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CUIDADO CON LOS SUBSIDIOS, LA FE HACE LA DIFERENCIA POR HANS PETER MULLER* |
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Durante la crisis económica de los años 1930 y debido a la creciente concentración urbana, el gobierno de los Estados Unidos decidió crear un programa gubernamental de alivio para los afectados por esta extrema crisis. Este programa de asistencia social aún perdura hoy y se concentra esencialmente en la distribución de subsidios para los más necesitados. El programa conocido como el New Deal se encuentra bajo una creciente crítica por sus pobres resultados. A pesar de los enormes recursos transferidos durante setenta años a las personas marginadas, el problema de la pobreza no ha disminuído. El sistema, burocrático e impersonal, no logró cambios duraderos en la vida de los beneficiarios. Ahora crece la conciencia de que falta un enfoque hacia lo moral y la responsabilidad personal en estos programas gubernamentales. Antes de la iniciación de los programas oficiales, eran las iglesias y organizaciones particulares las que se encargaban de la caridad, como mantener ancianatos, hogares para niños abandonados, sanatorios para enfermos mentales. Actualmente son agencias gubernamentales las que prestan este servicio, pero también delegan estas tareas a organizaciones religiosas como por ejemplo el Servicio Social Católico o el Servicio Social Luterano. Pero estas organizaciones religiosas tenían prohibido usar sus programas evangelísticos y de restauración personal cuando recibían fondos del estado. Barbara von der Heydt compara las personas atrofiadas por el recibo de subsidios durante mucho tiempo con las víctimas del comunismo practicado en el pasado en Europa Oriental. Según ella, todas tienen la misma enfermedad. Los síntomas son almas atrapadas en la dependencia y sumergidas en un vacío moral. Regalar cosas materiales contínuamente solo aumenta la dependencia, destruye la iniciativa y la autoestima. Ninguna vivienda o comida cambia al alcohólico, al drogadicto o al desempleado crónico, no importa qué organización provea la ayuda. Sólo la ayuda que se dirige a las raíces de los problemas puede provocar cambios reales. Se necesita más que un incentivo para obtener trabajo, se necesitan habilidades para llegar a ser autosuficiente. En los barrios marginados se ven personas que nunca han tenido un trabajo fijo y cuando lo consiguen, tienen dificultades de mantenerlo porque no aprendieron valores para el trabajo, hábitos de puntualidad y cómo seguir instrucciones. Si ganan dinero, solo pocos saben como administrarlo y ahorrar. Pocos tuvieron modelos de cómo vivir responsablemente o como planear el futuro y los adolescentes no son formados por adultos responsables. Muchas madres solteras que se benefician de los subsidios, nunca observaron un matrimonio estable. Si entregamos subsidios sin una asistencia espiritual, nos hacemos partícipes en el daño que se hace a las personas. La pobreza es más que una condición material, es también una condición del espíritu. Ningún programa de ayuda social produce cambios duraderos en la vida de los beneficiados, si no toma en cuenta las necesidades materiales como también las espirituales. La represión externa no puede crear orden en el interior de la persona o crear cualidades humanas. Ninguna ley motiva a la gente o la hace responsable y virtuosa, solo la ley escrita en los corazones lo puede hacer. Reducir la caridad a la mera entrega de subsidios es una bancarrota espiritual. La importante reforma de los programas de ayuda social en los Estados Unidos en el año 1996 produjo un gran cambio para las organizaciones religiosas que quieren prestar ayuda social y recibir fondos del gobierno. Reconociendo la ineficiencia de los programas de ayuda sin apoyo moral y espiritual, se invita ahora a la iglesia a cooperar en el esfuerzo de eliminar la pobreza. “El ABC de la Compasión Efectiva” de Marvin Olasky llama la atención a las iglesias interesadas en este tema. Las preguntas que deben hacer si quieren diseñar un programa de ayuda que remplace al estado benefactor son:
El Reverendo Robert Sirico, Presidente y fundador del Acton Institute escribe referente a la restauración de los necesitados: “La capacidad de la iglesia de cuidar a los pobres esta directamente conectada a su entendimiento y a la convicción de su propia misión. Los creyentes deben asegurarse de que no solo suplen las necesidades materiales; ellos deben creer que su misión es más amplia y más importante. Ellos deben estar convencidos de que suplen también las necesidades espirituales, que están salvando almas, que preparan a la gente no solo para vivir en este mundo sino también para el próximo. Para eso necesitan en primera instancia revitalizar su doctrina y su fe. Si la iglesia no cree en su primera misión que es la redención de los seres humanos, no será capaz de mantener el entusiasmo e interés en su segunda misión, el trabajo de la caridad. Y eso quiere decir que nuestra iglesia debe proseguir con la conversión de las almas.” Están las iglesias preparadas para entrar en la brecha y restaurar a los pobres y necesitados? Seguramente no. Necesitan entrenamiento y una planeación estratégica. Los miembros de la iglesia sí pueden abrazar a un niño o a una familia y sanar sus vidas. Muchas personas están dispuestas a ayudar, pero necesitan alguien con visión que los guíe. Aceptar la gran tarea y dividirla en partes posibles de resolver y estructurar equipos de acción, es lo que recomienda a las iglesias Virgil Gulker de Kids Hope USA . Encuentro en muchos Cristianos la preocupación sincera por los mas necesitados y marginados, pero su error es que responsabilizan al gobierno de la situación y exigen de éste la solución, olvidando que la Biblia enseña qué deben hacer como seguidores de Cristo. Algunas familias sufren necesidades por causas externas como el desplazamiento forzoso o la pérdida de un trabajo. Un subsidio temporal puede ser muy útil mientras se reubican. Otros, y en mi opinión la mayoría de los pobres, necesitan ante todo una restauración personal, persona por persona, de adentro hacia fuera, de la persona a la familia y de la familia a la comunidad, y eso solo puede hacerlo la iglesia.
* Presidente de la Red Business Network |
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OFICINA DE ILE |
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INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE) Free Enterprise Institute Lima,
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