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¿LOS
IMPUESTOS DESARROLLAN UN PAÍS? |
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Más
o menos esta pregunta surgió hace más de un año, durante un foro que
fue organizado por tres importantes gremios empresariales, con el propósito
de reunir a expertos en comercio internacional, para que discutieran qué
tipo de aranceles generan desarrollo, entre si el Perú debía optar un
arancel plano o un escalonado. Al término del evento, la encuesta arrojó
que más de un 50% prefirió un arancel más bajo, indistintamente si
era plano o escalonado. El
sentido común de la gente arrojó cierta luz respecto de la naturaleza
de los impuestos. Al pagar impuestos, el sector privado se deshace parte
de su ganancias generadas exitosamente, producto de la combinación
acertada de los factores de la producción, para financiar bienes o
servicios que no necesariamente coinciden exactamente con las preferencias de los
consumidores en el mercado. La pregunta es:¿si los impuestos pagados
por las empresas desarrollan al país?. Si fuera cierto, a mayor nivel
de impuestos un país podría salir fácilmente del atraso económico y
social. Pero como usted habrá notado algo falla en este razonamiento.
Eso mismo se puso en evidencia cuando los empresarios contestaron la
encuesta del evento. Ellos intuyeron que se trataba mas de redistribución
que de creación de riqueza. Los
impuestos son el precio que debemos pagar que nadie destruya los
mercados, que nadie le robe a nadie y que todo funcione en buen orden.
Pero si la tarea se lleva en buena forma y, sobre todo, si un gobierno
se apega a los principios de una sociedad de individuos libres, la
cantidad de impuestos que debe pagar cada ciudadano será mínima. Pero
cuando los impuestos son altos (como los actuales aranceles a las
importaciones) se traducen en precios más caros; porque todos los
impuestos se trasladan en última instancia, hacia abajo. Impuestos
para “que pague a quien más tiene” dañan al más pobre. Esa es la
propuesta muy extendida entre quienes postulan redistribuir la riqueza. La
verdad es que cuando los ricos pagan altos impuestos sacrifican futuras
inversiones, escondiendo la riqueza en lugar de invertirla. Esos
impuestos equivalen a empresas que no se inauguran, o que no crecen, o
reducen sus operaciones. Son despidos y desempleos; y empleos directos
que no se generan, e indirectos que tampoco ven la luz. Son sueldos y
salarios que no se ganan; y que por tanto no adquieren bienes y
servicios, que por su parte tampoco se producen. ¿Eso significa
desarrollo?. Es uno de los tantos métodos antiempresa y antiempleo que
finalmente perjudican a las clases sociales menos ricas.
Por
si fuera poco, el fundamento del por qué un impuesto no es sinónimo
de desarrollo, sino que además colisiona con la esfera de lo moral, se
debe a que estamos pasando por alto el derecho que tiene cada uno a la
propiedad privada. El sueldo de un obrero, las ganancias de un
comerciante o las utilidades de un empresario son propiedad privada y,
por lo tanto, no puede ser alegremente arrebatada permanentemente con la
creación o subida de los actuales impuestos, así venga legalmente del
Poder Ejecutivo o del Congreso, ni de la mafia ni de nadie. ¿Ahora
entiende usted por qué los impuestos aparte de crear subdesarrollo son
inmorales en su naturaleza?.
Por eso, ante la inminente reforma del régimen económico se sugiere
poner un candado constitucional, de tal manera que los impuestos y el
endeudamiento interno y externo del Estado, sean aprobados mediante un
referéndum popular. Así como el Congresista Javier Diez Canseco tiene
la iniciativa de sacar firmas para impedir la privatización de Sedapal,
del mismo modo, debe hacer suya esta propuesta, para impedir que en el
futuro se aprueben la creación de nuevos impuestos y se endeude
nuevamente el Estado. |