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CONSIDERACIONES ACERCA DE LA EMPRESARIALIDAD POR JOSÉ LUIS TAPIA ROCHAIntroducción
Últimamente,
la teoría competitiva de la función empresarial ha ido ganando espacio
dentro de los recientes textos de economía (1), debido que ha
proporcionado fundamentos teóricos y metodológicos para una adecuada
comprensión de los procesos de mercado que el paradigma neoclásico no ha
sido capaz de incorporarlos en forma satisfactoria. Pero al parecer,
muchos economistas se resisten a utilizar estos elementos modernizadores
de la teoría económica e insisten en perfeccionar determinados
instrumentos de análisis de equilibrio de precios y cantidades. Sobre
este particular, debe señalarse que a finales del siglo XIX, durante el
clásico debate del Methodenstreit (2), se puso en
evidencia, por primera vez, el profundo desacuerdo que existía en la
profesión, por validar el uso de elementos dinámicos dentro de la
metodología económica, como lo había propuesto la Escuela Austriaca. Mas allá del problema epistemológico que pudiera surgir y ser motivo de atención por quienes persiguen un légitimo interés en desarrollar ciertas técnicas de análisis estático, sin embargo, este artículo, no pretende esclarecer posiciones metodológicas a favor y en contra del uso de esta teoría empresarial, como insinuaría este documento, sino que, plantea ciertas consideraciones morales y económicas acerca de la empresarialidad, para intentar llamar la atención de aquellos economistas que tienen algún interés científico en ir más allá del carácter meramente economicista y maximizador de cualquier individuo, que a menudo pasa inadvertido, y en el peor de los casos, descuidado, por quienes andan preocupados en explicar la importancia de la empresarialidad en ciertos ambientes académicos, utilizando para ello, sofisticados modelos de equilibrio general y vasta evidencia empírica. Cabe indicar, que la verdadera magnitud de la generación de nuevo conocimiento científico no reside, precisamente, en las disquisiciones metodológicas -que incluso ponen en tela de juicio hasta los propios instrumentos mentales de razonamiento-, sino que está situado en enfoques que ofrecen una perspectiva diferente sobre la teoría microeconómica dominante; acerca del carácter dinámico del mercado, como fue inicialmente expuesto por Ludwig von Mises y Friedrich A. Hayek, y posteriormente sintetizada y desarrollada por Israel M. Kirzner. La
economía y la empresarialidad
El
conocido tratado de economía de Mises (3) señaló que la economía es la
ciencia de la acción humana, interesada en estudiar cómo los individuos
eligen medios para lograr determinados fines. Como el mundo real es un
mundo de escasez de medios, el individuo debe economizar tiempo, esfuerzos
y todo tipo de recursos, con el propósito de obtener un fin o beneficio
al menor costo posible. Es
indiscutible que la economía tiene su propio método para explicar los
fenómenos dentro de su ámbito. Pero sí, debería llamar la atención
que esté cediendo su método al historicismo, la matemática y la
econometría como métodos válidos para obtener un verdadero conocimiento
de la realidad producida por la acción humana. Así los economistas de la
Escuela Austriaca consideran que la economía debería ser menos ambiciosa
a la hora de intentar obtener resultados exactos y predecibles, dado que
no opera con individuos mecánicos y repetitivos. En este aspecto, la
economía debería conformarse con ser una ciencia cualitativa dado que
examina a individuos únicos e irrepetibles con información subjetiva y
valiosa que no puede ser obtenida por métodos científicos. Es
precisamente aquí, que la teoría competitiva de la función empresarial
entra a explicar la tendencia coordinadora de los desajustes que se
producen en el mercado, que sólo pueden ser comprendida por el economista
y, finalmente, anticipada por el empresario en su actuación directa en el
mercado. En
esta perspectiva, el problema central y universal que se le presenta al
empresario, a diferencia de lo que sostiene el paradigma neoclásico, es cómo
asignar recursos limitados que no están “dados”
para satisfacer las ilimitadas necesidades y preferencias de la
gente. El axioma es que los hombres eligen por descubrimiento sus fines
y medios basados en sus escalas valorativas. Una
crítica muy sistemática al paradigma neoclásico elaborada a partir de
una teoría microeconómica alternativa la presentó Israel M. Kirzner en
su libro Competencia y Empresarialidad. El profesor Kirzner
sostiene que un individuo no es sólo maximizador y asignador de recursos,
como aparece en casi todos los libros textos de economía, sino que en
toda acción humana “.....está presente un elemento que, aunque es
crucial para la actividad economizante en general no se puede analizar en
términos de economía, maximización o de eficiencia. Calificaré a este
elemento, por razones de las que daré cuenta, como elemento empresarial”.
