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HOMO ESTATISMO: ¿CASAMIENTO HOMOSEXUAL, ESTATAL O CONTRACTUAL? POR LA PRIVATIZACION DEL MATRIMONIO POR ALBERTO MANSUETI * |
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Algunos
se creen ultraliberales porque apoyan el matrimonio homosexual. Pero no
son liberales; son ultraestatistas. Defienden estos supuestos liberales la
presente regulación estatal del matrimonio, alterando sólo uno de sus
contenidos, a fin de que Papá-Estado conceda ahora su permiso para
contraer matrimonio “civil” (léase estatal) no sólo a las parejas
heterosexuales sino también a las homosexuales. (Pronto será también
para los tríos sexuales, ¿por qué no?) Pero la pregunta es: ¿quién ha
dicho que para casarse se pida permiso al Gobierno? El
matrimonio y los liberales ¿Qué
es el matrimonio civil? En Latinoamérica, en el siglo XIX hubo feroz
pelea por el poder y las jurisdicciones entre la Iglesia católica y el
Estado “liberal” (¿?) Aquel Estado le dijo a aquella Iglesia: “Tú
no tienes el derecho de casar o no a la gente”, y de seguidas se dio ese
derecho a sí mismo. Y la gente aceptó el tener que pedirle permiso al
Estado para casarse; y así es desde entonces: el matrimonio con licencia
estatal, hecho por los Gobiernos a través de sus personeros los
funcionarios públicos. Eso
no es liberal, es el intervencionismo a ultranza en la vida de las
personas llegando a la intimidad. Es demasiado. Aunque desde siempre los
Gobiernos abrigaron pretensiones de estatizar el matrimonio, si bien
declarando propósitos diversos y hasta opuestos: en Roma el emperador
Augusto lo decretó obligatorio, con fines natalistas; Mussolini y Hitler
lo seguirían siglos después. Pero en China, con fines antinatalistas, el
emperador Mao decretó “un hijo por matrimonio”. Y de paso, que
conste: este decreto criminógeno que estimula las matanzas de recién
nacidos -niñas principalmente- aún rige en China, país que los
seudoliberales nos dicen que se está liberalizando (¿?) En cuanto al
matrimonio homosexual, es lo mismo: hasta ahora el Estado nos dijo que era
inmoral, y ahora nos dice que no. Pero ¿es el Estado nuestro guía y
tutor moral? ¿Es su función decirnos lo que es bueno o malo?
Ultraconservadores y socialistas creen que sí, pese a todos los vaivenes
en las opiniones de los Gobiernos. ¿Qué
defendemos en cambio los liberales de verdad? Todo lo contrario: que para
casarse no haya que pedir permiso a Papá-Estado. Defendemos el matrimonio
contractual -como ha sido tendencia natural, histórica, y racional- por
oposición al matrimonio estatal. Desestatizar el matrimonio. Para todos
por igual, homosexuales o no. Lo
bueno, lo malo y lo obligatorio Lo
típicamente liberal es la distinción cuidadosa entre Derecho y Moral; la
defensa de la persona humana individual como fuente de Derecho aparte de
los Gobiernos -defensa del contrato privado frente a la ley del Estado-, y
la negativa a tener al Estado por mejor juez de Moral. Los principios y
normas fundamentales son estas dos: no todo lo malo ha de ser prohibido ni
todo lo bueno ser obligatorio; ni todas las normas y obligaciones han de
venirnos de las autoridades civiles. Lo antiliberal es lo diametralmente
contrario: lo malo ha de prohibirse y lo bueno ser obligatorio, decidiendo
Gobiernos y Parlamentos lo que es malo o bueno, y con monopolio de la
producción de normas y obligaciones. Los
estatistas quieren prohibirnos todo lo que ellos ven malo o es malo, p.
