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COMENTARIO DEL LIBRO "RUMBO A LA LIBERTAD" POR ALBERTO MANSUETI |
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Comentario
sobre “Rumbo a la Libertad. Por qué las izquierdas y el
neoliberalismo fracasan
en América latina”, de Álvaro Vargas Llosa, edición española por
Planeta, 2004, 340 págs. Sin
duda Álvaro Vargas Llosa ha ocupado en América latina el lugar de
Carlos Rangel. En su época, también fue un campeón del pensamiento
liberal de alcance universal. Y también tuve el privilegio de tratar a
Carlos, aunque en sus últimos años. Mediaban los ’80. Había yo
devorado su “Buen Salvaje” y su “Tercermundismo”, y encarpetaba
sus artículos. Carlos conducía un programa de TV, el primero de su género
en sintonía ... Eran otros tiempos, cuando Carlos unió sus esfuerzos a
los de Manuel Cartea y Carlos Ball, e invitaron a Sir Karl Popper, y al
Premio Nobel Friedrich Von Hayek, a quienes tuvimos en Caracas. Con
Néstor Suárez publicamos por entonces nuestro primer libro, y Carlos
tuvo la gentileza de invitarnos un par de veces a su programa. Me
impresionaron profundamente su claridad de pensamiento y lucidez de
juicio, su objetividad intachable, y su constancia valiente, fiel a la
verdad aún contra la corriente hegemónica. Y su paciencia para
investigar rigurosamente uno a uno los palpitantes problemas,
relacionarlos sin confundirlos, y rastrear su filiación en la historia
de varios continentes -quizá a siglos ya lejanos- hasta dar con sus
remotos orígenes. Sin tomar sus consecuencias y menos sus síntomas por
sus causas. Y su prosa, brillante para describir y explicar con
elegancia. Carlos era también maestro en el arte de combinar
disciplinas intelectuales, periodista incisivo y polemista temible. Su
integridad es aún legendaria, por rara en un medio en el cual de la
intransigencia se hace defecto, y de la inconsecuencia, virtud. Y
encuentro en Álvaro Vargas Llosa las mismas cualidades. En su caso, las
aplica a los problemas de hoy y del futuro. Y retrospectivamente, también
a los de los ’90 y ’80 y más atrás. El libro Penetrante,
macizo y muy bien documentado, corre en dos pistas: una edición en español,
otra en inglés. (Y hay las demás que vendrán, seguramente.) Arranca
de frente con la pregunta ¿Por qué fracasaron las reformas
“neoliberales” de los ’90 en América latina? Respuesta: porque
los “cinco principios de la opresión”, permanecen incólumes e
intocables, vigentes incluso desde antes de Colón. Respuesta que lo
lleva a la otra pregunta: ¿Por qué antes de los ‘90 fracasaron también
los experimentos populistas, y todas las recetas de la izquierda, desde
la “centromoderada” hasta la más delirante? Igual respuesta. El
libro marca un hito, y servirá como referencia señera en el futuro.
Entre sus principales y valiosos méritos, permítame Ud. destacar: 1)
Diagnóstico. El primero y más resaltante es haber desnudado y
puesto en clara evidencia y con precisión los cinco grandes males de América
latina: --
corporativismo, tratamiento dado a la persona individual no como tal,
sino en cuanto miembro de su casta, grupo, categoría o asociación,
colectivo que es objeto de primaria atención; --
privilegios discriminatorios, repartidos o negados según se pertenezca
o no a una corporación; --
mercantilismo de Estado, repartidor y árbitro supremo de los
privilegios que da y quita; --
transferencia de riqueza ascendente, desde la base social a la cúspide
privilegiada; --
ley como herramienta política, al servicio de las corporaciones
privilegiadas y su parasitismo, del cual el Estado es instrumento. En
cada uno se nos muestra un interjuego de factores culturales por un
lado, e institucionales por otro, que impiden la creación y distribución
de la riqueza del modo más justo, efectivo, equitativo y natural: a
través de los mercados libres. Son las cinco causas del subdesarrollo,
que se supone buscaron una tras otra varias generaciones de académicos,
cuando los sucesivos auges del “cepalismo”, el “take-off”
(despegue), el “dependentismo”, y el “crecimiento hacia fuera”.
