ETNOCACERISMO: NO ES UNA POLÍTICA, ES UNA RELIGIÓN (PARTE III) POR ALBERTO MANSUETI


¿Recuerdan las frustradas privatizaciones del 2002, y las violentas protestas contra el Presidente Toledo en Arequipa, ante las cuales el susodicho retrocedió espantado? Bueno, unos años antes, en 1999, apareció en EEUU un magno pequeño libro, breve pero excelente. P. ej. describiendo la loca política de los ’90, dice cosas como esta, que traduzco (más o menos libremente):

 

“Incluso en su hora de mayor triunfo, el liberalismo fue implacablemente criticado desde dentro, cuestionado en su misma legitimidad. El éxito político coronó a quienes mejor se manejaron en el juego de apoyar instituciones liberales, y denunciar a viva voz su carácter vil y corrupto. En las políticas públicas predominaba la agenda liberal de mercados libres, privatización e individualismo, pero en su justificación y legitimidad, estas medidas sólo podían acometerse si sus ejecutores acertaban en revestirlas con una buena presentación antiliberal.”

 

Y sigue: “Fue casi como si los políticos tuviesen que pedir perdón por tomar las decisiones para las que supuestamente sus votantes los habían elegido. En realidad eran los votantes quienes se debían pedir perdón y perdonar a sí mismos, porque en ellos mismos principalmente radicaba esa particular forma de esquizofrenia. Sus políticos sólo reflejaban las señales que recibían: estaban absolutamente convencidos de perder terreno si impulsaban tales medidas con argumentos coherentemente tomados de la filosofía liberal. Por lo tanto, el doble discurso se puso a la orden del día; y fue aceptado con mucho entusiasmo y hasta agradecimiento.”

 

 

Doble discurso

 

No se ría: en Venezuela Chávez hizo en 1998 una campaña electoral virulentamente antiliberal; y al año, ya Presidente, siguió con ese discurso. Y fue acerbamente criticado por no cambiarlo ... ¡como si tener un segundo discurso en el bolsillo fuese cosa de sabido exigible a un político!

 

Pero sigamos con nuestra cita: “Era casi como si la gente necesitara creer que su comportamiento seguía siendo antiliberal, aún cuando prestase asentimiento a medidas liberales. Claro, este era un juego apto sólo para políticos camaleónicos: ganaban aquellos más capacitados en el arte de aplacar a estos electores con doble conciencia, calmando sus sentimientos de culpa.” ¿No describen al Presidente Toledo estos párrafos? Son del primer capítulo (“El Liberalismo y sus descontentos”) del libro “The Common Law: The Law of Nations and Western Civilization” (1999), por el Dr. Ruben Alvarado. Vean cómo termina la cita:

 

“En realidad, fue este el gran misterio de la época. Hasta triunfante, el capitalismo seguía siendo profundamente impopular, incluso vergonzoso. La gente tenía su corazón en otra parte: suspiraba por un retorno a la comunidad perdida, a una sociedad cuidadora y proveedora, anhelaba compromiso y compasión. Se rechazaba la realidad marxista, pero no se había perdido su ideal, que siguió vivo y vibrante. Algo muy profundo dentro de la gente le seguía llevando a buscar un orden social fundamentalmente distinto; y en el terreno moral, la partida fue ganada por quienes proclamaron agendas frontalmente contrarias al orden liberal.”

 

 

La esquizofrenia no dura

 

Lo que pasó en Arequipa, y ahora en Andahuaylas, es lo que nos narró Alvarado: “en el terreno moral, la partida fue ganada por quienes proclamaron agendas frontalmente contrarias al orden liberal.” ¿Por qué? Muy simple:

-- La mente requiere consistencia. La esquizofrenia (en realidad es “dialogismo”: tener dos ideas contradictorias) no es un estado mental que se pueda mantener por mucho tiempo estable. Por ley psicológica, las personas debemos ser coherentes o enfermamos. Por eso no es posible ser liberal en la cabeza y marxista en el corazón. Pensamientos, emociones y acciones deben alinearse; y de hecho siempre lo hacen, tarde o temprano, en un sentido o en otro.

-- Y quien se lleva el triunfo en el campo de las ideas morales, gana la partida política. Por eso, si se quieren medidas liberales, hay que fundamentarlas y justificarlas con un discurso y una filosofía congruentes, liberales. De otro modo fracasan. Como en Arequipa en aquel entonces.

 

¿Y qué pasa ahora con el etnocacerismo? Que como la esquizofrenia no dura, la gente elige. Y al elegir las más radicales ideas disponibles, pone la cabeza en el mismo lugar donde ya tiene el corazón: en su religión.

