|
¿SOLO CULTURA DE LA INVERSIÓN? POR JOSE LUIS TAPIA ROCHA |
|
Hace
unos dias el vice presidente de Newmont para Latinoamérica, Carlos Santa Cruz,
señaló que el impase generado por Minera Yanacocha con las comunidades del
cerro Quillish y otros se superará siempre que “...exista en el Perú una
cultura favorable para las inversiones”. Nos parece muy acertado que sea un
empresario quien reflexione que la solución del problema es más profundo que
un simple consenso alcanzado en Cajamarca. Claro, que no faltan empresarios
quienes echan la culpa al gobierno por mostrar su debilidad frente a una turba
desinformada por las Ongs alrededor de un tema tan sensible como el agua. Pero
hasta ahora pocos empresarios, a excepción del señor Santa Cruz, se han puesto
ha reflexionar si acaso no será este el comienzo de una ofensiva antiliberal de
Ongs socialistas contra la inversión privada. Desde ya, los mineros tienen un
problema mayúsculo. Se trata que en la cancha de juego estan los izquierdistas
junto con las comunidades que patrocinan, mientras los empresarios están
sentados en sus respectivos escritorios. Desde el saque la inversión privada
perdió el partido por “walk over”. No sabemos si ante el “arequipazo” y
“cajamarcaso” Confiep será declarada en emergencia, pues su afiliada la Perú
Red Nacional de Cámaras de Comercio no sirvió para estrechar lazos cordiales
entre los empresarios y la población local. De
todas maneras es muy seria la situación pues no permite avizorar una solución
de fondo a menos que se supere aquel mito que todo se arregla con tener buenas
relaciones con el gobierno de turno. Ya hemos adelantado reiteradamente que
sobre la faz del Perú reina la diabólica triada contra la modernidad:
socialismo, estatismo y comunismo. Y su combate no puede quedar en manos de
inexpertos gerentes de comunicaciones y relaciones institucionales, sino de la
concertación entre empresarios, instituciones, organizaciones y partidos del
capitalismo liberal. Desde
nuestra perspectiva, la salida para proteger a las empresas de estas agresiones
pasa por inculcar masivamente valores de una ideología acorde, consistente y sólida
con los intereses y derechos de las empresas y comunidades. Y no encontramos
otra que no sea la ideología de la libertad –o liberalismo como lo llaman-
como estrategia moral y económica para superar la pobreza. Muchos países asiáticos
en la mitad del siglo pasado son ahora potencias económicas gracias a que, como
lo demuestran los estudios de la Heritage Foundation, el crecimiento económico
de la empresas e individuos esta estrechamente ligada con un clima de libertad. Es
evidente que este clima adverso contra las inversiones no se va a solucionar
pronto. Pero todo esto es consecuencia de un ayer, de una causa que ha sido
ignorada, y en algunos casos ninguneada. Que digan que el desempeño empresarial
no tiene relación con la ideología imperante es desconocer completamente lo
que hizo el socialismo para dañar al Perú desde la dictadura estatista del
general Velasco. |