Al parecer ninguna de ellas las encontró, ya que todas estas teorías
tuvieron oportunidad de ser experimentadas -supuestamente para sacarnos
del estancamiento y el atraso- desde Gobiernos de todo signo y color, y
multicolores Parlamentos, en cada nación, con resultado negativo. ¿Qué
no hay experimentos humanos? Vea Ud. América latina ... 2)
Semejanzas y diferencias.
Otro gran mérito del libro es mostrarnos los asombrosos paralelos y
similitudes entre los países de nuestro subcontinente, sin perder de
vista las singularidades cuando las hay. Se corrige así esa miopía de
los “nacionalistas” que pretenden respuestas “absolutamente
originales” ... y siempre terminan reeditando el marxismo. Como los
arqueólogos revisan una a una las capas superpuestas de la superficie
terrestre, Álvaro nos describe vívidamente y explica -con tremendo
poder de síntesis- cómo estos mismos cinco malos principios operaron
conjuntamente, superponiendose sus efectos en sucesivas fases o etapas:
en la era prehispánica, en la Iberia que nos “descubrió” y
conquistó, y después en las Eras Colonial y Republicana, y a lo largo
del siglo XX. Y con repeticiones; nuestros países se parecen mucho a
esos cines multi-salas de los centros comerciales: mientras en una sala
pasan un rollo de la película, en la contigua pasan el anterior, y en
la de al lado el siguiente. Y después repiten los rollos, para nuevas
generaciones de espectadores. ¡Pero la película es la misma! Y
es bien mala: el encierro en el mercantilismo -“caracoliano” lo
llama Álvaro- con reiteradas fugas a la izquierda, que sólo empeoran
las cosas. 3)
Libertades no son privilegios.
Otro mérito: poner el corporativismo y los privilegios corporativos a
la cabeza del sistema mercantilista de Estado, del cual la redistribución
ascendente de la riqueza es su más perversa consecuencia, y la ley política
su principal instrumento. Implicación muy importante: el liberalismo
defiende libertades individuales; el mercantilismo, privilegios
corporativos. Esta
distinción es vital para aquellos liberales quienes no rehusamos vernos
en la derecha, por creer la libertad inseparable de la verdad, y por
defenderla como piedra angular de un orden, el orden justo; lo cual nos
pone en la misma vereda que algunos conservadores, los del estilo del
inglés Edmund Burke, del s. XVIII. Queremos sin embargo una clara
divisoria de aguas con el mercantilismo, esa versión derechista del
estatismo, tradicional en América latina. Y con agudeza, Álvaro la
expone. 4)
Esto no es sólo acerca de Economía y Política; hablamos de Moral.
Los cinco principios opresivos de que el libro trata, son males económicos,
y también políticos, pero algo más. Son taras mercantilistas
frontalmente contrarias a la Ética más elemental, por sus antihumanas
consecuencias en lo económico y en lo político, las cuales el libro
estudia exhaustivamente. Pero desde la primera a la última página, el
mercantilismo se describe como lo que es: un sistema esencialmente
inmoral antes que nada; en la Colonia, en la República, en el siglo XIX
o en el XX, en los ’70 o en los ’90. También
tenemos que agradecer a Álvaro porque al identificar estos cinco
principios ha puesto la discusión en el terreno al cual pertenece,
donde debe estar. Y
no por ello deja de ser un libro ortodoxamente técnico. Pero, ¿quién
dijo que lo técnico no tiene que ver con lo ético? (Aunque no es
“tecnicista”: el Capítulo II trae una potente crítica al manejo de
las estadísticas.) 5)
Denuncia y deslinde.