 

 

El etnocacerismo es una religión

 

Como expone el libro de Alvarado -y otros de igual tendencia liberal cristiana, p. ej. los estadounidense Michael Kelley y Michael Novak, y el inglés Stephen Perks- hay una cosa que puede ganar el corazón y la mente de las personas a la vez, sus sentimientos e ideas; y por entero, no de a partes. Y es la única que puede hacerlo, y de hecho lo hace siempre. No es una política. Es una religión. La religión de cada quien es aquello que le ha atrapado el corazón, el alma, la mente, el espíritu, el tiempo disponible, los esfuerzos y recursos, todo su ser. Lo que es el centro de su vida, a lo que la dedica principalmente -la “consagra”-; y lo que en última instancia la justifica. Puede ser una religión “formal”; pero también puede ser el fútbol, los naipes, la filatelia, la música, la TV, un “affaire”, un credo o partido político, o el propio ego endiosado. Para distinguir, algunos llaman “culto” a esta segunda clase de religión.

 

Pero el etnocacerismo no es un credo político nada más, ni un mero “culto”; es una religión. Y es completa, ya que reivindica la religión incaica.

 

 

No todas las religiones son iguales

 

Las hay tribalistas, o nacionales, que son exclusivistas, y las hay universales. También hay “religiones civiles”, para uso político, como p. ej. lo son casi exclusivamente las estatales. Hay religiones sincréticas, mezclas de otras diversas. Y hay religiones completas e incompletas, como las han olvidado su mensaje para esta vida y este mundo. Desde que nuestra civilización occidental dejó de ser cristiana, esta diferencia está un poco desdibujada, ya que sin su credo político propio el cristianismo dejó de ser completo, al menos para la mayoría de sus adherentes. Otra clase de religiones incompletas son las que pierden su apelación al más allá, y se reducen al credo político, como le pasó a la religión romana, y por eso el cristianismo convenció. Y porque su credo político fue más excelente y atractivo, al incluir la libertad personal, desconocida en la Antigüedad.

 

Cuando un puro credo político -p. ej. el liberalismo- se enfrenta a una religión, está perdido. La buena noticia es que los otros credos políticos también están perdidos ante el etnocacerismo; pero me parece triste consuelo.

 

 

¿Qué tipo de religión neopagana es el Etnocacerismo?

 

Por su lado, y aunque completa, el etnocacerismo es una religión falsa. Y como tal debería ser firme y decididamente enfrentada en su propio terreno. Esto es decir, no sólo por los pequeños círculos liberales y los partidos políticos, sino por los creyentes en la religión verdadera, revelada por Dios; y esto nos comprende a los cristianos de todas las denominaciones e Iglesias. Pero también incluye a judíos y musulmanes, con quienes compartimos los cristianos una parte de la misma revelación: el Pentateuco -la Torah, los 5 primeros libros de la escritura hebrea- donde se establecen las bases del credo político del Gobierno limitado, que algunos llaman “judeocristiano”, y consideran columna vertebral de la tradición occidental. (Conste que aludo a los musulmanes genuinos, no a esos estatistas secuestradores del Islamismo en el Medio Oriente.)

 

De otro modo, si no es enfrentado como debe ser, el etnocacerismo gana. Ninguna de las creencias sólo políticas, ni aún todas unidas -lo cual ya es difícil-, pueden enfrentar con éxito a una religión. Sobre todo si la religión es irracional. Y el etnocacerismo es una religión irracional, maniquea e intolerante. Las religiones pueden tener mucho de malo; y desafortunadamente, hay personas que ven en ellas solamente lo malo, pero eso no implica ausencia de lo bueno, ni de lo malo. Y lo malo abunda sobre todo en las religiones políticas, contra las cuales es preciso vacunarse. ¿La mejor vacuna? La religión verdadera, único antídoto efectivo contra cualquier religión falsa; pero ese es otro tema, sigamos con el etnocacerismo, y sus tres rasgos apuntados: irracionalidad, maniqueísmo e intolerancia.

 

 

Irracionalidad

 

Algunos dirán que toda religión es irracional, porque fe y razón son incompatibles. No es así necesariamente; eso depende del objeto y concepto de la fe. (Y de la razón.) Las tres grandes religiones bíblicas, ya mencionadas, son compatibles con la razón humana, que de hecho ha servido por miles de años para interpretar sus escrituras sagradas, y para hacer consistentes sus enseñanzas con el conocimiento natural que la creación misma nos da de su Creador a través de la Filosofía y las ciencias, a poco que investiguemos.

 

Sin embargo, cierto es que la irracionalidad es un pecado del cual ninguna religión ha estado ni está libre -tampoco de maniqueísmo e intolerancia-, incluyendo a las tres mencionadas. En ellas la irracionalidad es típica de una deformación histórica recurrente llamada “pietismo”: la afirmación de la fe contra la razón, precisamente por el erróneo supuesto de creerlas incompatibles. Irónicamente en este supuesto coinciden y están plenamente de acuerdo los devotos más piadosos (“pietistas”) con los ateos racionalistas más irreverentes e impíos. Pero el supuesto es falso; y por tanto, la elección entre fe y razón es un falso dilema. No hay que elegir porque no se contradicen, como han demostrado siempre los buenos escolásticos judíos, cristianos y musulmanes, y confirmado más recientemente el Papa Juan Pablo II en su maravillosa Encíclica titulada precisamente “Fe y Razón”.

