CUBA (II): APRENDAMOS DE CUBA POR ALBERTO MANSUETI

En Venezuela, las empresas privadas se encuentran amenazadas por un voracísimo y feroz sistema impositivo fiscal. Y las de radio y televisión están jaqueadas por una ley de censura, que sanciona su “irresponsabilidad social” con penas muy graves: supermillonarias multas, suspensiones e inhabilitaciones, cierres temporales y definitivos, etc. Sobre las fincas y empresas agropecuarias se cierne una Ley de Tierras, que también consagra la “función social” de la propiedad privada: las invasiones y confiscaciones ya han comenzado.

 

¿Y qué hacen las empresas? En lugar de defender el sistema de mercado libre, muchas, sobre todo las más grandes, ¡hacen “buena letra”! ¿Cómo? Cuñas publicitarias perorando que “ellas sí asumen su responsabilidad social”, retratando a sus accionistas y funcionarios con franelitas y gorritas visitando ciertos barrios pobres, atareadísimos en el reparto de bolsitas de comida, libros escolares, juguetes y ropa, direcciones de E-mail ... De esta forma creen hacerse “populares”; y así poder escapar a las iras del Comandante. ¡Ahora hasta el Embajador de EEUU y su secretaria también posan frente a las cámaras repartiendo sandwichitos a los pobres! Me dicen que quiere dar ejemplo. Creo que sí da ejemplo, pero no es bueno ... Sinceramente, lo que dan es pena.

 

¿Somos perfectos idiotas los latinoamericanos como dice mi amigo Álvaro Vargas Llosa? El Embajador no sé si será idiota porque no lo conozco de trato; pero es rubio y anglo. ¿O se hacen los idiotas? ¿Busca cada empresario que el Gobierno predador le elimine la competencia de otras empresas, creyendo ingenuamente que “a mí no me va a tocar”? ¿No fue Lenin quien dijo que al último capitalista lo colgarían con la cuerda vendida por el penúltimo?

 

Los latinoamericanos no somos los únicos idiotas. El problema nos afecta a todos los humanos seres, también a los del “Primer Mundo”; y en realidad de allí nos viene. El epítome es Bill Gates posando de “capitalista bueno”, embarcado en causas populares para hacerse perdonar. ¿Populares para quién? ¿Los políticos o los medios? ¿Y perdonar qué? ¿Sus millones de dólares? ¿Su apetito de éxito, o sus intenciones monopolistas? (¿y según cuál definición de monopolio?) ¿O su prodigiosa inventiva, que nos ha enriquecido a todos? ¿Cuál es exactamente tu pecado, Bill ...?

 

De todos modos es un complejo de culpa. Ruben Alvarado no lo califica de idiotismo; crítico más benévolo, lo trata como caso de “doble conciencia”: desdoblamiento entre cabeza y corazón. Lo traduzco para Ud., más o menos libremente:

 

 

Doble conciencia

 

La civilización occidental está hoy en una encrucijada. Por encima, las instituciones tradicionales del Estado de Derecho parecen más vigentes que nunca; pero el esquema y sistema de creencias de la tradición estatista también sigue muy vivo. Más mercados abre la globalización, más nihilismo y exigencias colectivistas emergen con mayor fuerza.

 

Esta doble conciencia ya no puede disimularse, ni perdurar por siempre. Ha de producirse un choque final entre las dos grandes fuerzas de la historia mundial.

 

Y sigue:

El conflicto es realmente entre cabeza y corazón. El hombre moderno entiende en su cabeza que los mercados y la verdadera ciudadanía progresan juntos, funcionan mejor, y son superiores para producir lo que la gente requiere. Pero aún así todavía siente en su corazón que el estatismo le dará la anhelada seguridad, mediante su absorción en el vientre del colectivo.

 

El hombre moderno es capitalista en la cabeza y socialista en el corazón. Se justifica atribuyendo al capitalismo el despreciado móvil de ganancia privada; y al socialismo los valorizados motivos de espíritu comunitario y generosidad. ¿Resultado? El insatisfactorio compromiso que llaman Estado de Bienestar. La gente se autoconvence de hacer lo que supone inteligente y pragmático: participar en el libre mercado, y comprar a la vez expiación para su culpa con el voto por la redistribución de la riqueza, restricciones a la propiedad y libertades, y otras formas de masiva autoflagelación.

 

(Tomado del capítulo “Tragedia y Esperanza”, del libro The Common Law, The Law of Nations and Western Civilization, por Ruben Alvarado -destacado autor en el liberalismo cristiano-, 1999).

 

 

“Aprendamos de Cuba”

 

Así dicen muchos carteles y pancartas chavistas en Venezuela. I couldn’t agree more: mucho podemos aprender de Cuba acerca de la ineficacia de una oposición que no se define abiertamente por los mercados libres y el capitalismo y la democracia liberales.

 

¿Qué ha conseguido el anticastrismo? Nada, fuera de algunas liberaciones de presos políticos a cambio de concesiones comerciales. La vida cotidiana de la gente en la isla está peor que antes, desde el pasado año 2004, cuando Castro prohibió la libre circulación del dólar, e hizo más severas las restricciones a las remesas en dinero y los viajes.

