CUBA (I): 8 SOLUCIONES FRACASADAS  POR ALBERTO MANSUETI

“Aprendamos de Cuba”, reza el slogan chavista. Estoy de acuerdo: mucho tenemos que aprender de una oposición inoperante.

 

Razón tiene mi amigo Álvaro Vargas Llosa: los latinoamericanos somos unos perfectos idiotas. Tenemos ya una Segunda Cuba -Venezuela-; y no aprendemos. Antes, algunos creían que Cuba estaba sometida a la URSS. Pero la URSS ya no existe, ¡y Cuba sigue sometida!

 

Ahora, muchos no ven en el Comandante Chávez al sucesor del Emperador Castro ... comenzando por la inepta oposición venezolana. Pero lo es. “Ceguera voluntaria” llamó a esto el francés Jean-Francois Revel; y lo es. También es “ceguera ideológica”: la venda en los ojos es selectiva; nos muestra erróneamente el capitalismo como causa de nuestros males, aunque no lo hay entre nosotros, y al estatismo como remedio, pese a que nos agobia. Lo que no vemos es la realidad: el estatismo, raíz del mal. Y el capitalismo, único remedio disponible, que nos negamos a adoptar, y nos empeñamos en desconocer.

 

El antichavismo venezolano se parece al anticastrismo cubano en que se niega a definirse por el capitalismo liberal. Y en que hasta ahora ha sido absolutamente ineficaz.

 

 

Cualquier cosa menos capitalismo liberal

 

El caso de la censura de prensa es un ejemplo ilustrativo. El antichavismo acepta complaciente que los propietarios de radios y televisoras no lo son de verdad, sino meros concesionarios de licencias del Estado. Los patéticos “dueños” de los medios también aceptan que su propiedad no es plena. ¿Qué argumentos válidos pueden entonces oponer a las censuras y restricciones? (Igual es con los dueños de tierras que aceptan la “función social” de su propiedad: carecen de argumentos contra las confiscaciones.) Distinto sería cuestionar de frente el sistema de licencias y permisos en telecomunicaciones, y exigir al igual que en los medios escritos el reconocimiento por parte del Estado de la propiedad entera y sin acotaciones; y consiguiente libre apertura, para multiplicarse así las estaciones, y la variedad a elección de la audiencia. Pero eso implicaría oponer al chavismo socialista el “inmoral” capitalismo, y el antichavismo jamás tomará esta bandera, liderado como sigue por viejos caudillos y nuevos caudillitos, todos de la misma escuela y mentalidad.

 

El anticastrismo siempre ha sido y es igual; por eso sigue Castro mandando. La oposición cubana, en el exilio o en la isla, siempre le ha evitado al socialismo un desafío ideológico a fondo, proponiendo a la gente el capitalismo para salir de la miseria. ¡No, eso no! ¡Nunca! Prefiere luchar por las libertades “democráticas”, es decir, políticas, y por “los derechos humanos”, concebidos también en sentido político, o sea, estrecho. Con esa estrategia autoderrotante, Castro sigue en el poder desde hace más de 4 décadas. En Cuba y Venezuela, la oposición confía en ciertos remedios “mágicos”, y no convoca a un cambio de sistema.

 

¿Será que a los políticos les interesan solamente SUS libertades -políticas-, y no el sistema económico, y si permite o impide el bienestar de la gente? ¿Y será que los empresarios no son hijos del sistema de libre empresa sino del mercantilismo estatista, y como tales se comportan?

