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LOS CRISTIANOS Y LA AUTODEFENSA EN CONTRA DE LOS CRIMINALES --INCLUYENDO EL ESTADO POR JOHN COBIN |
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Mayo 11, 2005 Parte
I ¿Tienen los Cristianos el derecho a la autodefensa? Si es así, ¿bajo qué circunstancias pueden defenderse? ¿Pueden defenderse sólo de los criminales o también de las autoridades civiles? ¿Hay algunos casos en los cuales los Cristianos no deben defenderse? Estas son preguntas difíciles que requieren respuestas más que viscerales o indolentes. De hecho, hay mucho que depende de la doctrina de la autodefensa. Por ejemplo, si la autodefensa en contra de otros seres humanos no estuviese justificada bajo ninguna circunstancia, entonces las mujeres con embarazos ectópicos hubiesen tenido que perecer con sus hijos aún no nacidos (debido a una hemorragia causada por la ruptura de una trompa de Falopio), los criminales tendrían libre acceso a los recursos que los creyentes hayan “almacenado” (Proverbios 13:22; Eclesiastés 11:1; Mateo 25:16-21), y la revolución siempre sería algo equivocado. Si la autodefensa es algo erróneo entonces todos debiésemos ser anarquistas. No quiero significar aquí “anarquía” en el sentido de caos, sino más bien en su sentido científico de una civilización sin ningún gobierno civil central y organizado. El diccionario define anarquía como: “La ausencia de cualquier forma de autoridad política.” En última instancia, la razón fundamental por la cual existe el gobierno reside en la convicción de que la autodefensa es algo correcto. Los pacifistas puros no necesitan, ni quieren, un gobierno. Son anarquistas apolíticos, y así debiesen serlo de manera lógica. ¿Entonces, por qué no son anarquistas los Cristianos? Sólo si la Biblia respalda la doctrina de la autodefensa estaría justificado el principio por el cual los Cristianos usan el gobierno limitado con el propósito de crear una defensa común. En la misma línea podemos preguntar: “¿Por qué tienen los Americanos (o incluso desean) una autoridad política?” De acuerdo a la doctrina de Jefferson en la Declaración de Independencia, “Se establecen gobiernos entre los hombres” para asegurar nuestros derechos a la vida, la libertad y la propiedad. La Constitución también establece el papel del gobierno civil: “para formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, asegurar la Tranquilidad doméstica, proveer para la defensa común, promover el Bienestar general y garantizar las Bendiciones de la Libertad para nosotros mismos y nuestra posteridad.” El tercer artículo de los (tristemente) olvidados Artículos de la Confederación declara: “Por la presente, los antedichos Estados entran respectivamente en una firme liga de amistad los unos con los otros, para su defensa común, la seguridad de sus libertades, y su bienestar mutuo y general, uniéndose y obligándose a ayudarse unos a otros, en contra de toda fuerza que se les presente, o contra ataques que se les hagan, o cualquiera de estas cosas, debido a religión, soberanía, comercio o cualquier otra pretensión – cualquiera que esta sea.” En otras palabras, en el caso más fundamental, los Fundadores deseaban un gobierno (pero no un estado) con el objetivo que les protegiera de los depredadores. Políticamente hablando, los Americanos pactaron para una “defensa común” debido a que algunos niveles de autodefensa no son prácticos. El gobierno civil se convierte en una extensión de nuestro derecho a la autodefensa y de nuestro deseo a la auto-preservación. Sin embargo, a pesar de lo que la filosofía política Americana pueda haber sido, ¿debiesen adoptarla hoy aquellos que se adhieren al Cristianismo bíblico? Muchos pasajes del Nuevo Testamento se pueden usar para respaldar la doctrina de la autodefensa para un Cristiano. Primero, Juan el Bautista no condenó a los soldados por hacer su trabajo, parte del cual incluía matar personas, sino que sólo les advirtió en contra del abuso de su oficio. “También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario” (Lucas 3:14). Segundo, Cristo orientó a que los Cristianos tomaran armas que fuesen útiles en la autodefensa: “Y les dijo: Pues ahora, el que tiene bolsa, tómela, y también la alforja; y el que no tiene espada, venda su capa y compre una” (Lucas 22:36).