 

La causa de todo esto es que mientras el socialismo difunde masivamente sus terroríficas ideas que no obstante parecen bien intencionadas desde afuera, la verdad real no se muestra por ningún lado. ¿Por qué? Por el tremendo complejo de culpa que aqueja a quienes deberían asumir la defensa del capitalismo liberal: empresarios competitivos, periodistas, economistas, políticos honestos, juristas investigadores, ministros y líderes religiosos. No hay suficientes intelectuales, políticos, empresarios, medios de comunicación ni clero firmemente comprometidos con la causa de la democracia y economía liberales. Hay así tremendo desbalance, falta de equilibrio.

 

 

Intenso adoctrinamiento gubernamental, sin contrapeso alguno

 

Dos de los principales instrumentos socialistas de adoctrinamiento y control en Cuba, las campañas de “alfabetización” y los CDR (Comités de Defensa de la Revolución) datan de 1961. En Venezuela se imitan fielmente desde 2000, con miles de instructores importados de la isla.

 

Desde el Gobierno, el socialismo cubano dedica buena parte de sus recursos y esfuerzos a inculcar la doctrina, por los más variados canales e instrumentos: la mencionada alfabetización, deportes, ejercicio de la práctica médica y bellas artes, educación en todos sus niveles y modalidades, y medios de comunicación de toda clase. Sin olvidar la acción espontánea de sindicatos, iglesias, centros vecinales, ecológicos, feministas y otros que no son formalmente del Gobierno, pero tocan la misma música. Todos predican puntos y aspectos del socialismo: sus principios, modalidades, bondades y ventajas, sobre todo comparando con “el capitalismo”, presentado siempre en una versión burdamente distorsionada y deformada hasta el ridículo, que ahora llaman “neoliberalismo”.

 

Unilateral, el adoctrinamiento se impone por doquier. Los axiomas socialistas -y sus premisas y conclusiones-, son mansamente aceptados por todos, sin discusión, incluso inadvertidamente por quienes no simpatizan con el Gran Jefe. Y su efecto masivo es tal, que la propia familia se transforma en agente de adoctrinamiento, sea de padres a hijos, o al revés. En la familia se pone de manifiesto cómo el adoctrinamiento y el control van siempre de la mano, aunque el primero por delante, y el segundo le sigue.

 

 

Y el anticastrismo, castrado ideológicamente

 

Hay muchos grupos anticastristas fuera y dentro de Cuba. Comenzando por el mayor y más tradicional, la Fundación Nacional Cubano-Americana (con sede en Florida), hasta la miríada de grupos más recientes. Ninguno se ha identificado con una propuesta decididamente capitalista.

 

El ejemplo más palpable es Radio Martí, que transmite desde EEUU para la isla: en casi 20 años de programación que lleva desde 1985, lo único que hace es denunciar una gran cantidad de fallos, abusos, crímenes, injusticias, ridiculeces y tropelías; pero jamás se dedicó a explicar que es en realidad el capitalismo y cómo funciona este sistema. Oportunidades no le han faltado. Ese mismo año 1985 para no ir más lejos, Castro declaró “infausta y nefasta” la fecha del 12 de Octubre, aniversario de Colón y su descubrimiento. Y enseguida reunió su famosa Conferencia contra la Deuda Externa de América Latina.

 

No obstante, en ambas ocasiones Radio Martí dejó pasar sendas oportunidades para discutir ampliamente y a fondo sobre esos temas; p. ej. sobre las relaciones entre civilización y capitalismo; y sobre el carácter estatal y origen estatista de la deuda externa, y el apoyo financiero del FMI (y del Banco Mundial) a gobiernos estatistas, y por tanto despilfarradores y corruptos.

 

¿Será que son sólo “anticastristas”, y no anticomunistas o antisocialistas?

 

 

Y a propósito de Martí

 

¿Y por qué se llamó Martí a esa radio? ¿Fue José Martí un acreditado defensor de las libertades? ¿Admirador de los poquitos liberales cubanos de principios del siglo XIX? ¿De la Constitución y el sistema de Gobierno democrático liberal de EEUU, como muchos próceres independentistas latinoamericanos? No, para nada; le pusieron ese normbre a la emisora porque Martí es un ícono muy idolatrado por los cubanos. Pero el prócer José Martí fue siempre un socialista convencido. (Como también Simón Rodríguez, maestro que fuera de Simón Bolívar, igualmente endiosado ahora en Venezuela.)

 

Y muy vehemente fue siempre Martí en sus diatribas contra EEUU. Aunque en Nueva York residió desde 1879, la mayor parte de su vida adulta, porque allí gozaba de plenas libertades para su actividad política; lo cual muestra esos ambigüos sentimientos de amor-odio de los latinoamericanos por el país del Norte. Castro adultera el concepto de capitalismo, pero no la imagen de Martí -es honesto y consistente en eso-, de la cual es propietario, y que es públicamente venerada. Cosas que pasan siempre que Dios es desplazado, y en su lugar se veneran imágenes de hombres, como acostumbran todos los partidos políticos.