 

La historia es vieja. A comienzos de siglo -como en toda Latinoamérica-, el liberalismo económico tuvo defensores en Cuba. Tomás Estrada Palma, el primer Presidente, alternó sus dos períodos con sendas ocupaciones estadounidenses, cada una con su Gobernador militar “in charge”. Sin embargo hubo dos partidos, el Moderado y el Democrático, y al menos el primero de ellos, y los empresarios casi todos, se identificaban con el sistema de libre empresa e ideas liberales. Pero ya en las décadas siguientes, ya en tiempos de Gerardo Machado y Ramón Grau San Martín, la escena se fue haciendo cada vez menos variada y más uniforme en ideas políticas: puro “progreso social” (en la acepción de las izquierdas) y “todos contra el capitalismo”. Mercantilismo y colectivismo. Esto incluyó a partidos más o menos democráticos de entonces -el Auténtico, el Ortodoxo, etc.-, y también a ciertos famosos dictadores, como el Sargento Fulgencio Batista en los ‘50, apoyado casi hasta el final por los comunistas.

 

Aunque el capitalismo exista sólo en la imaginación, “Todos contra el capitalismo” ha sido y es la consigna generalizada en América latina, que sirve para todo propósito y viene bien, siempre, y más cuando los políticos requieren “unidad” para enfrentar una dictadura. O algo parecido.

 

 

Los 8 remedios fracasados

 

En ambos casos -Cuba y Venezuela-, ¿qué tal una lista de factores en los cuales la oposición ha confiado y sigue confiando para salir de los respectivos regímenes? ¿Qué tal evaluar su resultado uno a uno, en casi medio siglo de castrismo continuo?

 

1) El mundo externo, en primerísimo lugar. ¡Tienen una confianza en “la comunidad internacional” que es a prueba de toda evidencia!

 

Porque si la presión exterior fuese eficaz, Castro habría sido desalojado del poder hace años, cuando se suponía que en plena Guerra Fría era inadmisible para EEUU una amenaza comunista a escasas 90 millas de su propio territorio.

-- P. ej. cuando el embargo azucarero, decretado en 1960 por Einsenhower;

-- O cuando la expulsión de la OEA, concretada en 1962 por la Conferencia de Punta del Este (Uruguay), ya bajo la administración Kennedy.

-- O cada tanto que se tensan las cuerdas: Enmienda Torricelli, en 1992;

-- Ley Helms-Burton, en 1996.

 

Y desde entonces ¿cuántas condenas internacionales no ha recibido el régimen castrista ...?

 

Los embargo e interdicciones comerciales son represalias políticas, que contradicen de modo flagrante al libre comercio que EEUU dice representar; lo cual debilita enormemente su posición, y la torna indefendible. Además son medidas muy inefectivas -por los constantes desacatamientos y violaciones-, y sólo sirven a Castro como uno de sus múltiples pretextos para atornillarse en el poder. No obstante, cada vez que se le ofrece liberar comercio a cambio de pago en efectivo, Castro se niega; ¡allí se pone evidencia la realidad!: una economía pobre no produce divisas. Si mañana se levantasen las restricciones, Cuba no podría importar ni un dólar más. No obstante, el anticastrismo jamás ha aprovechado esta circunstancia para promover una discusión ideológica a fondo sobre sistemas, socialismo vs. capitalismo.

 

Y no se diga que a Castro lo salvó la URSS. Porque no hay URSS desde 1991; y antes de esa fecha, sus relaciones con Cuba no fueron idílicas.

-- Castro vaciló casi 3 años antes de decretar oficialmente el socialismo y declararse marxista-leninista -Mayo y Diciembre de 1961-, no tanto por eventual hostilidad de la población a esas ideas, sino porque en ese entonces aún estaba fresco el recuerdo del apoyo del Partido Comunista a la anterior dictadura batistiana.

-- En 1962, cuando la crisis de los cohetes, Fidel rompió con Kruschev por su “manifiesta debilidad”.

-- Y siguió coqueteando con China y Yugoslavia, ambas opuestas a la URSS; y mantuvo su firme apoyo a las guerrillas latinoamericanas, contra los soviéticos y su política de “coexistencia pacífica”.

-- Recién en 1972 Cuba ingresó al mercado común soviético CAME. Y desde entonces, miró a Moscú sólo cuando necesitó en extremo ayuda militar, y sobre todo económica.

