LOS SERVICIOS PÙBLICOS.- por David Kelley 

 

 

La premisa fundamental del estado bienestar es que la gente tiene derecho a bienes tales como comida, vivienda y asistencia médica. Son titulares de esas cosas. Sobre esta base, quien recibe beneficios de un programa del gobierno está recibiendo meramente lo que se le debe, del mismo modo que un comprador que recibe el bien por el que ha pagado, recibe lo que se le debe. Cuando el estado otorga estos beneficios, protege derechos, del mismo modo que cuando protege a los compradores del fraude. En ningún caso existe necesidad de gratitud.

 

 

 

El concepto de derecho al bienestar, o derechos positivos, como frecuentemente se los llama, está modelado en los tradicionales derechos liberales a la vida, libertad y propiedad. Pero existen diferencias bien conocidas. Los derechos tradicionales son derechos a actuar sin interferencias de otros. El derecho a la vida es un derecho a actuar con el propósito de perseverarse a uno mismo. No es un derecho a ser inmune a la muerte por causas naturales, aún a una muerte prematura. El derecho a la propiedad es el derecho a comprar y vender libremente, y apropiarse de los bienes de la naturaleza que no tenga dueño. Es el derecho de buscar propiedad, pero no un derecho a una dote de la naturaleza o del estado; no es una garantía de éxito para adquirir nada. Concordemente, esto derechos imponerse a otros solo la obligación negativa de no interferir, no impedir por la fuerza que alguien actúe como ha elegido. Si me imagino a mi mismo extraído de la sociedad- viviendo, por ejemplo, en una isla desierta- mis derechos estarían perfectamente seguros. Podría no vivir mucho y ciertamente no viviría bien; pero estaría perfectamente libre de asesinato, robo o asalto.

 

 

 

Por contraste, los derechos al bienestar se conciben como derechos a poseer y disfrutar ciertos bienes, sin interesar la acción personal; son derechos a tener bienes provistos por otros si uno no puede obtenerlo por sí mismo. Concordemente, los derechos al bienestar imponen obligaciones positivas sobre otros. Si tengo derecho a comida, alguien está obligado a crearla. Si no puedo pagarla, alguien deberá comprarla para mí. Los defensores del estado de bienestar argumentan que la obligación es impuesta a la sociedad como un todo, no a ningún individuo en especial. Pero la sociedad no es una entidad, mucho menos un agente moral por sobre los miembros individuales, de modo que cualquiera de esas obligaciones cae sobre los individuos. Cuando los derechos al bienestar se implementan mediante programa del gobierno, la obligación es distribuida sobre los contribuyentes.

 

 

 

Desde un punto de vista ético, la esencia del estado de bienestar es la premisa de que la necesidad de un individuo es un reclamo sobre los otros. En todas las versiones de la doctrina, el reclamo no depende de su relación personal con el reclamante, o su elección de ayudarlo, o su evaluación de si él merece su ayuda. Es una obligación sin elección basada en el mero hecho de su necesidad.

 

 

 

Pero debemos llevar el análisis a un escalón superior. Si estoy viviendo solo en una isla desierta, no tengo por supuesto derechos al bienestar, desde que no hay nadie alrededor para proveerme los bienes. Por la misma razón, si vivo en una sociedad primitiva donde la medicina es desconocida no tendré derecho a la ayuda media. El contenido de los derechos al bienestar es relativo al nivel de riqueza económica y capacidad productiva en una sociedad dada. Correspondientemente, la obligación de los individuos a satisfacer las necesidades de otros depende de su habilidad para hacerlo. Un individuo no puede ser culpado por no proveer a otros algo que no puedo producir por mí mismo.

 

 

 

Pero suponga que yo puedo producirlo y simplemente elijo no hacerlo. Suponga que soy capaz de ganar mucho mas dinero del que gano, sobre el cual sobre le cual se cobran los impuestos con los que deberé sostener a un hambriento. ¿Estoy obligado a trabajar más duro, a ganar más, para el bienestar de esa persona? No conozco ningún filósofo del bienestar que diga que lo estoy. El reclamo moral que se me impone por las necesidades de otras personas es contingente, no sólo sobre mi habilidad sino también sobre mi deseo de producir.

 

 

 

Esto dice algo importante algo sobre el enfoque ético del estado bienestar. No sostiene una obligación a perseguir la satisfacción de las necesidades humanas, mucho menos la obligación de tener éxito en lograrlo. La obligación es condicional aquellos que tienen éxito en crear riqueza deben hacerlo sólo con la condición de que otros puedan disponer de ella. El fin no es tanto beneficiar al necesitado como amarrar al hábil. La asunción implícita es que la habilidad e iniciativa de una persona son ventajas sociales, que deben ser ejercidas sólo con la condición de que estén al servicio de otros.©

 

Kelley es Presidente del Instituto de Estudios Objetivistas.

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