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MILTON FRIEDMAN, IN MEMORIAN, 1912-2006 POR ROBERTO SALINAS LEÓN* |
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“Hay
muy pocos seres en la historia del ser humano cuya contribución en el
campo de las ideas ha generado un cambio material demostrable, para el
resto de la humanidad. Uno de ellos, sin duda, ha sido Milton Friedman.” Alan
Greenspan, Presidente de la Fed, 1987-2006
La libertad vive un momento de luto. Milton Friedman, principal voz
de la escuela económica conocida como “monetarismo” y uno de los
grandes campeones de la libertad en la historia del ser humano, murió el
día de ayer, a la edad de 94 años. Friedman recibió el Premio Nobel de
Economía en 1976—época donde sus ideas eran consideradas herejía en
el mundo de la sabiduría convencional. A la postre, sin embargo, gracias
a sus enormes aportaciones, tanto en el plano intelectual como en el plano
de la política pública, el siglo que casi llegó a vivir, presenció
eventos como la caída del Muro de Berlín, el colapso del comunismo, el
cambio de paradigma en el pensamiento económico, las reformas en países
alrededor del mundo, los milagros económicos modernos (desde Hong Kong
hasta Irlanda hasta Estonia hasta Chile), la explosión de la apertura
comercial, nuevos “rankings” como el Índice de Libertad Económica, y
mucho más.
Todos estos representan tributos al poder de una idea: la libertad
de elección. Esa fue la idea que caracterizó el pensamiento de Milton
Friedman. En las palabras de Edward Crane, Presidente del Cato Institute y
además fundador del Premio Milton Friedman para la Libertad (otorgado
cada dos años a la persona que mayor avance ha logrado a favor de la
libertad): “Aquí tenemos a un tipo que ganó en Premio Nobel de Economía,
y que es reconocido por sus grandes investigaciones teóricas. Pero en el
fondo, lo que lo movía era la libertad humana. Esta exige vigilancia
eternal; yo considero que Milton fue el campeón más importante de la
libertad humana en el siglo pasado… y lo que llevamos de éste.”
Libertad de elección. En todos los frentes: educación, política,
sistema monetario, pensamiento, en los medios, en la sociedad civil. Sin
duda, Friedman se caracterizó por su énfasis en la importancia de la
moneda y las instituciones monetarias para lograr mayores niveles de
prosperidad. Esta idea, hoy, es aceptada como parte del sentido común.
Pero no hace poco, era considerada poco convencional, sino es que locura
total. En las palabras de Alan Greenspan, quién siempre defendió
patrones monetarios como el oro, la gran virtud de las aportaciones de
Friedman en la ciencia económica es que nos enseñó que sí se puede
lograr la estabilidad del poder adquisitivo en un mundo de moneda fiat, o
sea en un mundo de papel.
Friedman también se caracterizó por sus controvertidas posiciones
en temas como la reforma fiscal, el gasto público, el llamado “bono
educativo,” la flotación del tipo de cambio, así como un sistema de
pensiones individualizadas. Esta última propuesta tuvo su primera
divulgación en Capitalismo y
Libertad, y unas dos décadas después se adoptaría con éxito en
Chile, y posteriormente varios otros países alrededor del mundo.
Pero estas posiciones, si bien objetos de críticas derivadas más
del estomago que del cerebro, reflejaban un enorme respeto por el
comportamiento natural del ser humano, y a la vez, por el poder del
sentido común. Su crítica a la fuerte expansión del gasto público la
logró traducir en forma muy sencilla, pero muy poderosa: “si uno se
gasta su dinero en uno mismo, uno se preocupa mucho de cuanto se gasta, así
como de cómo se lo gasta; si uno se gasta su dinero en otros, uno sigue
estando muy preocupado de cuanto se gasta, más no tanto en cómo se
gasta; si uno se gasta el dinero de otros en uno mismo, uno no está tan
preocupado de cuanto se gasta, pero sí muy preocupado de cómo se gasta.
Sin embargo, si uno se gasta el dinero de otros en otros terceros, uno
casi nunca se preocupa en cuanto se gasta, ni en cómo se gasta.”
Estas joyas de sabiduría común lograron resistir la hostilidad de
varios políticos e intelectuales que profesaban (que siguen profesando)
el romance del ogro filantrópico, el falso e irresponsable himno seductor
de que sí hay tal cosa como un almuerzo gratis. Gary Becker, otro gigante
de la economía, lo expresa muy atinadamente: “…todos tenemos una
inmensa deuda con este gran economista.”
Más allá de su formidable legado intelectual, Milton Friedman
también nos deja otro legado lleno de riqueza: la Fundación Milton y
Rose Friedman. Esta entidad se dedica a difundir los principios del bono
educativo, el cual Friedman siempre consideró aplicable al caso de México
y la región latinoamericana. Su posición aquí, como en otros países,
es que la idea de subsidiar la demanda educativa es muy superior al
sistema prevaleciente de de monopolio educativo—y por ende, que es mucho
más efectivo el dejar que los padres tengan la libertad de elegir como
debe gastarse ese dinero en lugar de tener a un burócrata tomados estas
decisiones, tan personales para el porvenir familiar, “gastándose el
dinero de otros, en otros que no son suyos.”
A Milton Friedman lo sobreviven su esposa y eterna acompañante
Rose, otra gran economista, su hijo David, brillantísimo erudito tanto en
las ciencias naturales como las sociales, y su hija Janet—junto con todo
un universo de amistades y colaboradores en su batalla por mejorar el
bienestar humano. Nosotros tuvimos una modesta oportunidad de colaborar
con este gigante de las ideas, tanto con El
Economista, como en otros foros. En estas páginas, publicamos tres
entrevistas exclusivas con el Dr. Friedman—incluyendo la ocasión que
visitó nuestro país en 1992, en un magno evento del Cato Institute Apertura
en las Américas, dentro del cual el periódico participó como
patrocinador. Por cierto, varios colaboradores de nuestro foro económico
fueron estudiantes, directos e indirectos, de Friedman.
En marzo de este año, tuvimos oportunidad de dialogar con él, en
un foro a puerta cerrada en honor de su legado, en las afueras de San
Francisco. En ese diálogo, nos reiteró su posición sobre dos grandes
revoluciones que se dieron en el fin de siglo—la revolución política,
representada por la caída del muro de Berlín, y la revolución tecnológica,
la cual consideraba un episodio liberalizador. Esta, decía Friedman,
permitirá que personas sean más productivas, con mayor oportunidad tanto
de crecer como de elegir. El efecto clave, sin embargo, es que hará cada
vez más difícil la recaudación de impuestos—y con ello, obligará a
los gobiernos a ser más eficientes en el ejercicio de su quehacer público.
México, en la visión de Friedman, se ha beneficiado enormemente
del comercio exterior y de la inversión. Un gobierno que se limite a lo
suyo (protección de los derechos de propiedad, seguridad y paz), es
condición necesaria para el desarrollo. O, como solía decir, el futuro de los mexicanos depende de
ellos, no de factores externos. Somos amos de nuestro propio destino.
Otra idea poderosa, otra idea de sentido común. Una de tantas más
que cambiaron al mundo, que transformaron la forma de pensar de varios
presidentes, ejecutivos, líderes, estudiantes, hombres y mujeres. Ideas
que partían de una visión sencilla pero fundamental: una sociedad donde
somos libres, libres para elegir nuestros destinos y decisiones. En
paz descanse, Milton Friedman…
(*) Catedrático y consultor. |
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OFICINA DE ILE |
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INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE) Free Enterprise Institute Lima,
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