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DEL SALARIO MÍNIMO A LA POBREZA.-POR JORGE VALIN |
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El hombre de hoy día está terriblemente socializado, da
igual que se quiera llamar de izquierdas, derechas e incluso liberal.
Esta socialización le condiciona a la hora de hacer sus juicios en lo
económico y en lo moral; incluso el científico social también sufre
de este mal en su trabajo. Ante este cuadro no es sorprendente algunas
afirmaciones del hombre medio que ve respaldada su opinión en la moral
del político totalitario, la ciencia del tecnócrata miope y el vago
discurso del periodista reaccionario. Algunos de estas creencias se han aplicado a la economía
convirtiéndose ya en leyes irrebatibles, pero en economía hay una ley
que siempre es cierta: cualquier
intervención coercitiva sobre la libertad siempre lleva al
empobrecimiento global y a la frustración individual. Para
mostrarlo desmentiré un dogma que parece ser hoy día un principio económico
básico: el salario mínimo. Elevando
el nivel de vida con un salario mínimo… ¿Seguro? No hace falta decir cual es la actual creencia sobre el
salario mínimo (el subtítulo de arriba lo expresa). La auténtica
realidad, pero, es que el salario mínimo crea desempleo y empobrece la
sociedad, pero ¿por qué?, y ¿cómo? Espero que lo podamos ver claro y
de forma sencilla en cinco puntos. Primero; obligar a
las empresas a remunerar a sus empleados con un sueldo mínimo significa
que los que actualmente cobran una cuantía inferior a éste automáticamente
quedan fuera del terreno laboral o bien pasan a cobrar lo mismo pero
dentro de la economía sumergida. Imaginemos que de repente el gobierno
de turno decide imponer un salario mínimo de 1.500 dólares mensuales.
¿Eso significará que el empresario tendrá que renunciar a parte de
sus beneficios para subir el sueldo a sus empleados? Evidentemente que
no (aunque por fuerza se le verá reducido a
posteriori). Lo que eso significa es que todo aquel que cobre menos
de 1.500 dólares mensuales inevitablemente queda despedido, o bien,
primero queda despedido y luego pasa a otra empresa —o la misma—
cobrando el sueldo anterior pero de forma no declarada, esto es, pasa a
ser parte de la economía sumergida. En este sentido vemos cuan útil es
realmente la economía sumergida, ya que ésta siempre da elección y
libertad al necesitado (gente joven, inmigrantes, etc.). Aquí alguien podría pensar que sólo el salario mínimo
“alto” puede crear desempleo, pero uno reducido no. La verdad es que
cualquier impedimento a la producción, por pequeño que sea,
distorsiona su estructura de precios y esto siempre conduce a más
desempleo y menos elección para el consumidor, trabajador o empresario. Segundo; un incremento en el salario siempre es
un aumento en los costes (el sueldo no es más que otro coste sobre el
producto). En principio, esto no tiene porque ser maligno, pero si este
aumento se debe a la coacción de las leyes que no obedecen la
estructura productiva real —o la decisión del consumidor— el
resultado serán precios irreales.
Pero, ¿todos los productos se encarecen por igual? No, pero al final todos acaban encareciéndose. Los primeros
segmentos en los que se notará este aumento serán los que provienen de
empresas con una estructura más trabajo intensivas, es decir, que para
la elaboración de su producto son necesarias más personas que no máquinas,
como por ejemplo, las pequeñas empresas, el sector agrícola, etc. ¿A
qué se debe? A que toda la estructura productiva, en última instancia,
está entrelazada entre si. Si aumento el coste de la madera (subiendo
el sueldo al leñador de forma artificial o por coacción legal) ésta
tendrá que ser vendida más cara al fabricante de sillas, mesas, etc. A
la vez, el que vende las sillas las tendrá que vender más caras a la
inmobiliaria, y la inmobiliaria que provee a otras empresas que no están
relacionadas con la madera repercutirán el coste a sus consumidores
(consumidores finales, empresas, etc.). A esto añadamos que a cada paso
intermedio en la producción también se añade un aumento en su coste
por trabajador, con lo que el aumento realmente no es nada despreciable.