También se nos enseña cómo los cinco principios opresivos
permanecieron desapercibidos a los reformadores neoliberales de los
’90. Otro mérito: la valiente y esclarecida denuncia del mal llamado
“neoliberalismo”, ese disfrazado, el peligroso impostor que en
realidad es neo estatismo, o la continuación del estatismo por otros
medios. Ya desde el subtítulo de su libro, Álvaro le equipara en
responsabilidad con la izquierda. Y
sin desconocer logros cuando y donde los hay, nos da una muy realista
descripción de las limitaciones y estrechos contornos de las reformas
de los ’90: privatizaciones fiscalistas y monopolistas; multiplicación
de las reglamentaciones obsesivas; crecimiento del Estado en funciones,
poderes, gastos y endeudamiento. Una versión “aggiornata” y
pretendidamente “científica” del mercantilismo. Pasamos una década
de reformas “de mercado”, supuestas a lograr lo contrario de lo que
realmente nos dejaron: los pobres quedaron igual o peor, la economía
exhausta, y la justicia siguió sin aparecer. Y
lo peor de todo: nos echaron encima la pesada herencia de una confusión
ideológica y política muy dañina y paralizante, un “quid pro quo”
(una cosa por otra), que mucho mal le hace al genuino liberalismo; y por
consiguiente mucho bien hace el ajuste de cuentas y deslinde definitivo. 6)
El hoy por hoy. “En esta década vivimos la resaca de la
anterior”, escribe Álvaro, aludiendo a nuestros días. Su libro nos
ayuda en alto grado a explicarnos muchas de las razones del triunfo de
las izquierdas, que hoy sigue al fatídico legado de los ’90:
“corrupción y nihilismo”, descritos en el Capítulo IV. Ahora las
nos retrotraen a los ’70, a pasar de nuevo ese rollo. Para colmo en un
contexto mundial muy desmejorado por el neoestatismo que se nos dispara
desde el Primer Mundo, retratado por Álvaro en su Capítulo III,
sugestivamente titulado “Balas amigas”. Pero muy remozadas las
izquierdas, recién bañadas y perfumadas, cambiadas de ropa: desde Andrés
Manuel López Obrador en México hasta Kirchner en Argentina, pasando
por el inefable Chávez, sucesor del Emperador Fidel I. Y los Humala,
que se presentan ahora como si el Perú no hubiera tenido ya suficiente
nacionalismo antiimperialista, militarista e indigenista (¿o
“multicultural”?) con un Velazco Alvarado o un Alan García en el
Gobierno, o Sendero Luminoso y el MRTA en la oposición. “Rumbo
a la libertad” es imprescindible lectura para entender por qué ocurre
esto que vemos. Como decían los castellanos viejos: “De aquellas
aguas, estos lodos.” 7) Los cinco principios de la liberación. Otro mérito: por contraste aunque muy claramente, se nos dejan ver los cinco principios respectivamente opuestos, los de la verdadera “liberación”: --
individualismo: derechos concebidos de modo general y universal, y no
como inherentes a la pertenencia a determinada casta, grupo, categoría
o asociación colectiva; --
igualdad de derechos, en ausencia de privilegios discriminatorios de
cualquier tipo; --
capitalismo liberal y de mercados en lugar de mercantilismo de Estado; --
circulación de la riqueza según los mismos medios y canales conforme a
los cuales esta se crea, que son los factores productivos y empresas en
abierta competencia de mercado; --
ley justa en lugar de ley política: legislación como principio de
conducta justa, tal y cual esta es efectivamente practicada
voluntariamente y en paz, más allá del constructivismo gubernativo,
que al convertirla en expresión del designio político, la divorcia de
la realidad cotidiana. Así
el libro nos muestra los fundamentos de un programa genuinamente
liberal, con base en ... 8)
La tradición liberal,
no ajena a los latinoamericanos. El liberalismo existió mucho antes de
Adam Smith y la Revolución Industrial en Inglaterra. En su Capítulo V
Álvaro nos muestra todas sus raíces, incluso las judeocristianas. Y no
sólo el calvinismo protestante -según la conocida tesis de Max Weber-
sino también la muy católica Escuela de Salamanca, mejor llamada Escolástica
hispana, de los siglos XVI y XVII. Y sus ancestros ibéricos, que
remontan a los fueros de los reinos visigóticos, a las Siete Partidas
del Rey Alfonso X el Sabio (s. XII), y a los comentarios de los
tratadistas judíos y musulmanes de la Península. Es
mi opinión que investigando en este rumbo, podemos encontrarle al
pensamiento liberal un contexto filosófico y moral más propio, mucho más
blindado y más fértil. Podemos así levantar eficazmente las
objeciones contra el capitalismo, que son más morales que económicas;
y no podemos responder a objeciones morales con argumentos económicos.
