llegar a
1.635 atracos por cada 100.0000 habitantes. La tendencia de los cinco años
posteriores a la prohibición no es una algo puntual. De hecho, mientras
que la tasa de asesinatos ha variado en el tiempo durante estos 30 años,
sólo en una ocasión la tasa de asesinatos se ha situado por debajo de
1976 (cuando empezó la prohibición). Estos
descensos de criminalidad anteriores a la ley, y posteriores aumentos
aprobada la ley, fueron mucho más grande que en sus estados vecinos de
Maryland y Virginia. Por ejemplo, la tasa de asesinatos cayó durante
estos cinco años anteriores a la ley 3,5 veces más que en sus estados
vecinos; y cuando se aprobó la ley subió 3,8 veces más. El proyecto
de ley pretendía “restaurar los derechos de auto defensa en el
hogar”. Cuando la prohibición se aprobó los criminales tuvieron menos
preocupaciones, ahora los ciudadanos estaban desarmados. Esto provocó que
los robos aumentaran en un 56% en cinco años. Mantener sin munición,
descargadas y bloqueadas las armas largas es como no tener armas, y por lo
tanto, no sirven para defenderse. El tiempo medio de respuesta de la policía
en la región era de 8 minutos y 25 segundos, uno no siempre tenía la
suerte de poder esperar la llegada de la policía. Seguramente
no se pueda culpar a la prohibición de todos los males que ocurrieron en
la región, y es que el departamento de policía tuvo muchísimos
problemas para cumplir sus mínimos así como problemas de gestión y
conflictos de tipo moral por sus actuaciones. Pero incluso
ciudades con mejores departamentos de policía también tuvieron altas
cotas de criminalidad después de la prohibición. En Chicago la prohibición
empezó en el año 1982. Tenía un sistema informático que era la envidia
del país, las instalaciones policiales más modernas y una de las redes
de coordinación más efectivas. Realmente la ciudad consiguió una
impresionante reducción del crimen en los primeros años, pero la
prohibición a las armas no funcionó a la hora de reducir la violencia. La tasa de
criminalidad en la ciudad de Chicago bajó del 27 al 22 por 100.000 en los
cinco años anteriores a la prohibición, y después de ésta, subió por
encima del 23. El cambio es más dramático cuando lo comparamos con los
cinco vecinos del condado de Illinois: la tasa de asesinatos pasó de ser
de 8,1 veces más alta que sus vecinos en 1977 a 5,5 veces en 1982; y
luego subió hasta ser 12 veces más alta en 1987. Mientras que los datos
de robos no están disponibles para los años inmediatamente posteriores a
la prohibición, desde 1985 (primer año en el que el FBI empezó dar
datos) la tasa de robo se disparó. La ironía
respecto al debate sobre las armas es que los líderes nacionales del
partido Demócrata, al menos en público, dicen que los americanos tienen
el derecho a poseer armas para la autodefensa. Por ejemplo, John Kerry
dijo que: “creo que la constitución, nuestras leyes y nuestras
costumbres protegen el derecho de los ciudadanos a poseer armas”. El
senador John Edwards dijo: “creo que la segunda enmienda protege el
derecho de los americanos a poseer armas para fines como cazar y la
autodefensa…” El senador Tom Daschle, también afirmó su soporte a la
segunda enmienda en anuncios radiofónicos en su ajustada campaña en el
sur de Dakota. El apoyo de éstos políticos al derecho individual de
llevar armas para la autodefensa no encaja para nada con las amenazas
obstruccionistas al proyecto de ley para acabar con la prohibición cuando
llegó al senado. Los defensores de la prohibición
dicen que la ley falló porque muchas armas permanecieron en el Distrito y
en las áreas vecinas de Chicago, pero es que no trajo siquiera la más
pequeña reducción del crimen. Todos queremos sacar las armas a los
criminales. El problema es que prohibir las armas sólo desarma a los
ciudadanos que son respetuosos con la ley mientras que deja libres a los
criminales para que saquen a la gente todo lo que quieran. * Este artículo fue publicado originalmente en con el nombre Armed Citizens Mean a Safer City en el LewRockwell.com. **
JOHN R. LOTT, JR. es
economista y profesor del American
Enterprise Institute versado en el estudio sobre la
criminalidad, políticas antitrust, educación, control de armas y
financiación de campañas políticas entre otros. Puede consultar la mayoría
de sus artículos en su Web personal y en su Blog.
Sus principales libros son The
Bias against Guns y More
Guns, Less Crime. |
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