Tercero, el Apóstol Pablo da a entender que los hombres Cristianos debiesen defender sus familias como parte de su provisión: “porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo” (1 Timoteo 5:8). Finalmente, aunque no podemos generar ningún argumento conclusivo a partir del silencio, es notable – tomando en consideración los pasajes precedentes – que Cristo no condenó la planificación prudente para (y el uso de) la guerra como una de las funciones propias de un rey sabio (Lucas 14:31). Además, hay una buena cantidad de ejemplos en el Antiguo Testamento de Dios aprobando la guerra y los hombres yendo a la batalla. Y Dios no cambia, aún si lo hace la administración de Su reino. Está claro que hay un sentido en el cual los Cristianos han de poner la otra mejilla (Mateo 5:39), sufrir y exhibir así la gloria de Dios en lugar de defenderse. Hay un momento en el cual debemos sufrir y morir (Mateo 5:11; Filipenses 1:29; 2 Timoteo 2:3). Sin embargo, el Nuevo Testamento no indica que los Cristianos hayan sido llamados a ser las alfombras de entrada del mundo. De modo que, en la administración actual del reino de Dios, parece haber espacio para que los Cristianos busquen la libertad y a veces se defiendan en contra de la tiranía. A fin de cuentas, los Cristianos pueden traer gloria a Dios ya sea sufriendo o promoviendo la libertad. Parte
II En su famosa obra El Costo del Discipulado, Dietrich Bonhoeffer recomendó al sufrimiento Cristiano bajo la tiranía y la opresión como un medio para demostrar la fe y el compromiso Cristiano. “Sería igualmente erróneo suponer que San Pablo imagine que el cumplimiento de nuestro llamado secular sea, en sí mismo, el proceso de vivir la vida Cristiana. No, su significado real es que renunciar a la rebelión y a la revolución es la manera más apropiada de expresar nuestra convicción de que la esperanza Cristiana no está puesta en este mundo, sino en Cristo y su reino. Y así - ¡que el esclavo siga siendo esclavo! Lo que el mundo necesita no es una reforma, pues ya está maduro para la destrucción. Y así - ¡que el esclavo siga siendo esclavo! [Cristo también tomó la forma de un esclavo (Filipenses 2:7)]… El Cristiano no ha de ser llevado ante los portadores del oficio más alto: su llamado es permanecer debajo” (1995, Touchstone, p. 260). ¿Está Bonhoeffer en lo correcto? ¿Debiesen los Cristianos Americanos no aspirar al “oficio más alto”? ¿Debiesen estar contentos con su “esclavitud” impuesta sobre ellos por parte de un estado tiránico que confisca más de la mitad de sus ingresos en impuestos, que proactivamente regula su conducta como lo haría un gran hermano, y que mantiene una amenaza en contra de sus hogares por la falta de pago a los impuestos a la propiedad? Si la autodefensa de los Cristianos es bíblica, ¿Por qué ni Cristo ni los Apóstoles se defendieron del estado Romano? Bueno, Cristo tenía que morir por causa de Su iglesia. Dijo que podía haber tenido “más de doce legiones de ángeles” (Mateo 26:33) para defenderle, pero decidió no defenderse a causa del amor por Su pueblo. (Note también que Él nunca dijo que defenderse hubiese sido erróneo.) Al principio de Su ministerio terrenal, Cristo evitó divinamente a Sus perseguidores puesto que “Su hora aún no había llegado” (Juan 7:30) y advirtió a los Cristianos a que “huyeran” de las persecuciones venideras y de la destrucción de Jerusalén (Mateo 10:23; 24:16; Lucas 21:21). Huir es una forma de autopreservación, que es un sub-apartado de la auto-defensa. De igual manera, Pablo se defendió en la corte (Hechos 22:1 [de los Judíos]; 26:1ff [Festo] y Pablo llegó tan lejos como a esperar que Alejandro el Calderero fuese temporalmente castigado por Dios (2 Timoteo 4:14), quizás para impulsar su autopreservación. Pablo también instruye a aquellos que son esclavos que debiesen aprovechar la oportunidad de