|
EL NEGOCIO EMPRESARIO POR TIBOR MACHAN * |
|
Cuando
dicto mis cursos de ética empresarial, dedico gran parte del tiempo a
analizar los principios básicos de la publicidad. Esta es una rama del ámbito
comercial que se encuentra muy visible a los ojos del público y que por
lo general está sujeta al escrutinio ético.
Sabemos
que ciertos peligros ocultos acechan a los anunciantes—quienes están
tentados por la exageración, los excesivos artilugios, las
representaciones ofensivas o estremecedoras como medios con los cuales
buscan atraer la atención hacia su producto o servicio, etc.
Pero
no hay nada en la publicidad que sea inherentemente malo, a pesar de lo
que muchos pudiesen pensar. La misma involucra la promoción de lo que uno
tiene para vender, ya sea un producto o un servicio, de manera tal que los
potenciales clientes consideren seriamente su adquisición. Gran parte de
los artilugios no son otra cosa que un esfuerzo esperanzado por ser
inventivo en el modo en que se captura la atención del público
comprador.
Esto
en verdad no difiere de lo que hacemos cuando enviamos nuestros currículos,
nos presentamos ante nuevas relaciones, y tratamos en general con la gente
con la que nos topamos por el mundo—léase, intentamos ofrecer una
imagen favorable de nosotros mismos. Y si bien no hay absolutamente nada
que sea moralmente objetable en todo esto, la publicidad, tal como otros
esfuerzos de nuestra parte, tiene sus tentaciones y sus vicios.
El
problema radica en que vivimos en una cultura en la cual a la gente le ha
sido enseñado por parte de la mayoría de sus predicadores y maestros
morales que solamente cuando usted sirve a otros usted hace cosas que
valen la pena. O que, al menos, usted debe intentar hacer el bien a otros
para ser una buena persona. Lo cual significa que la mayoría de la gente
de negocios, especialmente los anunciantes, no tienen posibilidad alguna
de realizar algo que sea moralmente válido si es que son honestos
respecto de lo que realmente desean hacer.
No
importa cuánto bien ellos hagan en verdad, el hecho es que la mayoría de
la gente de negocios se encuentra ante todo luchando por mejorar su propio
destino, no el de los demás. Y la circunstancia de que ellos no podrían
llegar muy lejos en este esfuerzo, sin hacer al mismo tiempo lo que los
demás consideran como de su propio interés, no resulta ser la cuestión
ética crucial. La mayoría de los filósofos y otros moralistas de
nuestro tiempo proclaman que antes que nada hay que hacer aquellas cosas
que sean buenas para los demás, y, dado que las empresas lucen torpes si
afirman esto, la actividad empresarial no puede aseverar de manera creíble
que la misma posea un valor moral.
Con
un ejemplo debiera bastar. The Prudential Corporation, una empresa que
fundamentalmente está involucrada en la oferta al público de una gran
variedad de servicios financieros, promociona los mismos afirmando que su
“solo propósito” es el de proporcionarle a sus clientes un cierto
estado mental, tal como la paz o la seguridad. Qué increíble y a la vez
qué obvio. Asimismo, ¡qué patético!
Nadie
puede creer seriamente que los propietarios de The Prudential, sus
inversionistas y otros, estén realmente preocupados ante todo, por no
decir de manera exclusiva, por brindarles a sus consumidores un buen
sentimiento o un estado mental satisfactorio. Ese, por supuesto, bien
puede ser un medio para ganarse la vida. Todos en el mundo de los
negocios, naturalmente, deben esforzarse por hallar una línea de trabajo
que le traiga satisfacción a los clientes. Pero el hecho de afirmar que
el primer, por no decir el único, objetivo del negocio es el de
beneficiar a los demás, se convertirá en lo que cualquier persona
inteligente, tildaría de un truco, de un engaño o de una vieja mentira
lisa y llana.
No
obstante ello, uno puede al menos tener alguna apreciación de por qué la
gente de negocios, en especial aquellos que se encuentran involucrados de
forma más directa con el público—a saber, los anunciantes—están
tentados de pretender que son bienhechores altruistas, sirvientes
desinteresados de la humanidad .
Aquellos
que enseñan ética empresarial en la mayoría de los recintos
universitarios y aquellos que escriben y dirigen los textos y los journals
académicos, están fundamentalmente convencidos de que un ser humano
solamente puede hacer aquello que es correcto si se convierte en un
servidor de los demás. La conducta guiada por el interés propio es
equivocada, afirman, o en el mejor de los casos es algo que simplemente
tenemos que hacer en algún momento pero sin obtener ningún crédito
moral por ello. Robert Kuttner escribe un libro llamado “Everything is
for Sale" mientras que Earl Shorris escribe otro intitulado “A
National of Salesmen,” los cuales esencialmente desprecian el acto de
vender y de publicitar, y convierten en villanos a quienes realizan estas
actividades. Por lo tanto, ocultar que uno se dedica a las ventas o
sostener que el dedicarse a las ventas es en verdad seguir los pasos de la
Madre Teresa resulta comprensible.
Tan
sólo observemos cuán a menudo la gente de negocios es honrada no por lo
que logran como profesionales, sino por sus acciones extracurriculares
tales como la filantropía, el servicio público, el patrocinio cultural y
político, etc. Un médico, un educador, un científico, un artista, e
incluso un atleta son honrados por lo que hacen en su área de trabajo.
Pero alguien en el mundo de los negocios es, para citar a David Letterman,
“un tipejo obsesionado con el dinero,” a menos que logre quedar
absuelto a través de diversos servicios comunitarios.
De
hecho, sin embargo, la postura moral que los moralistas han logrado
vendernos carece en sí misma de fundamento. No se trata de que la
conducta benevolente, la generosidad, la caridad, la compasión, la
bondad, no sean éticamente meritorias. Sin estas virtudes uno viviría
una vida muy vacía. Pero ellas no son en modo alguno las únicas, ni
siquiera las más grandes, fuentes del mérito moral en la vida humana.
El
coraje, la honestidad, la prudencia y otras virtudes, son vitales y no están
primariamente vinculadas con el beneficiar a otros. Y la ética, en
general, implica realizar lo mejor de la vida, prestarle atención al
hecho de hacer el bien a medida que vivimos, ya sea que se trate del ámbito
privado, familiar, comunitario, social o político. La circunstancia de
aislar al foro social como el único ámbito que permite obtener crédito
moral es una grave equivocación. Los seres humanos deben luchar por
alcanzar la excelencia en varios frentes, no solamente cuando sus
semejantes precisan de ellos.
Las
empresas no necesitan tener como su único propósito el ayudar a los demás.
Su propósito primario es el de alcanzar el éxito de la empresa, hacer
bien las cosas en beneficio de aquellos que son sus propietarios a efectos
de lograr una ganancia que les permita prosperar.
Esto
no es nada respecto de lo cual debiéramos avergonzarnos, al igual que los
anunciantes no debieran sucumbir ante la tentación de pretender que no
están siendo prudentes, ante todo, dado que en virtud de que sí lo son
es que toman muy en serio al interés de sus clientes. Es triste que una
firma llamada The Prudential ni tan siquiera comprenda una pizca del
significado del termino utilizado para su nombre, y que todos los seres
humanos deben, como una cuestión de moralidad o de ética, ser prudentes
en la vida y procurar prosperar.
Fuente:
Fundación Atlas 1853 (www.atlas.org.ar) |
|
OFICINA DE ILE |
|
INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE) Free Enterprise Institute Lima,
Perú Realice una donación (click aquí) |