EL DERECHO AL TRABAJO ES UN ROBO AL EMPRESARIOS POR JOSÉ LUIS TAPIA ROCHA

Nuevamente se posterga el debate de la Ley del Trabajo en el Congreso. Dicho proyecto ha despertado temores en Confiep sobre las consecuencias negativas de esta norma. Pero poco han hecho por impedirlo. El economista francés Frederic Bastiat escribió en su libro “La Ley” que “Todos tenemos una fuerte inclinación a considerar lo legal como legítimo, hasta tal punto que son muchos los que falsamente dan por sentado que toda justicia emana de la ley”. Y no es casualidad que Confiep sea una minoría que carece de fuerza moral para convencer a una gran opinión pública que considera como justa una ley que consagra los derechos del trabajador.

ROBO AL EMPRESARIO

Pero pocos advierten que unos y otros se roban con el asunto de los derechos. Derecho a la educación, salud, alimentación y trabajo supone la obligación de unos para financiar las necesidades de otros. Así unos disfrutan con plata ajena mientras otros pagan sin más remedio que hacer caso a la ley. El derecho al trabajo es otro robo al bolsillo de los empresarios. Unos más asustados que otros, viendo como se les sustrae capital, los empresarios no pueden hacer nada más que ver como su capital se desvanece, con tal de cumplir con la ley.

 

EL PROBLEMA DE LAS LEYES

Es cierto que los sueldos y salarios son muy bajos, pero las causas son la pobreza de la economía, la insuficiente cantidad de empresas - poca competencia entre las firmas para contratar trabajadores - en un contexto de baja actividad económica. Así que los salarios pobres no es problema que se resuelva con leyes. Al contrario, las leyes que pretenden resolverlo, en realidad lo agravan.

 

Si bien la mayoria de empresarios tratan legítimamente de sacarle la vuelta a las leyes laborales, no tienen otra opción que no tener planillas si quieren sobrevivir en el mercado. No sé cómo los sindicalistas y políticos han podido conquistar la mente de los empresarios, pero lo cierto es que su ignorancia del libre mercado les ha impedido contraargumentar eficazmente. No hace falta ser erudito para notar que su propiedad privada ha sido tantas veces violada por cada beneficio social otorgado al trabajador.

 

EL TRABAJO ES UNA MERCANCÍA

No tenemos ningun escrúpulo en insistir que el trabajo es una mercancía sujeta a las leyes del mercado, y que no necesita de alguna regulación de parte del Estado. Pero la OIT, el Ministerio del Trabajo y los sindicatos nos han llevado a conclusiones erróneas, como decir que el trabajo y el trabajador son ambos iguales. Así les han hecho pisar el palito a los empresarios aceptando negociar derechos laborales en un Consejo Nacional del Trabajo. Y ahora la Confiep está pagando las consecuencias de su gran pereza intelectual.

 

Hay que indicar que el trabajo como mercancía es un factor de la producción como cualquier otro. En la dinámica del mercado el trabajo es un costo variable y no fijo como quisieran algunos sindicalistas. El servicio que el trabajador aporta es lo que valora subjetivamente el empresario. No valora al trabajador como persona per se sino cuánto de valor agregado puede aportar a la empresa.

 

LA REGULACIÓN DESCAPITALIZA

Si las regulaciones de la Ley del Trabajo impiden que los empresarios puedan despedir libremente a los trabajadores habrá originado las condiciones para una disminución progresiva de la productividad laboral en perjuicio del capital de la empresa. Prácticamente es una legalización del robo que el trabajador honesto sin saberlo está cometiendo contra el empresario, al quedarse con una parte del capital invertido, a medida que recibe sus beneficios sociales.

 

¿QUÉ HACER?

Para que más empresas prosperen y aumente la demanda de empleo es necesario que el empresario tenga toda la libertad de contratar o deshacerse de los factores de la producción, entre ellos, los servicios de los trabajadores. Es más justo que la empresa contrate más trabajadores a menor costo que despedir trabajadores caros. Y esto se puede lograr en un contexto donde no exista leyes sino contratos privados en los mercados factoriales.

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