LOS INTELECTUALES Y EL SOCIALISMO.- POR FRIEDRICH HAYEK  (*)

 

Podría pensarse que una sociedad libre tal como la hemos conocido lleva en sí misma las fuerzas de su propia destrucción, podría pensarse que una vez que se ha logrado la libertad se da por garantizada y deja de ser valorada, y que el libre crecimiento de las ideas que es la esencia de una sociead libre traerá la destrucción de los fundamentos de los cuales depende. Cabe dudar muy poco que en paises como los Estados Unidos el ideal de la libertad hoy en día tiene mucho menos atractivo para los jóvenes del que tiene en los países donde ellos han aprendido lo que significa su pérdida. Por otra parte, existe cada signo de que en Alemania y de que en algunos otros lugares los jóvenes que jamás han conocido una sociedad libre, la tarea de construir una puede convertirse en algo tan excitante y fascinante como cualquier esquema socialista que haya aparecido en los últimos cien años. Es un hecho extraordinario, aunque muchos visitantes han experimentado que al hablarle a los estudiantes alemanes sobre los principios de una sociedad libre uno encuentra una audiencia mucho más perceptiva e incluso mucho más entusiasta de los que uno podría esperar encontrar en cualquiera de las democracias occidentales. En Gran Bretaña también ya está apareciendo entre los jóvenes un nuevo interés en los principios del nuevo liberalismo que ciertamente no existía algunos años atrás.

¿Significa esto que la libertad es valorada sólo cuando se ha perdido, que el mundo debe ir siempre a través de una oscura fase de totalitarismo socialista antes de que las fuerzas de la libertad puedan volver reforzadas? Podría ser así pero yo espero que yo tenga que ser así. de hecho en tanto la gente que determina la opinión pública a través de largos períodos continue siendo atraída por los ideales del socialismo, la tendencia continuará. Si queremos evitar tal desarrollo debemos ser capaces de ofrecer un nuevo programa liberal atraiga a la imaginación. Tenemos que hacer de la construcción de una sociedad libre una vez más una aventura intelectual, un desafío para el coraje. De los que carecemos es de una Utopía liberal, de un programa que no parezca ni la mera defensa de las cosas tal como están no algún tipo diluido de socialismo sino más bien un verdadero radicalismo liberal que no hiera las suceptibilidades de los poderosos (incluyendo los sindicatos), que no sea demasiado severamente práctica y que no se confine asímismo a los que aparece hoy en día como políticamente posible. Necesitamos líderes intelectuales que estén preparados para resistir las sensibilidades del poder y la influencia y que estén deseosos de trabajar por un ideal cualquiera pequeños que sean los prospectos de su más temprana realización. Debe ser hombres que estén deseosos de afirmar principios y de luchar por su completa realización, cuan remotos parezcan. Los compromisos prácticos deben dejárselos a los políticos. El libre comecio y la libertad de oportunidad son ideales que todavía pueden surgir en la imaginación de gran número de gente, pero una mera "razonable libertad de comercio" o una mera "relajación de los controles" no es ni intelectualmente respetable ni parecería que puede inspirar algún entusiasmo.

La principal lección que el verdadero liberal debe aprender del éxito de los socialistas es que fue su coraje para ser útopicos lo que les permitió ganar el apoyo de los intelectuales y a partir de allí una influencia sobre la opinión pública que diaramente está haciendo posible lo que solo hace poco parecía tremendamente remoto. Aquellos que se han involucrado exclusivamente con aquello que parecía practicable en el estado de opinión existente han encontrado constantemente que incluso esto se ha convertido con rapidez en políticamente imposible como resultado de cambios en la opinión pública con respecto a los cuales no han hecho nada para guiar. Hasta que no podamos crear de los fundamentos filosóficos de una sociedad libre una vez más un tema intelectual viviente, y de su realización una tarea que desafíe el ingenio y la imaginación de las mentes más vívidas, los prospectos de la libertad serán realmente oscuros. pero si podemos volver a ganar en el poder de las ideas que ha sido el distintivo del liberalismo en su mejor momento, la batalla no está perdida. La resurrección intelectual del liberalismo ya está de hecho en camino en muchas partes del mundo. ¿estaremos a tiempo?.

(*) Premio Nobel de Economía 1974.

 

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