MUERTE O INFORMALIDAD EMPRESARIAL POR Gustavo Loayza Acosta 


En el Perú es cada vez más frecuente el surgimiento de una nueva empresa. Puede que ésta sea formal o informal y con menos de 10 trabajadores. Un 72% de estas empresas pertenecen en su mayoría a personas naturales y muy pocas están en registros públicos como SAA, SAC, EIRL, SRL, etc. La explicación se debe principalmente al alto costo del acceso a la formalidad. De acuerdo a cifras del Ministerio de Trabajo la tasa de mortalidad de las empresas formales es del 80% y quiebran antes del tercer año de funcionamiento.

 

Aseguran muy optimistamente que sus causas principales se deben “sólo” a la falta de experticia empresarial. Hace poco nos enteramos que de las 1,800 pymes del parque industrial de Villa el Salvador 600 estaban paralizadas. Y dudo que la causa de esta situación sea la falta de experiencia empresarial. Las razones verdaderas van más allá del management, son exógenas a ellas, y estamos hablando de la alta carga tributaria no sólo limitada a la SUNAT. Hay de otros tipos como las tasas que cobran la mayoría de las municipalidades.

 

Las municipalidades se han convertido en estos tiempos las que más trabas ponen a los nuevos emprendimientos gracias a sus famosos  TUPA, que como lo indica el Boletin CAD, muchos de estos son ilegales. Es decir, cobran lo que les da la gana teniendo como fin supremo la “generación de recursos propios”. Todos los organismos estatales, incluyendo sus funcionarios, tienen el mismo razonamiento del Ministro de Economía; ven a los empresarios pymes como “nuevas” fuentes de ingreso para solventar sus gastos.

 

Cada nueva empresa sea del tamaño o denominación  que tenga, es el resultado de una decisión emprendedora, decisiones por invertir lo poco que le queda, decisiones que surgen muchas veces del desempleo. Un empresario no decide ser informal, son los altos costos estatales que lo conducen a ello.

 

El Estado no puede seguir viendo a las empresas como su “caja chica”. Es una locura tener por un lado un organismo como Prompyme y por el otro asesinando a las nuevas iniciativas empresariales con altos impuestos y tasas. El mejor Estado promotor es el que reduce gastos corrientes, utiliza eficientemente sus recursos y contribuye con la competitividad empresarial mediante la reducción de impuestos. Necesitamos un Estado limitado donde el empresario sea su aliado y no su próxima víctima.

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