¿Pierden los exportadores?... ¿¡O dejan de ganar más!?

Charles Philbrook*

 

El ‘problema’ de la apreciación del sol para los exportadores sigue dando que hablar, con mayor razón ahora que la Asociación de Exportadores (ADEX) busca que intervenga el Ministerio de Economía y Finanzas y le encuentre una solución a este caos monetario al que nos ha llevado…¿el libre mercado?

 

Esta apreciación cambiaria —o mayor poder adquisitivo internacional del sol, si buscamos ser algo clásicos en lo económico— sería un problema si es que hiciera que se revierta la tendencia que presentan las utilidades en este sector y las volviese negativas.  Éste, sin embargo, dista mucho de ser el caso.  En suma, los exportadores siguen ganando…, sólo que menos.  Y como para corroborar lo dicho, Walter Bayly, gerente central de Planeamiento y Finanzas del Banco de Crédito, afirma que “no [ha] visto ningún impacto de la revaluación del nuevo sol frente al dólar en los estados financieros de los exportadores” [Gestión, 15/feb/2008, p. 14].

 

Pero no todos analizan el tema bajo el prisma de las utilidades en este sector (como si hubiera una forma alternativa más importante de hacerlo).  En un interesante artículo, Gino Kaiserberger, presidente de CESDEN —y un comentarista que siempre tiene algo interesante que decir—, arguye que el problema del tipo de cambio en los costos de los exportadores de bienes con valor agregado no es una minucia (les representa una pérdida cambiaria de 17%), y “si en la estructura de costos de [estas] empresas ponderamos las ganancias y pérdidas, notamos una ‘pérdida’ neta total de 15% en sus exportaciones…[Éste] no es un problema —subraya— de unos cuantos exportadores que vayan a ganar un poco menos por sus ventas” [Gestión, 27/feb/2008, p.31].

 

ADEX, empero, no habla de ninguna pérdida, sino de “menores ingresos” que estarían por el orden de los 10,000 millones de soles, utilizando la metodología que delineé en un ensayo anterior, “El costo del juego en pared del BCR y ADEX” (mis cálculos, por cierto, indican que han dejado de ganar unos 8,400 millones de soles). 

 

“Estos menores ingresos”, dice José Luis Silva, presidente de ADEX, “grafica lo que estamos ‘perdiendo como país’ por no tener una política cambiaria clara” [Gestión, 28/febrero/2008, p.5].  “¿Por no tener una política cambiaria clara?”  “¿Lo que estamos perdiendo como país?”. Oh…, eso sí que es estirar el elástico de la verdad hasta que se rompa.  La política cambiaria es clara, muy clara: el sol debe mantenerse subvaluado, por eso el centralísimo Banco Central de Reserva (BCR) se llena de dólares que cada vez valen menos, gracias a Mr. Bernanke y su ‘política cambiaria’ de destrucción monetaria.  Y en cuanto a que ‘perdemos’ como país, una vez más, no es así: la apreciación del sol reduce el margen de ganancia de los exportadores, pero trae una serie de beneficios a la economía peruana.  Empecemos por el hecho que el gobierno central le dedica un cada vez menor porcentaje de sus ingresos fiscales (en soles) al pago de la deuda externa denominada en dólares.  Ahí no pierde el país: gana —y bien—.  Sigamos con todas las familias peruanas que tienen ingresos en soles (el 99%) y deudas en dólares.  Consideren cuánto más alta sería la inflación —por la cual el BCR ya empezó a culpar a las lluvias (“BCR: Lluvias habrían ocasionado salto en inflación de febrero”, Gestión, 28/febrero/2008, primera plana)— si el sol perdiera su poder adquisitivo internacional.  Y cuánto menos en inversiones llegaría al país si nuestra moneda nacional perdiera y perdiera y perdiera su valor como en los ochenta.  Esto y más es lo que ganamos como país.  Punto.

