LIBERALISMO CLÁSICO Y CRISTIANISMO POR HANS PETER MULLER*

 

 

Durante la I CONFERENCIA  LIBERAL HISPANOAMERICANA celebrada en Lima el mes pasado, en el cual representé a Colombia,  tuvimos la oportunidad de analizar los actuales movimientos políticos en Latinoamérica a la luz del Liberalismo Clásico. Este pensamiento liberal no coincide con lo que conocemos en Colombia desde la perspectiva del partido político Liberal de tendencia socialista. Para distinguir este pensamiento del partido Liberal, usaré el nombre Liberalismo Clásico. Sus fundadores son los economistas y filósofos Austriacos Friedrich Hayek y Ludwig von Mises entre otros. Ellos iniciaron el desarrollo del Liberalismo Clásico a finales del siglo diez y nueve y continuaron con sus trabajos en Inglaterra y los Estados Unidos debido a la persecución que sufrieron por el Nacional Socialismo de Alemania. La persona más conocida en la actualidad de esta corriente política y filosófica es Milton Friedman.

 

El Liberalismo Clásico tampoco debe confundirse con el Neoliberalismo. La mayoría de los gobiernos Latinoamericanos adoptaron de una u otra forma algunos elementos del Liberalismo Clásico durante la década de los noventa. Pero las pocas reformas no han sido suficientemente profundas y han sido mal logradas en algunos casos. Los monopolios que eran del estado, como la producción de energía eléctrica o de las comunicaciones, pasaron a monopolios privados, controlados por los mismos grupos políticos. De esta forma no se produjeron los resultados esperados que vienen de la libre competencia, como son mejores servicios a menor costo. La apertura económica fue abrupta, sin tiempo de ajuste para la producción nacional y además de eso muy incompleta.

 

¿Qué políticas promueve entonces el Liberalismo Clásico? Exige del gobierno el estricto cumplimiento de las funciones para las cuales fue inicialmente creado, como son: garantizar la libertad, integridad e igualdad de cada ciudadano frente a la ley.  El gobierno debe servir a los ciudadanos y la constitución debe protegerlos frente a posibles abusos del poder. El gobierno debe mantener el orden exigido por la constitución y la ley, proveer la justicia, proteger la propiedad privada y organizar la defensa de agresores del exterior. También debe proveer algunas infraestructuras tales como carreteras y acueductos. Pero la producción es exclusiva del sector privado. Se sugiere un gobierno pequeño por su crónica ineficiencia. Cuando menos recursos maneja, menor es la tentación a la corrupción. El Liberalismo Clásico aboga por impuestos planos de 10 a 15% y como resultado aumentará el recaudo y los recursos liberados serán invertidos en la creación o ampliación de las empresas, produciendo así el trabajo para los necesitados. La salud y la educación deben estar en manos privadas, y no es necesario ilustrar el mal manejo y la mala calidad del servicio que presta el estado colombiano en estos dos rubros, gastando enormes recursos.

 

Contrario a otras corrientes políticas, el Liberalismo Clásico coloca al ser humano en el centro y por encima del estado, como persona libre que tiene dominio de sí mismo para poder desarrollar sus capacidades recibidas de Dios e interactuar con la comunidad en beneficio de todos. En países como Venezuela que han tomado el camino de un socialismo estatal y dictatorial, el ser humano se convierte en un número y sus intereses son manejados por el estado que dicta lo que es bueno para el. Cabe mencionar la famosa frase de Hitler: “Todos para uno y uno para todos”; de esta forma, la libertad individual fue sacrificada en beneficio de un estado Moloc omnipotente.

 

Todos los participantes en la I Conferencia Liberal Hispanoamericana coincidieron en que en Latinoamérica hay “marea roja”. Su principal característica es la rapidez y eficiencia con que tiende a imponerse un proyecto político socialista totalitario, con muchas similitudes pero también diferencias, con la anterior “marea” de los años 60 y 70. Entre esas diferencias destaca que la nueva marea está menos relacionada con las doctrinas clásicas que guiaron a los movimientos revolucionarios latinoamericanos, como el  Marxismo Leninismo. Se inspiran más bien en tendencias de pensamiento más sincréticas, que se han aglutinado alrededor de consignas anticapitalistas y antiliberales, a corrientes de pensamiento y movimientos sociales como el ecologismo, feminismo, indigenismo, nacionalismos, y un relativismo cultural que cuestiona los fundamentos del racionalismo y la modernidad. Se destacó también que entre los principales aliados prácticos de la nueva “marea roja” está el fracaso de campañas impulsadas por el gobierno de Estados Unidos, entre las que se destaca la guerra antidroga, especialmente en Bolivia.

 

Algunos de los participantes en la Conferencia subrayaron que los pensamientos liberales clásicos tienen su origen en el Cristianismo que hace énfasis en la justicia, la propiedad privada, la libertad y el desarrollo a través de la creatividad y el trabajo. Se comentó sobre la amplia experiencia en la difusión de la enseñanza bíblica, asociada a la defensa de los valores liberales clásicos. Considerando la adhesión de gran parte de la población hispanoamericana a la religión cristiana en alguna de sus denominaciones, lo que incluye el catolicismo y los movimientos evangélicos y protestantes, se planteó el tema de la estrecha relación entre la tradición Judeo-Cristiana, muchas veces tergiversada, y los valores predominantes en la sociedad. Sin entrar en detalles, se destacó la influencia de las creencias religiosas en la conducta y conciencia de los pueblos, y por consiguiente, la posibilidad de que la enseñanza de los valores bíblicos se asocien a la difusión de los valores liberales clásicos. Son precisamente estos mismos valores, los que han producido  prosperidad y justicia en los países desarrollados que envidian tanto los latinoamericanos.

 

La “marea roja” tiene su explicación en la desesperante situación de muchos latinoamericanos y en los políticos que aprovechan esta situación para su propio beneficio, prometiendo una rápida solución a los pobres. Los modelos que ahora más atraen adeptos son los de Cuba y Corea del Norte. Estos gobiernos lograron la igualdad para todos; todos viven en la miseria, con excepción de sus gobernantes. Ellos lograron crear el paraíso en la tierra, sin Dios y persiguen a la iglesia. No, ese no es el camino que nos ha enseñado Cristo. Debemos aprender de la Biblia el modelo de desarrollo, para el cual,  el ser humano es el centro y no el estado, que nos lleva a un futuro seguro donde hay justicia y prosperidad; pero eso es solo posible a través del arrepentimiento y la restauración de los Colombianos. Un modelo para el desarrollo probado históricamente y de acuerdo con la tradición Judeo-Cristiana, lo representa el Liberalismo Clásico. 

 

(*) Email: lared@polcola.com.co

OFICINA DE ILE

INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE)

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