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ECOS DEL PASADO: ¿CADA VEZ MÁS CERCA? (II)- POR CHARLES M. PHILBROOK* |
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A
cada época de crisis global, financiera o política, le sigue una de más
regulaciones y más burócratas. A
la Gran Depresión, le siguió la creación de la SEC (la Conasev
estadounidense) y toda la telaraña de regulaciones que vinieron de la
mano con el New Deal rooseveltiano;
a la Segunda Guerra Mundial, Bretton
Woods y la secuela institucional de la misma.
El
dogma implícito en todo esto es que los mercados fallan y, cuando lo
hacen, deben ser controlados, limitados, regulados.
¿Fallan o los hacen fallar? ¿Es cualitativa y cuantitativamente
posible que un directorio de siete sabios guarde y procese mejor la
información que, sobre el accionar del mercado, tengan los millones de
participantes en el? El
caso de España, que vemos hoy, es ilustrativo.
Desde la llegada del euro, y los mecanismos de tipo de cambio que
le precedieron, las tasas de interés son determinadas por el BCE (Banco
Central Europeo); pero, son tasas prêt
à porter para países económicamente escleróticos como Francia y
Alemania; para España, la valla de éstas es demasiado baja.
Este masivo estímulo monetario ha hecho que este país, en
los últimos 11 años, crezca por encima del promedio de eurolandia.
Esto es bueno. Ahora
bien, el dinero barato ha traído consigo una serie de problemas y creado
una serie de distorsiones en la economía.
Esto es malo. Con una
inflación de 4%, y un costo del dinero de 2.75% (determinado por el BCE),
esto hace que, en algunos segmentos crediticios españoles, el prestamista
le pague al deudor por aceptar el préstamo.
El
dinero barato ha hecho que el consumo aumente más rápido que la producción
interna, lo cual ha llevado a que el déficit comercial pierda todo tipo
de perspectiva: al ser de casi 9% este año, y llegar a un 10% el
siguiente, no hay nada que tengan que envidiarle al consumo disipado de
sus hermanos de leche norteamericanos. Con
una inflación muy por encima del promedio europeo, con una productividad
por debajo de la inflación, y un tipo de cambio nominal anclado al euro,
los productos españoles de exportación son cada vez menos competitivos
en los mercados internacionales. En suma, al no tener autonomía monetaria (en alquiler al
BCE) y no poder devaluar, a España sólo le queda gastar menos, consumir
menos: eso implica recesión, por la magnitud de los montos que se
requieren para corregir los excesos.
O,
Jeremías, profeta de Lamentaciones, dinos: ¿falla de mercado, o de directorio? Ilumina,
guía…, deja que tu texto nos hable. (*) Director de estudios económicos de Datum Internacional SA. E-Mail: philbrookcharles@yahoo.com |
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