Pero además de eso, que no es poco, podemos contar con las objeciones
morales contra el estatismo -de derechas o de izquierdas-, que son
irrefutables. Claro,
podemos encontrar sorpresas. P. ej. que el motor del capitalismo no es
tanto la deuda y el crédito -como se nos dice- sino el ahorro. Porque
sin ahorro -capitalización- no hay préstamo sano, sino esa antieconómica
expansión artificial del crédito “barato” (relativamente), por
medios y con fines políticos, que nos tiene a todos permanentemente
endeudados. Se basa en la creación de dinero bancario mediante el
sistema de reserva fraccionaria, que permite a los bancos cubrir sólo
una parte de los depósitos, quedando insolventes por el resto. Es un
vulgar fraude, otra gran inmoralidad, perpetrada mediante un privilegio
otorgado a las corporaciones bancarias, que las hace cómplices y
cobeneficiarias del Estado en esa masiva transferencia de riqueza que
hace la moderna economía inflacionaria; y es a través de unas de las
leyes más políticas: las de bancos y empresas financieras. Cada grupo
político que puede, cuando llega al poder genera una falsa e
ilusionaria “reactivación”, creyendo que no habrá posterior fase
depresiva, o esperando que le sobrevenga al siguiente Gobierno, lo cual
a veces pasa; pero así es como se nos descapitaliza y empobrece a las
mayorías, y no como la izquierda nos cuenta. 9) El Programa a futuro. ¿Y cuál es la solución? (No digamos “¿Qué hacer?”, para no evocar el mal recuerdo de Lenin.) Los últimos capítulos, luego de recorridas geografía, historia, economía, derecho y política de América latina -con un pormenorizado conocimiento de todos los países, producto de años de investigación-, nos destilan cuatro puntos: --
lo primero, derogar las leyes malas; --
“empoderar” jurídicamente a los informales, observando y
registrando cuidadosamente los medios de realizar sus actividades y
resolver sus disputas -si no son intrínsecamente criminales-, tomando
de allí el modelo para las nuevas leyes, en caso de ser necesarias; --
y una reforma judicial que nos brinde tribunales no politizados, idóneos
e imparciales, eficaces y diligentes, y poco costosos. Y
todas las medidas de esta verdadera reforma, no por etapas, sino simultáneamente,
un aspecto que es crítico. Acompañadas con un programa privatizador
para ... 10)
La transición -el “aterrizaje amable”-, destinado a auxiliar
quienes transitoriamente no están en capacidad de valerse por sus
medios propios. Pero mediante su capitalización: a)
privatizaciones populares de las empresas del Estado, a través de
acciones; b)
y de los hospitales, cajas de previsión y escuelas del Estado, a sus
profesionales empleados y trabajadores -médicos y enfermeras,
profesores y maestros, personal administrativo y obrero, etc.-;
complementada con la ayuda asistencial a los usuarios más pobres a través
de de cupones. Estoy
seguro que le estamos muy agradecidos a Álvaro Vargas Llosa todos
quienes en nuestra América y el mundo, y por encima de las fronteras
nacionales, generacionales y vocacionales, nos comprometemos con él en
esta lucha por la verdad, la justicia y la libertad, por un mañana
mejor y más digno para todos. Con todo respeto le insisto: lea Ud. el
libro; de otro modo, ¡Ud. se lo pierde!
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