ej. drogas, con interdicciones legales que no resuelven el problema sino
que lo agravan y multiplican. Y pretenden obligarnos a todo lo bueno o que
ellos ven bueno, p.ej. redistribución de la riqueza, con impuestos
progresivos y confiscatorios, y con inflación y “Estado de Bienestar
Social”, que arruinan la economía. E igual con la enseñanza elemental
obligatoria, el seguro social obligatorio, la vacunación obligatoria. Así
la calidad de la educación se degrada, el Seguro Social quiebra, y las
vacunas tienen efectos secundarios; pero todo es obligatorio, desde los
condones escolares hasta la integración racial y de género (cuotas
femeninas). Sin discusión. Los
liberales en cambio no buscamos prohibir la homosexualidad, pero tampoco
que los Gobiernos ahora la eleven a categoría de buen ejemplo. Y
advertimos: mucho cuidado con esa agenda estatista homosexual que persigue
esa supuesta “homofobia” (¿?) Es peligrosa: un día, sin discusión,
pueden decretar el homosexualismo rigurosamente obligatorio y a todos nos
van a …, sí, eso (¿me explico?), y por la fuerza, a la brava, estilo César
Augusto y Mao-Ze-Dong. Homosexualidad Hay
distintas opiniones. La PC (política correcta) pretende que se
“destape” porque es novedosa y progresista. Algo “chic”, un
refinamiento. Pues
la homosexualidad no es novedosa. Vea Ud. cualquier fuente confiable sobre
historia de Grecia y Roma antiguas: los emperadores se exhibían con
amantes de ambos sexos, en actos, fiestas y celebraciones orgiástico-religiosas
paganas, estilo Alejandro el Grande y su célebre Bagoas. Y muchos ricos y
famosos de entonces los imitaban. Y antes de eso, tenemos los casos de
Egipto y Persia. Y la Biblia nos cuenta de Sodoma y Gomorra, pero mejor
dejemos ese punto para no escandalizar a la progresía. Pero
es que la homosexualidad tampoco es progresista: averigue Ud. bien por
favor las razones de la decadencia de Grecia, y de la caída del Imperio
Romano. La homosexualidad reviste en el amplio catálogo de las conductas
notablemente primitivas y salvajes (y es muy cierto que la hay en el mundo
animal). Como otras muchas costumbres incivilizadas de la Antigüedad
pagana, repase Ud. por favor: la esclavitud; el derecho de vida o muerte
sobre las esposas, los hijos y los esclavos; la eugenesia y la eutanasia,
con aborto, infanticidio -de las hijas sobre todo- y liquidación de inválidos;
el totalitarismo político en todas sus formas; la conquista y cruel
sometimiento de pueblos considerados racialmente inferiores; la tortura a
los procesados judiciales para hacerles confesar; las comilonas y
borracheras públicas a cargo del erario fiscal; y los espectáculos de
Circo (también a cuenta del Fisco) con gladiadores combatiendo a fieras y
fieras comiendo gente. ¿Son estos “adelantos” y refinamientos los
propios de las exquisitas civilizaciones antiguas? De
Nerón a Hitler, la permisividad sexual en las sociedades ha ido muy de la
mano con el totalitarismo en los Gobiernos. Y con el paganismo. Y ahora,
cuando los neosalvajes amenazan, restringen y quitan en todas partes las
libertades políticas, económicas y de pensamiento, estimulan la
permisividad sexual. No es casual. Pero
en fin, hay gente que piensa de otra forma. Y por supuesto que es salvaje
perseguir a quien piensa de otra forma, caso de cristianos sirviendo de
comida a los leones y espectáculo a los antiguos romanos, o de
homosexuales. Y de esa muy mala costumbre se nos acusa mucho a los
cristianos, y se nos recuerdan las Cruzadas y la Inquisición. El
cristianismo Pero
hoy tenemos una muy intolerante y agresiva inquisición PC. Y una cruzada
global anticristiana -y harto repaganizante- en los tres frentes: ideológico
-guerras culturales-, político y militar. Se denigra del cristianismo, y
bien viene para ello la “homofobia”. ¿Cuál es la realidad? Que
desde muy temprano el cristianismo presentó objeciones, reparos o
rotundas negativas a las conductas primitivas inmorales, de griegos,
romanos o bárbaros, incluyendo la homosexualidad. Es muy cierto. Por eso
existió Occidente: una civilización cristiana, superior, hecha de
matrices y aportes judíos, griegos, romanos y bárbaros. Porque lo bueno
y noble del mundo clásico y su cultura -no lo malo- fue preservado en los
monasterios, y después en las Universidades. Y
cierto que las Iglesias llevaron por siglos registro de matrimonios; como
de nacimientos y defunciones. Es muy cierto también. Pero el matrimonio
cristiano era y es un contrato, celebrado entre los contrayentes, ante
Dios, y pidiendo Su bendición. Hasta hoy la Iglesia católica -y otras
con sacramentos- declaran que los ministros del matrimonio son ambos
prometidos, no el sacerdote, quien sólo preside la asamblea
(“Ecclesia”) de creyentes, ante la cual -como funcionario privado-
comprueba y testifica que la unión es libremente concertada por personas
capaces de formular los votos. Eso es un contrato. ¿Qué son los votos?
Promesas que ambos contratantes se intercambian. El sacerdote no es parte.
¡Y menos el Gobierno! Esa
es la concepción cristiana. Aparte las deformaciones históricas
sufridas, desde el punto de vista político -aparte la Teología
involucrada- es un concepto privado, contractual y liberal del matrimonio.