Más adelante señala que “Un mercado que conste
exclusivamente de individuos que actúa economizando y maximizando no da
lugar al proceso de mercado que queremos comprender” (4). Pero
Kirzner fue muy modesto en señalar que sus ideas no tienen nada de
originales y que solamente integra los conceptos de empresarialidad de
Mises y de competencia de Hayek. Es preciso subrayar que, gracias a los
importantes aportes del profesor Kirzner la economía ha sabido superar la
estrechez conceptual del permanente equilibrio con que la escuela neoclásica
pretende interpretar al mercado. Más aún, si consideramos que cualquier
economista puede tomar partido por tal o cual teoría, el análisis
correcto lleva a considerar, en todos los casos, que el empresario es un
creador de riqueza motivado a partir del descubrimiento de oportunidades
de ganancias que aún no han sido aprovechadas por otros. Conocimiento y Creatividad EmpresarialOtra
consideración a tener en cuenta es, la concepción del mercado como un
proceso que es impulsado empresarialmente por aquellos individuos que
descubren oportunidades de ganancias. Una vez que han descubierto nuevos
medios y fines, han modificado todo su mapa de información que tenían
con anterioridad.(5) Cabe señalar que este nuevo conocimiento es de tipo
subjetivo, no articulable, creado de la nada y transmitible a través de
comportamientos repetitivos, que son aprendidos y copiados por otros
empresarios, siempre que operen eficientemente en la obtención de medios
para conseguir sus fines propuestos. Cuando esta pauta se mantiene a lo
largo del tiempo y, son alimentados por complejas e irrepetibles
circunstancias que experimentan otros actores en el mercado, se convierten
en costumbres, tradiciones, instituciones y normas jurídicas que hacen
posible la construcción de un orden social libre y productivo. El
conocimiento del empresario es único y, equivale a un trozo de información
que se haya entre muchos otros dispersos en el mercado, pero que solamente
él posee y sabe como interpretarlo y ajustarlo dentro de su plan de acción,
que en algunos casos son contradictorios con respecto a los demás planes
empresariales, pero que gracias al carácter competitivo de la
empresarialidad, desaparece y elimina toda posibilidad que otros
empresarios puedan aprovechar esas mismas oportunidades de ganancias,
estableciéndose así, toda una tendencia coordinadora de los desajustes
permanentes que ocurren en el mercado. Pero el proceso de mercado no se
detiene aquí, una vez más se crea un nuevo mapa de información en la
mente de los empresarios, que los incentiva a rivalizar competitivamente
en el proceso de descubrmiento de nuevas oportunidades de ganancias. Precisamente,
esta dinámica empresarial hace que, los planes gubernamentales de
asignación de recursos, fracasen en su propósito de producir riqueza
para la gente, más aún, si son alimentados por aquella información que
recogen las oficinas estadísticas, pero que bajo ningún concepto
corresponde a aquel conocimiento subjetivo que poseen los empresarios en
su misión de crear riqueza. El
empresario y la creación de riqueza
El
énfasis que se ha puesto en la importancia del carácter empresarial, de
toda acción humana, ha encarrilado a la economía por los caminos de
donde nunca debió salirse y, que por tal hecho, la concepción
robbinsiana del individuo desprestigió a la misma ciencia. A partir de la
desaparición de la Unión Soviética la suerte fue echada para los
economistas del sector gubernamental, lo que confirmó, una vez más, el
fracaso ya vaticinado por Mises en su artículo de 1929 acerca de la
inviabilidad económica de una comunidad socialista. En los comienzos de
los años treinta todos los paradigmas concebían a la economía como la
encargada de asignar recursos escasos para producir riqueza. Se creía que
bastaba con determinar los parámetros de los modelos económicos e
implementar unas cuantas oficinas estadísticas gubernamentales, para
echar andar toda la maquinaria estatal y determinar cuánto invertir,
producir y consumir. Esa concepción de la economía cambió prácticamente
a partir de 1989, cuando la
caída del Muro de Berlín derrumbó el mito acerca que el Estado tiene la
capacidad de ser un empresario eficiente y sensible frente a los cambios
en las necesidades y preferencias de la gente. Una
vez más, se devuelve al empresario la misión de crear riqueza para
otros, mientras que para la economía el estudio de cómo la gente busca
mejorar su estándar de vida a través de una mayor calidad, variedad y
cantidad de bienes y servicios. ¿Cuáles son los factores que deben
combinarse en el proceso de creación de riqueza?. El empresario debe
combinar cuatro factores; tierra, capìtal,
trabajo y talento empresarial. La clave está en considerar que
cada acierto tiene un beneficio y que cada error tiene un costo y que de
eso no se puede escapar.. Pérdidas
y Ganancias Empresariales
Una
de las leyes naturales, que debe respetar el empresario, es la pérdida y
ganancia como indicador de buena gestión. Sin embargo, no debe pasarse
por alto que las pérdidas y ganancias (P y G) hacen que la propiedad de
los factores de la producción pasen de una mano a otra, donde su
utilización se presuma una eficiente combinación. Si el empresario no
logra entrever lo que sucederá mañana, con los deseos y necesidades de
los consumidores, entonces, perderá parte de su propiedad privada, por
ejemplo: su capital. Por el contrario, si descubre con justeza la futura
demanda obtendrá ganancias y se hará de nuevos activos y mejorará su
estándar de vida. Gracias
a esta ley, las P y G imponen una disciplina en el mercado contra los que
muchos creen. La pérdida indica una sobreproducción del bien X que no ha
podido coincidir con el curso de acción que han tomado los consumidores.
