POR UNA LEY MENOS CADA DIA POR GUSTAVO LOAYZA ACOSTA


Lo peor que podría pasarle a una persona es el recorte de su libertad. No tendría libertad para transitar, para opinar, para crear. Pero hay otra forma de restringir estas libertades personales sino es a través de leyes que obligan a pagar tributos, impuestos y aranceles, y cumplir con lentos y costosos trámites burocráticos, de manera que cualquier emprendimiento limitaría conseguir sus fines personales.

 

Mucho se ha escrito de la actitud de la raza wanka: la rebelde, la indomable, la inconstrastable. En la “Guerra de los Wiracochas” de Juan José Vega explica cómo las comarcas del Valle del Mantaro, entre ellos los Huancas y los Jaujas, encontraron en los españoles “la salida” frente a la dominación y sojuzgamiento que ejercían sobre ellos el Imperio Inka, por ésta razón los apoyaron y lucharon juntos contra el ejército de Atahualpa creyendo encontrar en ellos un camino a la libertad. Similar reacción se dio en el pueblo escocés  por la “prima nocte” impuesta por el Imperio Anglosajón; así como la actitud de los “zelotes” judíos frente  a la dominación romana.

 

En estos tiempos de modernidad las libertades económicas se han ido perdiendo no por imperios sino por la sutil intervención de nuestros gobiernos a través de leyes democráticamente aprobadas. Como muestra debemos decir que todos los congresos en el Perú a partir de 1930 dictaron leyes intervencionistas de tipo laboral y profesional, para cada oficio o quehacer, y para cada una de las actividades económicas. Estas sólo se fueron reformando en cada periodo congresal y todas las reformas obedecieron siempre a los intereses económicos de quienes querían participar en un mercado cerrado a la competencia. De modo que no nos debe sorprender que el Congreso despilfarre recursos en la aprobación de leyes de las más extravangantes, tanto o más que sus mentores, lindando muchas veces con la estupidez, y hasta con el plagio. ¿Acaso no sufrimos de inflación legislativa?. Al 17 de agosto de 2004 en el portal web del Congreso se informa la friolera cifra de 28,338 leyes desde 1904. Al parecer los congresistas razonan de esta manera: la prosperidad económica peruana es directamente proporcional al número de leyes dictadas. De ahí que entendemos que por que dictan tanta leyes a su antojo sino es para estar en los “top-ten” de los congresistas “más productivos”. Lo único que se asegura con más leyes es el recorte de las libertades y el atraso económico del Perú.

 

En resumen, la salida para el Perú es primero jurídica antes que económica. Las leyes deben cumplir al menos con tres requisitos: ser bien definidas, conocidas y permanentes. Ojalá que los congresistas “wankas” como Pedro Morales, Carlos Infantas, Hildebrando Tapia y Alcides Chamorro tenga a bien por derogar cuanto antes aquellas leyes malas que imponen trabas a libre mercado en nuestra región, si es que no quieren seguir favoreciendo a los mismos grupos económicos de siempre que dan la espalda a la sana competencia.

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