-- Y desde 1985 Gorbachov redujo considerablemente el apoyo soviético, ante la resistencia de Castro a las reformas tipo “perestroika”.

-- En 1989 y 1990 hubo apremios del Kremlin para cobrar la deuda pendiente; y Castro aprovechó la oportunidad para otra de sus tantas purgas de elementos prosoviéticos en su Gobierno, partido, policía y Ejército, reemplazados por elementos más jóvenes y por tanto más fieles e incondicionales. ¡Quedó más firme y duro que antes!

 

Antes, con cada derrota soviética (p. ej. Afghanistán, 1989); y siempre, con cada elección presidencial en EEUU -o congresional-, renace la ingenua esperanza de un cambio ... Pero lo que aumentan son las restricciones al ingreso de los cubanos, sobre todo desde 1995. Y Fidel, cada vez con más amigos en Europa, en la ONU y en el mundo.

 

2) El recurso “estratégico”. El antichavismo cree que Venezuela es irreemplazable como suministrador petrolero. Pero si es verdadera la teoría del “proveedor seguro”, entonces tendremos a Chávez por muy pero muy largo tiempo ...

 

Y si no es verdadera, eso tampoco garantiza un futuro sin Chávez. Porque vea Ud.: en 1960, EEUU y Cuba eran respectivamente primer importador y primer exportador mundiales de azúcar de caña. ¡La interdependencia era grande amén de mutua!

-- Pero, después de 1962, EEUU aumentó su producción doméstica, y buscó y encontró otros proveedores: Dominicana, México, otros países centroamericanos y caribeños, Brasil, Filipinas, etc.

-- Y Castro buscó y encontró otros mercados: países socialistas y europeos, árabes, Japón y otros asiáticos, etc.

 

En EEUU nunca faltó azúcar, ni a Fidel tampoco le faltaron compradores para todas las toneladas que Cuba pudiera producir (o comprar) cada año. El comercio exterior es como el amor falso: nadie es insustituible.

 

3) Violencia. Si la fuerza fuese herramienta efectiva, Castro habría sido expulsado enseguida, cuando la invasión armada en Bahía de Cochinos, con apoyo de EEUU. Eso fue en Abril de 1961, después del fracaso de cientos de atentados terroristas contra edificios públicos, rutas y puentes, instalaciones eléctricas, industriales, militares, etc., y guerrillas anticastristas.

-- Posteriormente tampoco faltaron atentados y agresiones en el resto de los ’60 y en los ’70, incluyendo atentados contra la persona de Castro.

-- Desde los ’90 se repiten los atentados contra instalaciones turísticas para extranjeros.

 

Pero tal parece que la violencia no cumple su principal objetivo declarado, y sí ofrece a Fidel otro pretexto para reforzarse en la silla.

 

4) Miseria, hija de los fracasos económicos. Ingenuo hasta el candor, el antichavismo confía en una hipotética reacción popular contra Chávez, por los malos resultados de la economía. Igualito que los anticastristas. Pero de ser realista el supuesto, Fidel no debería estar en el poder.

 

-- En 1970 p. ej., el rotundo fracaso de la “zafra de los 10 millones” (de toneladas) se combinó con el colapso de la planificación industrial (heredada del Che), y el hambre fue atroz. Los fracasos y la miseria se repitieron muchas veces, especialmente desde mediados de los ’80, cuando los auxilios soviéticos mermaron.

-- El ajuste del ’87 fue de espanto: despidos masivos, alzas en los servicios, racionamientos.

-- Y el año ‘93 fue horroroso, cuando Castro tuvo que comprar azúcar en Thailandia para cumplir su contrato chino, y la desnutrición causó una “misteriosa” epidemia que dejó a sus víctimas ciegas y sin coordinación muscular.

 

No obstante Castro siguió ahí, reelecto puntualmente cada 5 años.