 

Martí no era el único anticapitalista y antinorteamericano en sus días: más o menos velados sentimientos contrarios al capitalismo -y a los EEUU que supuestamente lo representan-, eran y aún son muy populares entre los cubanos, incluso en el exilio floridano. Y en la Cuba del siglo XIX, cierta opinión veía en la prolongada dependencia de España un “antídoto” necesario contra una temida dominación estadounidense.

 

Por supuesto, estos temas son “tabú”: no se discuten en Radio Martí, ni en la prensa del exilio; y así Castro sigue ganando puntos.

 

 

¿Qué pasa cuando Ud. le concede la razón a su adversario en el punto principal?

 

Que Ud. perdió, sin duda y sin remedio. Si Ud. admitió que el capitalismo es malo, es “egoísta”, y moralmente descalificable o cuestionable. Y si Ud. reconoció que el socialismo “es bueno en teoría”, o al menos lo son sus “intenciones”. Y si Ud. dijo que “no niega la necesidad de justicia social” y que es cuestión de dosis y medida. Ahí Ud. puso la cabeza para que se la corten.

 

Porque Ud. admitió y reconoció -por ignorancia, desinterés, despreocupación o pereza-, que el socialismo es o puede ser superior al capitalismo, sea para satisfacer las humanas necesidades, o sea moralmente, en el terreno de la justificación ética. Es decir: si Ud. aceptó que el capitalismo “se basa en el egoísmo” y por eso, al menos moralmente, es inferior al socialismo.

 

 

¿Qué pasa entonces con la libertad de expresión, la democracia y los derechos humanos?

 

Que no puede Ud. defenderlos eficazmente.

 

¿Por qué? Porque para millones de fanáticos, frente a “la comida, salud y educación del pueblo”, no valen como argumentos: son detalles sin importancia, temas adjetivos, secundarios, “lujos burgueses”, como acostumbran a repetir los socialistas.

 

Los socialistas ahora opositores en Venezuela, repitieron esas mismas consignas toda la vida, y ahora se rasgan las vestiduras ante Chávez. ¿Se escandalizan ahora, cuando sus ex alumnos simplemente ponen en práctica las lecciones que ellos mismos les enseñaron como profesores en Universidades, Liceos, Pedagógicos (y Escuelas militares y Seminarios) controlados por los marxistas desde hace más de 4 décadas?

 

El chavismo es resultado natural de muchas generaciones de egresados universitarios y educadores (y militares y clero) “formados” en obligadas lecturas marxistas de Alhousser y Balibar, de Nikitin en Economía, de Nikos Poulantzas y Martha Harnecker en Sociología. Y en Filosofía de Afanasiev, y el Diccionario de Rosenthal y Iudin. Otro resultado natural de esa misma indigestión mental es la casi total incapacidad para pensar con claridad e inteligencia que aqueja a mucha clase media profesional, aún sin ser chavista.

 

¿De qué protestan ahora las clases medias contra Chávez? Chávez es consecuencia de la prédica socialista, de la cual nunca se quejaron, y muchos absorbieron.

 

 

Disidencia, oposición “moderada” y de la otra

 

En Cuba, algunos grupos anticastristas se autodenominan “moderados” y negocian con el Gobierno ciertos puntos específicos, como p. ej. viajes y giros postales; y casi todos se dejan llamar “disidentes” en lugar de opositores, con lo cual esperan hacerse perdonar. Pero reclaman sólo libertades políticas. Y algunas ventajas políticas han conseguido: p. ej., hay candidatos “independientes” para ciertos cargos, desde 1991; fue la política de “concesiones democráticas” del IV Congreso del PCC.

 

Pero el bienestar no llega. Y los extranjeros -incluyendo cubanos repatriados-, gozan en Cuba de algunos derechos económicos desde 1995, mas no así los demás cubanos en su patria, y por eso su pauperismo. Ningún anticastrista habla mucho del tema, porque a casi todos pareciera que la democracia es plenamente compatible con la pobreza, incluso extrema, y con la dependencia del Estado.

 

La realidad es que las libertades económicas son inseparables de las libertades políticas plenas. Las libertades de trabajo, comercio, inversión, contratación y asociación con fines económicos, obtener ganancias y disponerlas, son necesarias e indispensables para superar la pobreza y elevar el nivel de vida material de la gente. Su desconocimiento por las leyes y autoridades es una opresión política tan intolerable como la carencia de democracia; y son inconciliables con altos impuestos, regulaciones excesivas, e intromisión estatal en los negocios particulares.

 

 

Aprendamos de México

 

En Julio del 2000, Vicente Fox, del Partido Acción Nacional, fue elegido Presidente, rompiendo así 71 años de hegemonía del PRI. ¿Cómo lo logró? Defendió -contra el PRI y las izquierdas-, los principios de la libre empresa y libre mercado, el camino al bienestar. ¡Y ganó las elecciones!

 

¿Y cómo le fue a Vicente Fox de Presidente? Muy mal, porque no permaneció fiel a sus postulados; y por eso fracasó. Dos lecciones para los venezolanos. Y latinoamericanos.

alberman02@hotmail.com

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