 

Ahora bien, los actuales aborigenismos latinoamericanos expresamente rechazan el cristianismo, que denuncian como “la religión impuesta por los conquistadores”. Con bastante coherencia, declaran reivindicar las religiones naturalistas, originarias de nuestras tribus indígenas, y de las transplantadas tribus africanas. Endiosan la naturaleza; lo que explica su ecologismo radical, su adoración de la agricultura, y su exclusivismo tribalista-nacionalista. Y sus antropologías son jerárquicas o de castas; lo que explica su colectivismo y estatismo, y el desprecio a veces criminal por aquellos seres humanos considerados inferiores. Son religiones politeístas y animistas, sincretizables entre sí; y de hecho lo hicieron por más de 500 años. Ahora sincretizan con esa religión civil más moderna, la estatolatría, promovida también por la Neoizquierda. Es el estatismo elevado a nivel de religión idolátrica, incluyendo su propia santa trinidad bizarra: Estado, Gobierno y Pueblo. Y las religiones naturalistas también sincretizan con la “Nueva Era”, un avivamiento de la antiquísima herejía gnóstica, hoy para uso de la clase media.

 

La irracionalidad radica en el politeísmo, que es autocontradictorio: no puede haber muchos dioses, porque si uno de ellos lo es, los demás dejan de serlo.

 

Pero la irracionalidad tiene consecuencias. Entre otras, el desprecio del argumento, la demostración y la evidencia -y la persuasión-; el misticismo ascético; y la violencia.

 

 

Maniqueísmo

 

Toda religión enseña a distinguir el bien del mal, pero el maniqueísmo pone a ambos principios a la misma altura. Califica como diteísmo, una variedad del politeísmo. Originalmente fue una creencia atribuida a Manes, un sirio del s. III, criado en la religión persa del Zoroastrismo.

 

Variedades maniqueas se extendieron en Asia y el norte de Africa, con gran influencia en las sinagogas judías e iglesias cristianas. San Agustín adoptó el maniqueísmo, y después de su conversión al cristianismo lo refutó en algunas de sus mejores páginas. Hoy el concepto se emplea en un sentido lato, para designar toda opinión incapaz de percibir matices entre lo blanco y lo negro, y para la cual todo lo extraño, ajeno o externo, es por definición enemigo mortal, al que no vale dar cuartel. De ello la literatura etnocacerista presenta abundantes muestras inequívocas.

 

 

Intolerancia

 

Si se quiere, es lo de menos. Porque el Perú ya está acostumbrado. ¿O no había mucho de esa religiosa intolerancia en las versiones que Haya de la Torre y Mariátegui nos dieron del socialismo y del marxismo, y en la ideología oficial del velazquismo? ¿y en el senderismo? Pero mejor dejamos de evocar malos recuerdos.

 

 

CONCLUSIÓN

 

Digamos para terminar el artículo -y la serie-, que una de las causas más poderosas de eclipse del liberalismo, y de la vigencia del estatismo, de su tenaz persistencia y creciente agravamiento, es que la gente no practica la religión como debe ser. La explicación es simple:

 

Suponga Ud. una persona que ama y adora verdaderamente al Dios real con todo el corazón, toda el alma y toda la mente, como dice Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio de San Mateo (22:37) que es el primer mandamiento, para los cristianos. Idem para los judíos, según Deuteronomio (otra vez, 6:5). O sea con todo su ser y facultades humanas. Diga, ¿cree Ud. que esa persona podría amar y adorar al Estado? ¿O al Partido de moda? ¿O al “líder” del Gobierno de turno? Noooooo, porque sencillamente el lugar estaría ocupado. Si de repente a una persona le entra una veneración idolátrica por el Estado o el Partido (o el líder), es que el lugar estaba vacío. ¿Me explico?

 

Es decir: si buen número de personas practicara la religión como debe ser, y Dios ocupara su lugar debido en su corazón, su alma y su mente, entonces los Gobiernos tendrían que limitarse a ocupar el rol de meros administradores. Empleados. Para unas pocas funciones determinadas: oficiales de justicia, policía, bomberos, defensa y obras públicas, y recoger la basura; y nada más, sin tanta pompa y ceremonia, figuración ni altivez. Y sin tantos poderes, facultades y prerrogativas. Y sin tanto billete. (Perspectivas que a Gobiernos y políticos les alarman, es obvio ...)

 

¿Se da cuenta Ud. de que si la gente practicara la religión como debe ser, el liberalismo sería naturalmente el sistema de Gobierno, adoptado sin discusión? Porque el Estado sería nada más ese “gendarme” y “vigilante nocturno” caricaturizado por los antiliberales de todas las épocas, a quienes tanto disgusta el concepto, contra el cual refunfuñan siempre agrios. ¿Pero qué otra cosa pueda ser, dígame Ud.? ¿Empresario, médico, maestro, ductor moral? ¿Papá y mamá? (¿Y se da cuenta Ud. de que un verdadero creyente es políticamente un liberal, al menos en potencia ...?)

 

Esto es, queridos amigos peruanos, lo que quería decirles, con mucho afecto; así que FELIZ AÑO PARA TODOS. Muchas gracias por su amable atención, y espero les haya sido de algún servicio.


Fuente: http://albertomansueti.tripod.com  

E-mail:alberman02@hotmail.com

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