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PERU: ¿EN EL RUMBO DE CHINA? |
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por Guillermo Vidalón del
Pino (*) Cuando
uno revisa la evolución de China desde 1978, no queda más que
sorprenderse por el éxito económico, así como por sus implicancias
sociales. a Anualmente,
millones de chinos dejan su condición de pobreza para integrarse a una
dinámica y pujante clase media que mira al futuro con gran optimismo,
aceptando el desafío de convertirse en la primera potencia del siglo XXI. Consecuentemente,
cabe preguntarse ¿qué hizo posible el éxito chino?
Tengamos presente que el cambio se dio tras la muerte del
denominado “Gran Timonel” y la condena de su esposa, quien lideraba la
cruenta y, finalmente, tragicómica “Revolución Cultural”.
Mao Tsé Tung falleció en 1976 dejando una estructura política
unipartidista, absolutista y sin espacio para el juego democrático, tal
como lo conocemos en occidente. Entonces,
¿qué pasó?, ¿qué hizo que las bases doctrinarias del comunismo: el
igualitarismo, la condena del éxito por una supuesta implicancia de
despojo y aprovechamiento del otro, la
explotación del hombre por el hombre, sucumban? Habían
transcurrido tres décadas de la experiencia de la revolución y su aporte
había resultado muy marginal en la reducción de la pobreza y mejora de
las condiciones de vida cotidiana de los ciudadanos chinos.
La promoción del igualitarismo, desde las esferas del poder,
anularon la libre iniciativa de las personas y la posibilidad de lograr
cierto éxito pasaba, exclusivamente, por cuán próximo se encontraba el
ciudadano a las esferas del poder. Mientras
mayor era la profundización de la revolución, mayor era el decrecimiento
del país y el riesgo del colapso futuro al orientar gran parte de los
escasos recursos económicos generados al fortalecimiento de un vasto
aparato político-militar. Para
fortuna del mundo, a China le ocurrió lo que a Ello
no fue posible porque China amaneció un día de 1978 y decidió el cambio
de rumbo. Tiene que haber
habido un liderazgo ilustrado, analítico, que en virtud de la constatación
de lo que venía ocurriendo, decidió persuadir y ocupar un espacio
progresivamente mayor en el interior de la estructura partidaria.
La
alianza habría sido libertad económica y hasta reconocimiento
institucional de la propiedad privada, pero el manejo de la administración
política se mantendría en manos de los jerarcas del Partido Comunista.
Total, a mayor desarrollo económico privado, mayor tributación a
ser administrada por quienes controlen el partido. Pues
si queremos que el Perú siga el rumbo de China, es tiempo de percatarnos
que el éxito económico que venimos alcanzando -
gracias al liderazgo del sector privado -, tiene
que tener, necesariamente, una contraparte ideológica compartida por la
colectividad, una utopía dinamizadora que
sea percibida como esperanza de bienestar futuro. (*)
Comunicador social de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, con
estudios de letras y derecho en la Pontificia Universidad Catolica del
Perú. |
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OFICINA DE ILE |
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INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE) Free Enterprise Institute Lima,
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