Si pretende desobecer esta ley, el empresario corre el riesgo de perder la
propiedad de su negocio a menos que coloque el producto X donde coincida
con las urgentes necesidades y preferencias del mercado. En efecto, toda
tasa de pérdida puede indicar a lo mucho que el empresario no ha sabido
cumplir con satisfacer eficientemente las preferencias y necesidades de la
gente, pero no puede establecer de manera directa que los factores exógenos
hayan sido responsables por la quiebra de su negocio, en cuyo caso
reflejaría a todas luces un total desconocimiento de cómo opera las
leyes naturales del mercado. El
Empresario y la Especulación
Un
recurso que tiene el empresario para enfrentar una futura escases es la
especulación. Si logra colocar el bien o servicio en el momento en que
las urgentes necesidades lleguen a valorar fuertemente los bienes que
ofrece, su acción empresarial va ser remunerada. Aunque muchos consideran
que es un acto moralmente condenable no vender en el presente, sin
embargo, olvidan que es el único que está dispuesto a asumir el riesgo
de perder su propiedad, con tal de servir a sus prójimos en el momento
que más lo necesiten. El actuar de ese modo cumple de algún modo con lo
que Dios quiere de los hombres y mujeres de este mundo, es decir, que la
sabia y prudente administración de los recursos que Dios ha puesto sobre
la tierra, conduzca a realizar actos de bien como son la satisfacción de
carencias y necesidades de la gente. ¿Acaso no es una virtud producir
bienes y servicios, empleos e ingresos para otras personas? Michael Novak
señala que el mismo acto de crear bienes y servicios para los hombres y
mujeres de este mundo es similar al acto divino de creación señalado en
el primer capítulo de Génesis. En esta perspectiva, los empresarios sin
tener que saber exactamente lo que ocurrió en la biblia, cumplen con el
mandato sagrado que Dios ha encomendado a Adán y Eva; la
de someter a la tierra para el sustento de sus vidas. (6) En
resumen, la especulación es un acto de descubrimiento de ganancias
futuras que son siempre inciertas, con el riesgo permanente de cometer
errores si la prospectiva falla. Sin embargo, con tal de preservar los
bienes y servicios para los momentos en que exista situaciones de escases,
el empresario arriesgará de todos modos su propiedad, con tal de
satisfacer las urgentes necesidades de sus semejantes. Lima, 31 de julio de 2002Referencias
(1)
Skousen, Mark (2000). Economic
Logic, 1era. Edición, Mark Skousen Publishing Inc., EE.UU. (2)
Mises, Ludwig von (1995). La
Acción Humana: Tratado
de Economía, 5ta Edición, Unión Editorial SA, España,
pags.xxxviiin, y 4. (3)
Mises, Ludwig von (1995). La
Acción Humana: Tratado
de Economía, 5ta Edición, Unión Editorial SA, España, pags.77-85. (4)
Kirzner, Israel M. (1998). Competencia y Empresarialidad,
2da.Edicion, Unión Editorial SA, España, pag. 46; 264-265; y 275. (5)
Huerta de Soto, Jesús (2000). La Escuela Austriaca: Mercado y
Creatividad Empresarial, 1era. Edición,
Editorial Síntesis, España, pags.33-49. (6)
Sirico, Robert. (2001). La Vocación Empresarial, 1era Edición,
Ocassional Paper No.13E, Acton Institute For Study of Religion and
Liberty, EE.UU., pags.24-25. |