 

5) Luchas intraoficialistas. Confiar en una “implosión” del régimen cada vez que se sacude con una pelea intestina, es otra ingenuidad en la cual el antichavismo se parece al anticastrismo.

 

Porque enfrentamientos, luchas y constantes purgas, parecen fortalecer en lugar de debilitar a los regímenes totalitarios. Desde antiguo, Castro no deja adversario vivo, o libre, o sano. Conflicto interno no le falta; y allí sigue.

-- Castro hubiese caído p. ej. en 1968, cuando la feroz pugna con la “microfracción” -prosoviética, por cierto-, dirigida por Aníbal Escalante.

-- O en alguna de las tantas y reiteradas ocasiones posteriores en que mandó ejecutar o encarcelar a prestigiosos enemigos de sus propias filas. P. ej. en 1989, cuando el Gral. Arnaldo Ochoa y otros oficiales fueron fusilados, en medio de amplia información mundial e intensos rumores sobre profundas fisuras en las Fuerzas Armadas.

-- Y apenas 3 meses antes de lo de Ochoa, por cierto, hubo una visita-intimación francamente hostil del Premier Mikhail Gorbachov, en procura de un “ablandamiento”, apoyando a supuestos “moderados” en el seno del poder.

 

6) Libertad por pedacitos. Si reclamar jirones de libertad, uno a uno -libertad para esto, y para lo otro-, fuese eficaz, Castro no estaría donde está.

 

-- Desde finales de los ’60 -pronto pasadas las ilusiones con “la revolución”-, los gremialistas cubanos piden libertades sindicales, y se quejan a la OIT.

-- Los artistas y pensadores piden libertades creativas, y se quejan al Pen Club y a otras sociedades literarias, y a la prensa internacional.

-- Las iglesias todas piden libertades de culto, y reclaman ante las sedes mundiales de sus respectivas denominaciones. ¿Cuántos “llamados” no le hizo a Fidel el Papa? Y me refiero a los que sobrevivió: Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II. En 1961, el Arzobispo católico Boza Masvidal protestó contra los avances del comunismo cuando ya era muy tarde; fue expulsado junto con otros 135 sacerdotes. Desde aquel entonces las relaciones con la Iglesia Católica han sido siempre tensas y llenas de altibajos, incluyendo la visita del Papa Juan Pablo II en 1998 (cuando se autorizó por primera vez a celebrar la Navidad!) Los reclamos de la Iglesia católica son siempre muy reducidos: como los políticos, los eclesiásticos se limitan a su específica libertad -con frecuencia sólo para los católicos- como si fuese posible vivir una vida plenamente cristiana en medio de la miseria y la opresión.

 

Hay una sola religión que goza de amplias e irrestrictas libertades: la santería afrocubana, que por su sincretismo con los “objetivos de la revolución” conviene al castrismo. Las demás, juzgando por lo reiterado de los pedimentos, no han tenido éxito. ¿Por qué? Porque así como los jefes políticos piden libertades sólo democráticas, los líderes religiosos reclaman sólo sus pedacitos; nada más. Y en política -y en la vida en general-, el puro yoísmo no rinde.

 

7) Mostrar las heridas. Otra estrategia favorita del anticastrismo ha sido siempre la de exhibir con toda crudeza ante la opinión mundial las cicatrices y señales físicas y psíquicas de torturas, cárceles, vejaciones y crímenes, y el dolor de sus víctimas.

 

Todos los grupos de derechos humanos han apelado a los sentimientos y al sentimentalismo hasta el cansancio y la saturación. Pero, ¿qué ganaron?

 

8) “Buena conducta”. Y últimamente, los afectados ya ni piden libertades específicas, sino sólo “no discriminación”. Y obedientes, se dejan llamar “disidencia” en lugar de oposición. O sea: ¡quieren ser admitidos en el sistema, mas nunca cambiar el sistema!

 

Los latinoamericanos no aprendemos.

alberman02@hotmail.com

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