¿Cuál ha sido la consecuencia? Que el aumento impuesto de los sueldos
sólo ha beneficiado a una minoría que “cobra más” (si no ha sido
despedida antes) pero ha empobrecido a una mayoría, ya que esta mayoría,
percibe los mismos ingresos pero paga más por los productos que
consume. Tercero; de aquí se deduce rápidamente que este
encarecimiento sobre algunos bienes serán demasiado caros para que
alguien los quiera comprar. En este caso habrá una disminución de la
demanda global, y de forma más acusada puede ocasionar que el margen
sobrante para el empresario (beneficio puro) sea tan bajo que provoque
la desaparición de algunos productores marginales. Esta reducción de
la demanda en los productos marginales (es decir, de poca demanda per
se) podrán crear monopolios o reforzarlos si ya existen. Un
monopolio, en este caso, se crea gracias a los elevados costes de la
elaboración del producto donde inevitablemente sólo pueden ser
costeados por una sola empresa ya que no hay margen para nadie más. Y
es que ciertamente la tendencia al monopolio es un hecho característico
de las leyes y el estado. En ausencia de los dos, los monopolios serían
prácticamente inexistentes. Como consecuencia de este punto podemos llegar a la conclusión
que el salario mínimo (y leyes in
extenso) destruye la principal base que puede sostener el trabajo
continuo y sano: La Producción.
El fin no es el trabajo, éste es un medio o herramienta, sólo
la masiva, anárquica y compulsiva producción es el fin; ¡y cuanto
más mejor! Esto es lo que realmente, junto al ahorro y capitalización,
crea trabajo para todos. Cuarto; al reducir coactivamente los beneficios de las
empresas, donde las más afectadas serán las pequeñas, éstas se
volverán menos competitivas perdiendo mercado y trasladando,
consecuentemente, una parte de su demanda a las grandes firmas. La
otra parte de la demanda queda literalmente muerta, es decir, la
gente y otras empresas (demanda) compran menos debido un aumento de los
precios. Por ejemplo, una de las consecuencias de la funesta política
inflacionista salarial puede llevar a cerrar la clásica ferretería
para transmitir parte de su demanda al gran almacén. Si este proceso
hubiese sido libre y natural no habría habido ningún problema (en
estos momentos la explicación de la causa no importa, sino el efecto)
porqué habría venido de la libre elección del consumidor y el
empresario podría haber encontrado otra oportunidad en otro negocio,
pero al ser impuesta significa que ese pequeño comerciante ya no podrá
montar otro pequeño comercio porque tendrá que pagar igualmente el
salario mínimo a sus nuevos trabajadores; por lo tanto, la única
solución que tiene es pasar a ser un desempleado más o un nuevo
asalariado frustrando gracias a la “justa ley social”. Aquí podemos volver al punto primero; y es que quedar
desempleado en un mercado saturado (en parte gracias al salario mínimo)
dificulta la recolocación en el mercado de trabajo. No ocurre lo mismo
en una economía totalmente libre donde la rotación es alta, fluida y
sana. Esto me recuerda una entrevista que concedió Henry Hazlitt a un
periodista. Como él decía más o menos: cuando era un muchacho y empecé
a trabajar no duraba más de tres días en una empresa, pero en aquel
entonces —primer cuarto del siglo XX— no había problemas con el
trabajo. Cuando me despedían sólo tenía que comprar el periódico y
esa misma tarde ya tenia trabajo en otro sitio, al menos durante tres días
más… De esta forma Hazlitt llegó a convertirse en un renombrado y
prolífico periodista y en un auténtico campeón de la libertad en el
campo filosófico y muy especialmente en el económico. Quinto; el inevitable aumento de los precios nacionales
convertirá los productos de las empresas extranjeras en más
competitivos, y consecuentemente, aumentarán las importaciones y
disminuirán las exportaciones. Este hecho aún castigará más a las
empresas pequeñas obligándolas a cerrar, o bien, a pasarse a la economía
sumergida. Dicho de otra forma, el
estado con sus leyes crea competencia exterior a costa de la que podría
haber generado el propio mercado nacional de forma libre. El auténtico problema no es el salario mínimo en si, sino
toda la amalgama de leyes que intentan crear una justicia distributiva.
Por razones de tiempo no he explicado todos los efectos que puede causar
el salario mínimo ni las leyes que el estado vuelve a crear para
solucionar el problema que él mismo ha creado. La consecuencia pero, es
un empeoramiento o degeneración de la situación. La libertad no sólo
es un imperativo ético, metafísico ni difuso, sino que la negación de
ésta también afecta de forma nefasta en temas tan prácticos como
pueden ser la economía. |