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LA SONRISA DEL DÓLAR Charles
M. Philbrook* “Un
pedazo de papel sin valor alguno” –esa fue la respuesta que dio
Ahmadinejahd, el presidente de Irán, cuando la prensa le preguntó por su
opinión sobre la inacabable caída del dólar.
Fiel a su estilo populista barroco -estilo que cuando trasciende lo
político, el gran Borges, alguna vez, describiera como aquel que
“deliberadamente agota sus posibilidades y que linda con su propia
caricatura”- el persa olvidó mencionar que su moneda, el rial iraní,
ya pierde un 20% de su valor frente al dólar desde el 2002, el último
cenit cambiario del ‘worthless dollar’.
A ningún periodista, como si sospechara que una respuesta axiomática
vuelve innecesaria la pregunta, se le ocurrió establecer en voz alta la
comparación entre ambos papeles. Yendo
un poco más allá de lo caricaturesco, una vieja tesis monetaria sobre
mercados cambiarios (que comparto) postula que el dólar, desde una
perspectiva cíclica, y al igual que la forma que describe una sonrisa en
el rostro, tiende a apreciarse en relación a otras monedas cuando a la
economía norteamericana le va muy bien…o le va muy mal.
El dólar, por lo tanto, vendría a ser una moneda de extremos cíclicos. Esto
se puede apreciar claramente desde 1973, cuando colapsa Bretton Woods I y
se rompe el nexo formal entre el dólar y el oro.
Son dos los períodos de apreciación del índice del dólar
en relación a otras monedas (dollar trade-weighted index, St. Louis fed):
el que va de ¿Ha
llegado el fin apocalíptico del dólar? ¿Estamos en la era del euro? No
y no sería la respuesta escueta a ambas preguntas.
Toda moneda refleja implícitamente la economía de un país; y
mientras Estados Unidos siga teniendo las mejores universidades, las
empresas más productivas y una de las economías más abiertas, seguirá
teniendo la mayor cantidad de premios Nóbel, el 75% de las patentes
mundiales y la productividad más alta entre los países desarrollados
–algo que el papel de Ahmadinejahd nunca podrá reflejar (por cierto,
desde el 2002, el revolucionario y antiimperialista bolívar venezolano ya
pierde un 40% de su valor oficial frente al dólar). El
euro es un experimento monetario que, al igual que otros que le
precedieron, puede terminar en fracaso.
Un
requisito importante de toda unión monetaria es el de la similitud en la
estructura económica de los países que formen parte de ella; si esto no
es así, y existe una clara disimilitud entre éstos, más vale que haya
flexibilidad en los mercados laborales y de productos, de manera tal que
puedan fácilmente absorber golpes asimétricos que afecten a unos más
que a otros. Éste,
desgraciadamente, es el gran problema de Y
si algo hace presagiar un nada feliz final del euro es el hecho que en los
últimos meses los rendimientos de los bonos gubernamentales a 10 años,
de los países miembros, han vuelto a tomar rumbos diferentes.
El norte y el sur de Europa están tomando caminos opuestos: El
bono del gobierno alemán rinde 4.14%, pero el de Italia rinde 4.46%, el
de Grecia, 4.44%, el de España, 4.28%, y el de Francia, 4.25%.
¿Convergencia? Todo lo contrario; todo lo cual hace pensar que
Italia podría llegar a ser el primer país en abandonar el euro: desde
1999, fecha de nacimiento del euro, Italia y España ya han perdido un 40%
de competitividad frente a Alemania, y como no pueden devaluar solo les
queda la deflación y/o grandes reformas laborales que les permita
aumentar considerablemente su casi negativa productividad. Mientras Europa no enfrente su futuro, el euro seguirá siendo un proyecto. En el ínterin, el dólar seguirá contemplando el devenir de la historia…con una amplia sonrisa. * Director de Estudios Económicos, Datum
Internacional, S.A. |
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OFICINA DE ILE |
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INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE) Free Enterprise Institute Lima,
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