TLC CON REFORMA DEL ESTADO POR JOSE LUIS TAPIA ROCHA

 

 

Fue importante que el Ministerio de Comercio Exterior haya adelantado los principales aspectos del proceso de negociación del TLC con los EE.UU. Como ha dicho el ministro Ferrero, se requiere del consenso del pais para culminar con éxito las negociaciones comerciales. Hay, sin embargo, una legítima preocupación acerca de este mismo proceso que recien ha empezado, que debiera ser examinado con mayor detalle, referida  a la coordinación entre el Ejecutivo y el Congreso, por el tema de la reforma del estado, aspecto crucial que depende si el Perú esté en condiciones de firmar o no este tratado con los EE.UU.

 

Cabe señalar que es apropiada la metodología de armar equipos por tema de negociación con rondas comerciales itinerantes y una estrategia comercial del 2+1. Pero me temo que existe una brecha sustancial entre las ventajas comerciales que se puedan obtener de un tratado y las condiciones reales de aprovechamiento de nuestra economía, como sucede con las preferencias comerciales con la Uníon Europea.

 

Creo que la estrategia política del Ejecutivo debiera enfatizarse más en los resultados que pueda obtener dentro del Congreso en materia de reforma del Estado, que en los que pueda arribar con la sociedad civil. Sin embargo, el Ejecutivo debiera ser más modesto en sus pretensiones de lograr un TLC para el 2005, cuando de por medio hay todo un escenario por conformarse de alta polarización ideológica-política que están siendo liderada por movimientos estatistas como el de Javier Diez Canseco, Humala y Patria Roja.

 

Además, si la competitividad es la principal meta del Gobierno no está claro cómo se habrá de conducir paralelamente el proceso de la reforma del Estado con  el ritmo acelerado de las negociaciones. Ahora, si el Ejecutivo piensa que no puede firmar un tratado sin una reducción de las funciones del estado, eliminación y disminución drástica de algunos impuestos y privatizaciones populares con desregulación en todos los mercados, no habría mayor inconveniente en negociar un mayor acceso a nuestros mercados en períodos cortos de desgravación arancelaria. Tampoco debería preocuparnos la competencia de productos agrícolas subsidiados ni menos si son elaborados con trabajo infantil. Las negociaciones mismas de las normas de propiedad intelectual serían más fáciles de cumplir con los estándares exigidos por los EE.UU.

 

Dudo mucho que en las actuales circunstancias pueda ser uno optimista cuando en el corto plazo las exigencias nacionales demandan inmediatas mejoras económicas.  Por ello es imperativo que el Ministerio de Comercio Exterior ponga el mayor de sus esfuerzos en concretar un mecanismo de coordinación permanente con el Congreso para avanzar rápidamente con la reforma del estado. Si las condiciones de libre mercado no están debidamente profundizadas podemos esperar muy poco del TLC con los EE.UU. y menos con un aparato productivo de bajos niveles de competitividad.

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