Y es así porque en pasaje alguno de la Biblia se ordena o da derecho al
Gobierno civil para consagrar matrimonios o requerir licencia estatal para
casarse, ni hay fundamento alguno escritural para esa tal pretensión. El
matrimonio es una institución bíblicamente anterior al Gobierno humano y
por ende privada, como lo son la familia, el trabajo y la empresa
productiva, la Iglesia, la educación y la escuela; y la Biblia es un
documento destinado, entre otros fines, a poner sus límites a los
Gobiernos. Y eso no cambia, aunque pase de moda. Matrimonio
y escuela Es
antiescritural, no cristiano -y un tanto ridículo- que un Ministro
religioso pida a los contrayentes la licencia estatal como requisito para
la celebración del matrimonio cristiano como Dios manda. Eso es poner al
Gobierno antes y por encima de Dios. Inaceptable. Y
tan antiescritural, no cristiano e inaceptable como el matrimonio estatal
es la escuela estatal. Y sin fundamento esa pretensión de los
ultraconservadores sobre oraciones y enseñanza religiosa en escuelas
financiadas con impuestos. Todas las escuelas -religiosas o no- han de ser
privadas. El problema es que demasiados cristianos desconocen el
Cristianismo. El
matrimonio contractual y los cristianos ¿Cómo
sería el matrimonio en una sociedad liberal? Privado. Contractual. El
contrato social se registraría ante notario, escribano o registrador,
como hoy hacemos con una compraventa o una sociedad comercial. Sus clásulas
establecerían las condiciones pactadas para los hijos, los bienes, el
futuro y las sucesiones y herencias. Y las causales de disolución de la
sociedad, si la hubiere, o la indisolubilidad de la unión. Claro,
como hoy no existe eso, la gente se casa con todas las condiciones
establecidas por el Estado: derechos y deberes, herencias, seguros y
beneficios de pensión, etc. Por eso los homosexuales -no sin cierta lógica
en este punto- alegan contra los Gobiernos que no reconocen sus uniones.
Pero eso es por la estatización del matrimonio. No tiene que ser así.
Reprivaticemos el matrimonio. Los
matrimonios privados serían hetero u homosexuales; a gusto de cada quien.
Habría matrimonios de mujeres con varones y viceversa -como nos gusta a
los cristianos y a los conservadores-; y de los otros. Y aparte, los
matrimonios cristianos serían celebrados en las Iglesias -cada cual en la
suya- según la Santa Escritura. El
matrimonio y la familia El
matrimonio privado sería lo mejor, sobre todo en sociedades cultural y
espiritualmente divididas como las occidentales de hoy. Cada quien, no
importa su preferencia en materia sexual o de religión, procedería de
conformidad a su forma de pensar y ver las cosas, y sin que unos pretendan
imponer sus convicciones a otros por la fuerza. Claro,
hablamos de “adultos con consentimiento”. ¿Pero qué pasaría con la
familia? preguntan los ultraconservadores. Como si los Gobiernos fuesen
diligentes defensores y garantes de la familia. Como si el Estado sin límites
no fuese precisamente el gran destructor de la familia. El Estado
proveedor “de Bienestar” es quien constantemente alienta el divorcio fácil,
rápido y unilateral, con su propaganda feminista sobre “violencia doméstica”
-presentando a los maridos y padres como abusadores, maltratadores,
golpeadores y violadores-, y prometiendo ser mejor marido y padre. Que
conste: la agenda feminista va muy ligada a la homosexual, ambas son
estatistas y destacan en el contexto del pansexualismo. La
familia como institución tendría más y mejores probabilidades en una
sociedad desestatizada, con el Estado y sus Gobiernos en sus límites
naturales, sin pretender funciones propias de las sociedades privadas:
familia, escuela, empresa, mercados, Iglesias. De hecho aproximadamente así
fue en Occidente desde la Edad Media hasta el s. XIX. Sin
duda quedarían puntos a resolver, con mayor o menor flexibilidad. Veamos
algunos. ¿Podrían tener y/o adoptar hijos legalmente las parejas
homosexuales? Pero resulta que hoy una persona homosexual puede hacerlo
cuando tiene cónyuge de sexo opuesto. Y lo hace. Aquí cabría cierta
flexibilidad, a fin de cuentas está comprobado que los Gobiernos no son
mejores padres que los padres biológicos o adoptivos -sean buenos,
regulares o malos como padres-; ni pueden sustituir a los padres -los que
sean- cuando no los hay a mano. Otro
punto es: ¿podrían casarse legalmente homosexuales siendo menores de
edad o incapaces de dar consentimiento? No, en este punto no cabe
flexibilidad, pero, ¿acaso hoy pueden? ¿Pueden comprar y vender un
inmueble? No, no pueden, porque son incapaces. En
todas estas materias, con frecuencia tratadas en conjunto, el tema álgido
e inevitable es el aborto. Y en ese punto sí que la flexibilidad no cabe,
y es también inevitable una respuesta firme y rotundamente negativa. ¿Acaso
la cirugía prenatal de hoy no corrige malformaciones en el embrión
humano? Es comprobación indiscutible que es un ser humano, y su liquidación
es asesinato. Aunque haya otras opiniones, que las hay. Pero más
importante aún, hay una cuestión de fondo implicada. Abordemosla, para
terminar. Vamos
al grano: ¿se puede ser liberal y cristiano? Quienes
creen que el homoestatismo es algo superliberal, suelen pensar que así
nos ponen en aprieto a los liberales cristianos. Pero no, se puede ser
ambas cosas, liberal y cristiano. Aunque
es difícil ser liberal, y ser cristiano tampoco es fácil. Separadamente.
