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EL CONSUMIDOR ES EL REY DEL MERCADO.- POR JOSÉ LUIS TAPIA ROCHA |
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En el mercado libre, el consumidor es el rey. Los empresarios compiten para servir al consumidor. El consumidor es su razón de ser. Por tanto, el empresario debe tratar como tal y servirle para ser servido con su compra. El consumidor es el que tiene más poder que el empresario. ¿Cómo es esto? El empresario depende de las compras del consumidor por que sin su compra no podría existir su negocio. No puede haber empresario si no hay consumidor que le compre. Pero si pueden haber consumidores sin empresarios. Todo es cuestión de quien es más perspicaz para descubrir esta demanda insatisfecha.
El supuesto poderío financiero de las empresas es más frágil de lo que parece, solamente bastaría que los consumidores dejen de comprar un día a las grandes corporaciones para observar como éstas se tambalean financieramente. Un día que los consumidores acuerden no comprarle a Saga Falabella o Ripley sus flujos de caja para ese día entrarán en rojo y le ocasionarían un día menos de ingresos que repercutiría en sus futuras restituciones de stock, inversiones, pago de deudas y costos operativos de luz, agua, teléfonos y alquileres. Asimismo, supongamos que los consumidores (ahorristas) de los bancos quieren retirar su dinero, ¿con qué prestarían los bancos a las empresas? El poder del consumidor seria más perceptible si los futuros ahorristas se negaran a depositar en los bancos. Podría desatar un pánico a todo el sistema bancario puesto que el dinero es un medio de intercambio muy sensible para el público. He ahí la importancia del consumidor. Los consumidores no invierten en sí mismos para servir mejor al empresario. Son las empresas las que innovan continuamente, invierten dinero en personal, en maquinaria, y en consultoría para mejorar su producción con el propósito de servir al consumidor. La empresa exitosa será la que coincida con las preferencias de los consumidores y no al revés. La competencia exige a los empresarios a ser diligentes con los consumidores, pues de otra manera su competidor será el nuevo sirviente en pos del consumidor, aunque es cierto que toda esa adulación es por el objetivo de conseguir de manera respetuosa el dinero del consumidor. Por otro lado, la viabilidad o no de las empresas en un régimen de libertad dependen enteramente de los consumidores. Los empresarios que dicen que el gobierno debe apoyar a las empresas en problemas, sencillamente están diciendo que no les interesa el veredicto de los consumidores, por lo que su viabilidad económica depende del gobierno. Estos falsos empresarios –políticos en realidad- son los que dañan el mercado y violan la voluntad de los consumidores. Es muy conocido la poco autoestima que tienen estos empresarios en nuestro medio. Demandan libertad de entrada al mercado y apoyan el libre mercado, pero una vez que están en la cancha le entran el miedo a perder su negocio por la exigencia de la competencia. Piden al gobierno incentivos tributarios, exoneraciones, facilidades crediticias y tasas bajas de interés. Una vez que los reyes del mercado le solicitan a los falsos empresarios mejoras en sus productos estos se resisten hacerlo y acuden al gobierno para concertar soluciones a sus problemas. Pero la verdad es que su permanencia en el mercado con esta actitud arrogante desperdicia recursos que por definición son escasos. Además destruyen la oportunidad de que otros empresarios más perspicaces y audaces puedan ofrecer productos a los consumidores al menor costo posible. El enfoque aquí expuesto privilegia al consumidor sobre el empresario. No es que el empresario sea menos que el consumidor, sino que la economía de mercado explicada apropiadamente por la Escuela Austriaca de Economía, distingue quien es el que premia o castiga con su compra, quien asigna o no recursos y quien se siente o no atendido en el mercado. Una vez que el empresario aprende a servir al rey del mercado muy pronto verá acrecentado su éxito y fortuna. |