 

Pero ADEX, para suerte suya, tiene seguidores en los medios que velan por los intereses de sus afiliados.  Y es por eso que, algunos ‘anal-istas’, preocupados por el creciente aumento en el poder adquisitivo del sol (léase apreciación), sugieren que el Banco Central de Reserva les arroje un salvavidas a los exportadores interviniendo masivamente en el mercado cambiario; y otros, más preocupados aun, piden que se empiece a considerar medidas para-arancelarias que le quite velocidad al crecimiento de las importaciones.  Olvidan algo importante: si todos los países fuesen fundamentalmente neomercantilistas y buscaran maximizar las exportaciones y minimizar las importaciones, el comercio mundial sería prácticamente nulo, pues todos buscarían exportar y nadie querría importar.  Lo fundamental del comercio, empero, son las importaciones, no las exportaciones, ya que permiten la entrada de productos, que, o no se producen localmente o si se producen cuestan más y son de menor calidad.  Dicho de otro modo: exportamos para adquirir las divisas con las cuales importar.

 

El gran salto económico-militar de los Estados Unidos, por el cual pasa de periferia a centro y de colonia a super potencia, se debe a que puso en práctica el postulado central trazado en La riqueza de las naciones (1776), ya que desde su independencia hasta 1914 tuvo un enraizado déficit comercial con Gran Bretaña.  (Y desde 1982 hasta hoy, un crónico déficit en cuenta corriente.  En todo este tiempo, el desempleo, lejos de aumentar ha disminuido, de 11% a comienzos de los ochenta a un 5% en el presente, mientras que el PBI real ha crecido a una tasa promedio anual de 3.2%)  Todo déficit en cuenta corriente —olvidan convenientemente mencionar los enemigos del libre comercio— refleja escasez de ahorro interno y, por lo tanto, todo superávit, un exceso de ahorro.  Las colonias, entonces, importaban aquello que el centro imperial tenía en abundancia: Das Kapital.  En el caso norteamericano, el endeudamiento se canalizaba a proyectos de inversión y se justificaba siempre y cuando la tasa de retorno a las inversiones fuese superior a la tasa de interés que pagaran a los ingleses por el préstamo; en el caso inglés, el préstamo se justificaba siempre y cuando la tasa de interés de éste fuese superior a la tasa de retorno a las inversiones que hubieran obtenido de haber realizado éstas en la isla.  Esto es algo que la miopía ideológica de Obama y el dúo Billary no les permite ver en el corto plazo, pero que la hipermetropía de la globalización se va a encargar de hacerles entender: si tú le cierras la puerta a mis productos, yo se la cierro a los tuyos.  That’s the way the cookie crumbles, buddie!

 

Y cerrando el círculo: ¿qué sucede con la mano de obra que se pierde con las importaciones? ¿No aumenta eso, acaso, el desempleo?, preguntan los neomercantilistas.  No solo no se pierden empleos netos (como vemos en el caso norteamericano), sino que se ganan —dadas estas condiciones—: un producto importado que cueste menos que uno nacional libera recursos monetarios, y eso permite que el consumidor pueda gastar en otras cosas.  Pero si la inflexibilidad laboral en los mercados, el exceso de regulaciones y la sobrecarga tributaria, lejos de ayudar, inhibe las inversiones y, por ende, anula la creación de puestos de trabajo, entonces, esos recursos adicionales se gastarán en más importaciones.  Eso siempre pasa en nuestro país y seguirá pasando mientras las reglas de juego estén orientadas a proteger al pobre productor de la indeseable competencia desleal —por cierto: por qué lo que es competitivamente indeseable para el productor resulta siendo competitivamente deseable para el consumidor. (¿Quién no busca pagar menos por algo?)   

 

 

* Director de Estudios Económicos, Datum Internacional, S.A.

OFICINA DE ILE

INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE)

Free Enterprise Institute

Lima, Perú
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