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¿Es ético que los administradores de una empresa tomen de los recursos de los socios para hacer caridad? por Manuel F. Ayau * |
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Un sacerdote católico, de esos que son impertinentes y les gusta
sermonear a la gente, le preguntó a un patrono si pagaba salarios de mera
subsistencia. El patrono, molesto, contestó que él le brindaba a sus
trabajadores su mejor oportunidad, pues si no, no escogerían trabajar con
él; que él no tenía la culpa de que otros no ofrecieran mejores
oportunidades y, por último, preguntó ¿cuántos trabajadores emplea
usted, señor sacerdote, y cuánto les paga? ¿Acaso hay algunos que
tenemos obligación de dar empleo mientras que otros no? El sacerdote, furioso, dijo que debería pagar más. El patrono le
explico que lo que les pagara arriba de lo necesario para conservarlos
constituiría caridad y que él prefería hacer su caridad ayudando a niños
abandonados o huérfanos y no mezclando caridad con los salarios de su
empresa. Por último, le explicó que si pagaba mayores salarios que sus
competidores, el aumento de costos no le permitiría competir y ya no daría
empleo alguno.
Ese incidente ilustra cómo con cierta frecuencia los sacerdotes se meten
en asuntos económicos y al mismo tiempo imprudentemente rehúsan estudiar
formalmente los fenómenos económicos de los que hablan desde el púlpito.
Muchos hablan de ética empresarial y de responsabilidad social de las
empresas. Así ponen en evidencia su ignorancia sobre el comportamiento ético
de funcionarios empresariales, pues ya no se circunscriben a normas
de conducta justa, de comportamiento cívico, como lo es el cumplir
contratos, no recurrir al engaño ni al fraude y respetar derechos y
bienes ajenos, sino a otras actividades ajenas al giro del negocio que
corresponden a la categoría de caridad. La pregunta que corresponde es si
es ético que los administradores de una empresa tomen de los recursos de
los socios para hacer caridad. Caridad es una cuestión personal y voluntaria que se hace con recursos
propios. Los dueños invierten capital y designan a los administradores de
la empresa para obtener un beneficio mediante la actividad de producción
o servicios con que sirven a la comunidad. Para eso existe la empresa.
Obviamente, no me refiero a una empresa de un sólo dueño o cuyos
personeros consultan a los socios si desean donar parte alícuota de su
patrimonio a alguna caridad específica. Recordemos que no todos los
socios tendrán las mismas preferencias y algunos preferirán ayudar a
otras causas de asistencia social que consideran más meritorias que las
escogidas por los gerentes de la empresa. Quizá otros socios se
encuentran en circunstancias económicas difíciles y no están en
condiciones de regalar patrimonio. En las discusiones del tema es evidente que se toman a las empresas como
seres humanos distintos a sus dueños, olvidando que son solamente
"personas" en un sentido figurativo, "personas jurídicas"
con fines comerciales. A nadie se le ocurriría hablar de la responsabilidad social de un equipo de fútbol que no sea la de ganar la partida o de un grupo teatral que no sea la de complacer a la gente. Es deseable que los artistas y bien pagados deportistas profesionales tengan su corazoncito y contribuyan a obras caritativas, pero ello es ajeno a su desempeño como artistas o deportistas. Igualmente, la función de una empresa es satisfacer lo mejor posible los deseos de la gente y la medida de su éxito serán las utilidades producidas. Allí termina su función social, pues hacer caridad es responsabilidad moral de sus propietarios como personas. Cuando el gerente de una empresa regala dinero está regalando dinero que es de otros, lo cual está muy bien si los propietarios están unánimemente de acuerdo, pero si no, está haciendo caridad con dinero ajeno, lo cual es totalmente contrario a la ética.
(*) Agencia Interamericana de Prensa Económica |
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OFICINA DE ILE |
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INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE) Free Enterprise Institute Lima,
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