¿HACIA DONDE VAMOS?

Charles M. Philbrook*

 

Una buena pregunta si en la carta de viaje hay un rumbo y un destino.  Una mala, si se va a la deriva.  Como país, ¿vamos a algún lado o vamos a la deriva?

 

Todo país es producto de su pasado, de su historia.  Si esto es así –y todo indica que así es- la del nuestro debe haber sido singularmente especial para habernos llevado a los actuales niveles de exclusión social y económica los cuales, a su vez, guardan estrecha relación con la informalidad, con la “desigualdad en el ingreso” y con la  pobreza.  Pues bien, pobreza y concentración en la distribución del ingreso son el anverso y reverso de una misma moneda.  América Latina es la región más “desigual” del mundo y, en esto, el nuestro, es líder regional.  ¿Qué factores llevan a esta situación?

 

Si quisiéramos medir la concentración en el ingreso podríamos recurrir al coeficiente GINI, el cual va de cero a uno.  El cero implica una perfecta igualdad en la distribución del ingreso nacional y el uno, perfecta desigualdad (“Dionisio se lleva todo”).  De 1950 al 2004, el promedio del GINI peruano era 0.55, el de América Latina era 0.50 y el de los países desarrollados era 0.33.  Una idea de la magnitud de la concentración -en unos cuantos- del ingreso nacional peruano la da el hecho que solo 54 contribuyentes aportan el 40% de la recaudación tributaria.  O vista desde otro ángulo: De 3.5 millones de contribuyentes, unos 15,000 explican el 92% de la recaudación total por impuesto a la renta.

 

Pasemos ahora al tema de la exclusión y, si ésta es activa o pasiva, es intrascendente.  En la práctica los resultados son los mismos, pues divide a la sociedad entre quienes están dentro y quienes están fuera; al dividirla, agudiza el nivel de pobreza y obliga a los de la periferia, a los de afuera, a ser informales.  En 1970, el sector informal de la economía representaba un 20% del PBI; hoy, podría llegar a un 60% del mismo. Un 70% de los trabajadores (utilizando la definición legalista o la definición productiva) son informales.  En unos treinta años, de seguir la tendencia, vamos a encontrarnos con un sector informal de igual tamaño que el formal.  A este escenario, la historia económica muestra, nunca se llega porque las fuerzas de la desintegración social se interponen.

 

Si la informalidad en lo económico produce los guarismos arriba mencionados, la informalidad en lo demográfico no es más que su imagen espejo, y esto lo apreciamos en la Lima periférica, la de los conos.  En 1960, la población de Lima Metropolitana era de unos 2 millones: 25% vivía en los conos y un 75% en Lima central y el Callao.  Hoy por hoy, de 8 millones de limeños, el 65% vive en los conos, es decir, los porcentajes se han prácticamente invertido; en menos de una década, de mantenerse esta tendencia, debería llegar al 75%, como en los sesenta, solo que al revés (!).

 

A la exclusión no le queda mucho de vida; a lo sumo, unos 30 años.  Los de adentro y los de afuera recorren, en sentido contrario, un mismo sendero: los unos al encuentro de los otros.  En algún momento, la inevitabilidad del cambio hará del centro la periferia y de la periferia el centro; recién entonces, recordaremos que solo tiene sentido existencial el preguntarse “¿qué hice mal?” cuando ya es tarde para evitar el desenlace.   

 

Recién entonces la clase política se dará cuenta de que no hay ninguna experiencia exitosa de reformas “hacia la izquierda” (¡absolutamente ninguna!).  No hay reforma que se haga siguiendo el camino de Dante al descender en el Infierno (avanzando por la izquierda). Toda y cada una de las reformas se hacen “hacia la derecha”: mayor flexibilidad, menos regulaciones, menos impuestos; en suma, más libertad para que cada individuo pueda decidir, por su cuenta y riesgo, qué es lo que más le conviene (“Liberty means responsibility; that´s why most people dread it”, aseguraba Shaw).

 

La “desigualdad” en la distribución del ingreso se debe a la desigualdad en la distribución del Capitalismo.  Quienes tienen y quienes no tienen se diferencian, precisamente, en el acceso que puedan tener o no a las herramientas del Capitalismo.  La brecha en el ingreso se reduce a medida que los ingresos no salariales (dividendos, intereses o ganancias de capital) representan una cada vez mayor parte del ingreso total.  Dicho de otro modo: si queremos reducir la concentración en la distribución del ingreso, debemos buscar que se den las condiciones que permitan que cada vez sea mayor el número de participantes en la economía formal.  Esto empieza por reconocer que solo y únicamente mercados libres, competitivos e incluyentes permiten que aflore el potencial que todos llevamos dentro…

 

 …Solo entonces los de la periferia empiezan a formar parte del núcleo; solo entonces las fuerzas centrífugas de la exclusión son reemplazadas por las fuerzas centrípetas de la inclusión.

 

* Director de Estudios Económicos, Datum Internacional, S.A.

OFICINA DE ILE

INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE)

Free Enterprise Institute

Lima, Perú
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