hacerse libres si así pueden hacerlo: “¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te dé cuidado; pero también, si puedes hacerte libre, procúralo más” (1 Corintios 7:21). Por lo tanto, creo que Bonhoeffer, aunque bien intencionado, estaba equivocado. Los Cristianos debiesen tratar de ser libres de la esclavitud y la tiranía siempre que fuese posible. Si Dios abre la puerta, la libertad les permitiría traer mayor gloria a Dios en sus vidas de la que vendría de demostrar su piedad y servicio mientras viven bajo la opresión. Pudiese ser que los Apóstoles y los primeros discípulos vieron conveniente el no tomar las armas. Solo porque un Cristiano tiene el derecho a defenderse no quiere decir que siempre debiese hacerlo. Los primeros Cristianos tenían poca esperanza de llegar a dominar a los brutales Romanos. Comprendamos cuando es apropiado que los Cristianos resistan por la fuerza a los tiranos y predadores – incluso con fuerza mortífera. Considere: (1) un airado hermano Cristiano atacándole con un cuchillo; (2) un asaltante armado u otro predador entra a su hogar en mitad de la noche; (3) la organización local de la mafia que quiere obligarle a hacer contribuciones mensuales; (4) un criminal en público (e.g., mientras pasa a la par de un pequeño grupo de matones, que son una pandilla, tratan de violar a una mujer fuera de un bar, luego vuelven su atención hacia ti de una manera amenazante); (5) el ejército invasor de otra nación; (6) el ejército invasor de una nación del que tu pueblo recientemente declaró su independencia (pero se rehúsan a reconocer vuestra independencia de ellos, e.g., Inglaterra en 1776); y (7) su propio estado que está extorsionando “legalmente” a la gente para que pague dinero y que se ha convertido en un predador en otras maneras – quizá incluso violando la ley de Dios. En mi opinión los Cristianos pueden resistir de manera apropiada en cualquiera de los casos anteriores. La lógica es indisputable. El hecho que el predador en el caso # 7 haya sido elegido por el pueblo no hace ninguna diferencia. Tampoco hace ninguna diferencia que el gobierno representativo esté produciendo tiranía. No debiésemos condonar el aborto o la esclavitud sólo porque los líderes estatales elegidos lo sancionen. Si los líderes del estado se comportan como criminales entonces se exponen a ser muertos justamente por aquellos que eligieron defenderse a sí mismos. Los Fundadores estuvieron de acuerdo con esta premisa y aprobaron así la Segunda Enmienda para asegurar que los ciudadanos pudiesen defenderse del estado. Matar matones, repeler a los criminales y resistir a los tiranos (y a los estados) son actividades potencialmente apropiadas para un Cristiano – dependiendo de las circunstancias. Sí, la “Revolución” Americana fue justa. Hoy, tristemente, muchos Cristianos tienen un lío en el pensamiento y han abandonado los ideales de los Fundadores y las premisas del Nuevo Testamento. Respaldan, equivocadamente, al estado predador y proactivo. En lugar de eso, los Cristianos debiesen trabajar en contra de su enemigo el estado y sus políticas proactivas. Aunque muchos Cristianos piensan que la autodefensa en contra del estado es siempre una distracción poco grata de su misión primordial, hay veces cuando los propósitos de los Cristianos en el mundo pueden ser atendidos a través de la autodefensa. Por lo tanto, afirmo que los Cristianos debiesen defenderse del estado, justo como debiesen hacerlo contra cualquier otro criminal u organización delictiva. Al mismo tiempo los Cristianos pueden y debiesen respaldar un gobierno limitado, establecido para protegerles de los predadores y así beneficiar indirectamente a la iglesia y su misión primordial.
Traducción de Donald Herrera Terán. http://www.contra-mundum.org/ 28 de Mayo, 2005 |
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