Ni una ni otra condición se hace más difícil por el mero hecho de ir
juntas. Ni más fácil. Sobre todo hoy en día. Porque de hecho
“liberalismo” es como el mundo llama desde 1812 (año de la Constitución
de Cádiz) al tipo del Gobierno limitado, antes en inglés whiggism
(non-conformism), y antes aún concepto bíblico -o judeocristiano- de
Gobierno civil limitado, inseparable de los igualmente bíblicos conceptos
de poder eclesiástico limitado, y de separación Iglesia-Estado. Y
aunque desafortunadamente la mayoría de los cristianos de hoy ignora
estas cosas. Y la mayoría de los liberales. E ignoran que no se puede ser
estatista y cristiano. ¿Por qué …? Por varias razones que un cristiano
cabal debe saber: Primero,
hay realidades, cuyo conocimiento objetivo es la verdad. Lo cierto y lo
falso es objetivo, como lo bueno y lo malo. Un cristiano es un realista
filosófico. Y siendo algunas realidades fundamento de otras, y ciertas
verdades objetivas fundamento de otras, es fundamentalista. Y siendo
ciertos principios (fundamentales) claves para conocer fielmente la
realidad y vivir la vida buena, es principista. Y uno de ellos es el ontológico:
las realidades son lo que son, con independencia de lo que sobre ellas
pensemos las personas o las mayorías. O los Gobiernos. Segundo,
Dios está por encima de los Gobiernos. Como realidad el Gobierno humano
es limitado, por naturaleza y esencia. No es todopoderoso, aunque lo
pretenda. Sólo Dios es Todopoderoso, por encima del Gobierno -aunque sea
democrático- y también de la Iglesia. Tercero,
el cristiano como individuo bajo Dios también está por sobre el Gobierno
y la Iglesia. Porque es responsable individual y directamente ante Dios
por su vida hasta la muerte; y después de la muerte, en juicio, no de
autoridades civiles o eclesiásticas. Es decir: un cristiano es un
individualista acérrimo, adversario y resistente natural de toda
colectivización y poder sobre la Tierra que aspire a pasar de sus límites. Cuarto,
Gobierno e Iglesia son instituciones puestas por Dios para fines muy
diferentes. El Gobierno no es para ser mentor de las personas y guardián
de la moral; es una simple agencia de seguridad colectiva, ministerio de
Justicia pública –sustituto no siempre eficaz de la primitiva venganza
privada- y contratista de obras viales y otras de interés común que es
aconsejable pagar con impuestos. Nada más. Predicar y enseñar moralidad,
amonestar y reprender es tarea irrenunciable de la Iglesia, pues no ha de
ser con violencia. Es la Iglesia, no el Estado, quien debe tratar con
adulterio, pornografía, juego, borracheras o drogas y otros negocios
inmorales. Y familia. Y homosexualidad. Hoy las iglesias dejan muchas de
sus funciones en manos del Estado; y este se ha recargado de tantas
funciones impropias que es incapaz de cumplir siquiera las propias, y por
eso el crimen toma el mando, como en Sao Paulo, Brasil. Es
este el concepto de los primeros escritores cristianos -Padres de la
Iglesia, orientales y occidentales- que escribieron a Emperadores y público
letrado para recordarles los límites del Estado. Y señalar las
respectivas funciones y servicios del Gobierno Civil y de la Iglesia,
ambos diseñados por Dios para hacerse mutuamente contrapeso y balance.
Este es el concepto de Alberto el Grande y Tomás de Aquino, Jean Calvin,
John Locke, Frederick Bastiat y tantos otros maestros cristianos de toda
denominación y siglo. Es decir: un cristiano es un ultra liberal. Una
de las funciones más importantes de la Conferencia Liberal
Hispanoamericana (CLH) es difundir estas enseñanzas sobre las raíces bíblicas,
clásicas, hispanas y federalistas del liberalismo. (*)
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