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SIN NORTE Y SIN FONDO POR JOSÉ LUIS TAPIA ROCHA |
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El
debate laboral iniciado entre los ministros Kuckzinsky y Neves se ha reducido a
muchas formas pero con poco fondo. Quien podría cuestionar en estos momentos si
la legislación laboral no es acaso las más entrometida de latinoamérica en
asuntos que corresponden al ámbito privado de las negociaciones entre un
trabajador y un empresario. La miopía pública no ve más allá de flexibilizar
o desregular el mercado laboral, en tanto que nadie debate de manera holística
la desregulación y destributación de los mercados, pues las distorsiones que
se producen en un mercado como el laboral no hace más que desalentar las
reformas liberalizadores de los otros mercados como el financiero, servicios públicos,
bancario, comercio exterior, por citar algunos. Quién
debate por ejemplo si la OIT no es acaso presa de los grandes intereses
multinacionales y de los sindicatos de los países desarrollados donde cada uno
tiene su parcela; una suerte de feudos temáticos sin desarrollar reformas
institucionales del estado. En sus diagnósticos figuran temas como género,
seguridad laboral, horas trabajadas, protección social, migrantes, etc, pero
nada de la reforma del gran desempleador de la economía que es el estatismo. Tampoco
los empresarios organizados hacen una buena defensa debido que no han terminado
por entender que los derechos laborales no pueden ser colectivizados. A menos
que estén de acuerdo en dejarse ser robados por las leyes de las ochos horas,
de los beneficios sociales, del ITF. Un
debate de fondo y con norte será aquella que empiece a preguntarse si los
actuales derechos laborales deben corresponder al dominio público. Si las ocho
horas no deberían ser por negociación y no por imposición. Si acaso no es más
prudente para resguardar la equidad de negociación entre el trabajador y
empresario que no sólo se vea la reforma laboral sino todos los demás mercados
para que puedan generar los suficientes puestos laborales y no se vea el
trabajador perjudicado ante un escenario de alto desempleo. Y si los beneficios
sociales no deberían ser examinados a la luz de su correspondiente
productividad de cada trabajador. Todas
estas cuestiones son las que pocos se atreven a plantearlo, ni siquiera Confiep
esta convencido de su propia posición. Creo que los líderes empresariales han
sido vencidos por la fuerza de los argumentos colectivistas. Hace falta retomar
la vieja posición capitalista laissez faire si quieren vencer al colectivismo
laboral. |