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¿IGUALDAD O DESIGUALDAD? POR HANS PETER MULLER* |
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Alguien levanta una manzana y dice ¡”esta es igual”!, sus compañeros perplejos preguntarán ¿“igual a que”?. Decir que la manzana es roja cuando tiene este color, tiene sentido, pero decir que es “igual” no. Suponemos que la persona con la manzana contesta ”igual a este pedazo de madera”; otra vez sus amigos quedan perplejos y se preguntan “en qué sentido son la manzana y el pedazo de madera iguales?”; el hombre contesta “en lo que se refiere a su peso”. Ahora se aclaró lo que pensaba la persona, a pesar de todas las diferencias entre la manzana y el pedazo de madera, sus pesos son idénticos. Respecto a su peso, las dos cosas son intercambiables. Si por una razón, una persona quiere pesar un cantidad de azúcar igual al peso de la madera, su peso sería igual al de la manzana. Simplemente, la palabra “igualdad” indica una relación entre alguna cualidad o característica entre dos o mas cosas o asuntos. En lo que respecta a estas cualidades o características con que se comparan, son idénticas. Dos pedazos de madera pueden ser idénticos en su largo. Tres piezas de ropa pueden ser idénticas en el color. Cuatro esferas pueden ser idénticas en su peso, diámetro y composición del material. Entonces, cuando unos objetos son iguales referente a sus cualidades, características o propiedades, son idénticos y por eso son intercambiables. Suponemos que alguien manifiesta que “todos los seres humanos son iguales”. Esta persona sugiere que en algunas cualidades, características o propiedades, todos los seres humanos son idénticos y por esta razón intercambiables. ¿Pero de cuales cualidades, características o propiedades puede tratarse? En verdad, no encontramos ninguna característica física, intelectual o emocional que tengan todos los seres humanos en común. Lo que reconocemos con certeza es que cada persona es única. No podemos manifestar que todos los seres humanos son iguales, pero algunos exigen que todos sean tratados iguales. Podemos ver qué absurdo es este intento. Nos imaginamos que una mamá o un papá den a su hijo adolescente la misma cantidad y tipo de comida que a su bebe de tres meses. Nadie estaría de acuerdo con eso. Por qué se piensa entonces que se debe tratar a todos igual?. Tratar a todas las personas igual no tiene en si un mérito moral. ¿Que es mejor: Tratar a todas las personas amablemente o a todas con la misma amabilidad? Seguramente lo primero. Lo segundo se satisface cuando todos son tratados igual con poca o ninguna amabilidad. Para hacerlo mas fácil, la “igualdad” del tratamiento que se da a la gente no dice nada sobre la “calidad”. En realidad, los devotos de la “igualdad” no están nunca satisfechos. Las personas son desde el punto de vista objetivo “desiguales”: No existe una calidad, propiedad o característica física, intelectual o emocional que los humanos posean en el mismo grado. Tratar a desiguales de la misma manera con tanta diversidad, hace que el resultado sea desigual. Entonces, para tener resultados iguales, la gente desigual tiene que ser tratada desigualmente. Tratar igual, con resultados desiguales es visto como incorrecto. Producir resultados iguales con un tratamiento desigual, también es condenable. Demos un paso atrás. Mas allá de lo físico, intelectual o emocional, existen algunas cualidades, propiedades o características que todos los seres humanos comparten igualmente. Todos en virtud de ser seres humanos trascienden lo físico y tienen la capacidad de formular su visión de la vida y se esfuerzan por hacer su visión una realidad. Todos, en realidad o en potencialidad pueden gobernarse y comportarse con un cierto propósito para crear esta vida. Todos contienen la imagen de Dios de acuerdo a la historia de la creación y eso significa, que en esta parte, el ser humano puede emular la creatividad divina. Por lo tanto, todos disfrutan de los mismos derechos humanos. Los seres humanos tienen la capacidad, similar a Dios y dentro de ciertos límites, de gobernarse a si mismos y determinar lo que hacen. Los derechos humanos o naturales funcionan como límites, definiendo y protegiendo el espacio moral que cada individuo necesita mantener para tener la soberanía sobre su vida en la consecución de la excelencia moral. Nadie puede legítimamente ser violento, robar o defraudar a una persona que trata en forma pacífica de hacer realidad su visión para su vida. Además, si todos disfrutan de los mismos derechos, todos deben ser iguales frente a la ley. Leyes especiales para clases especiales o castas son nefastas. Las categorías como hombre o mujer, sabio o simple, blanco o negro, rico o pobre son totalmente irrelevantes. Por milenios, ese no era el caso. Hombres y mujeres tenían garantizado un orden social de castas y clases con privilegios legalmente establecidos. Lo que legalmente era permitido para unos, era prohibido para otros. Surgieron las protestas porque todas las personas son iguales y deben ser iguales frente a la ley. Ninguna persona por naturaleza es inferior a la otra y en este sentido, frente a la ley, todos tienen que ser tratados como “iguales”. *
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