INVERSIONISTAS INSTITUCIONALES BUSCAN ARRINCONAR A LOS MERCADOS 

Charles M. Philbrook*

 

 

No se requiere ser un gran analista para afirmar que los precios de los principales commodities van a seguir subiendo ahora que estos amenazan con llegar al cielo.  Y es que no hay mucho de arte en predecir lo predecible basándose en las tendencias: “[El Ministro Carranza] prevé que los precios altos de las materias primas podrían continuar por quince años más, por lo que el boom de la economía peruana recién estaría iniciándose”. (Gestión, Editorial, 10/ago/2007)*

 

Yo, a diferencia de Carranza, estoy seguro que en los próximos quince meses (no años) estos precios se van a derrumbar.  Pareja afirmación, como supondrán, requiere un sustento –el cual procedo a realizar: Si en los mercados de commodities no existiese especulación alguna, la cantidad producida y la cantidad ofertada dependerían únicamente del precio.  Este, por cierto, es un escenario con el cual muchos funcionarios y políticos desinformados sueñan.  La  especulación en los mercados, sin embargo, juega un rol importante y necesario ya que permite que el productor transfiera los riesgos asociados a variaciones en el precio, de un insumo o producto, al especulador (que vive de esas variaciones).

 

Ahora bien, en ciertas ocasiones y bajo ciertas condiciones, los niveles de especulación exceden la capacidad de la represa financiera e inundan todo lo que encuentran a su paso (al tener el monopolio del dinero, solo los bancos centrales tienen el control de la represa).  Entre el 2000 y el 2002, como recordarán, los bancos centrales del mundo empezaron a bajar sus tasas para lidiar con el colapso especulativo de la “Nueva economía” y la subsiguiente amenaza de recesión.  Estas tasas de interés más bajas aumentaron la liquidez monetaria y llevaron a que la especulación, especialmente en los mercados de commodities, creciera exponencialmente.  En consecuencia, del 2002 al presente, según el Bank for International Settlements, el valor nocional de los contratos derivados en commodities aumentó en unos 12 millones de millones de dólares (el tamaño del PBI norteamericano).  Dicho de otro modo: ¡de representar un 3% del PBI mundial pasaron a un 30%! 

 

El valor nocional de un contrato derivado es la suma del valor nominal absoluto del mismo.  Por ejemplo: supongamos que uno compra 2 contratos de crudo de petróleo; cada contrato representa unos 1,000 barriles.  Si el precio spot es de 80 dólares, el valor nocional del contrato es de 160,000 dólares (2 X 1,000 X 80).  Hasta aquí todo está claro, todo es simple… Ahora, piensen, ¿qué sucede si el número de barriles de petróleo implícito en estos contratos supera largamente (¡largamente!) el consumo global de petróleo?  El año pasado –para poner esto en perspectiva- el mundo consumió unos 29,000 millones de barriles; si suponemos un precio spot promedio de 70 dólares, esto implica que el valor anual de este mercado es de unos 2 millones de millones de dólares.  ¿A cuánto llega el valor nocional del mismo? A unos 8 millones de millones de dólares si promediamos los diversos estimados que existen.

 

Esta demanda artificial, especulativa, llevó a que los mercados de diversos commodities entraran en lo que se llama “contango.”  Es decir, a que el precio en el mercado spot estuviera por debajo del precio de cada contrato futuro.  Esto permitió que los especuladores compraran el commodity donde valía menos, en el mercado spot (con lo cual creaban una demanda artificial, improductiva), almacenaran el mismo, y luego procedieran a venderlo donde valía más, en los mercados futuros.

 

En las últimas semanas, esta situación de “contango” ha desaparecido (al menos en lo que al petróleo y commodities industriales se refiere).  Ahora, la especulación ya no va por el lado de los contratos futuros, sino por el commodity en sí.  Cada vez son más los inversionistas institucionales que buscan arrinconar a los mercados comprando el commodity en el mercado spot, para tener un mayor control sobre los precios en los mercados futuros.  Ahora, hay factores ajenos a la oferta y la demanda que están determinando los precios (“Lex: Commodities”, Financial Times, 9/oct.2007).

 

Con el paso de los meses, y a medida que Estados Unidos entre en recesión, un cada vez mayor nivel de inventario en estos commodities va a poner de manifiesto el divorcio entre oferta y demanda productiva (“Base metals bull-run could hit a brickwall in 2008” , BaseMetals.com, 12/oct/2007).

 

Una idea de cómo acaban estos mercados la da la evolución del precio de la plata.  En 1973, cuando la onza cotizaba a 1.90 dólares, los hermanos Hunt empezaron a comprar grandes volúmenes del metal en el mercado spot; después de todo, la inflación empezaba a cobrar forma (¿familiar?) y la tenencia privada de oro era ilegal.  A comienzos de los ochenta, y ya con el mercado arrinconado, la onza se negociaba a 50 dólares.  Pocos meses después, en marzo de ese año, y luego de que el COMEX y la Reserva Federal intervinieran, el precio se desplomaba hasta llegar a los 10 dólares…

 

Un funcionario peruano -cuentan los libros especializados en el tema- al cual nuestro país pagaba para coberturar la producción de plata, perdió unos 200 millones de dólares (en valor presente) vendiendo el metal en corto: al subir el precio tuvo que recomprar los contratos y pagar un precio más alto…¡pero no era Carranza!

 

*[El editorial erróneamente le atribuye al MEF lo que fueron declaraciones del ministro].

 

* Director de Estudios Económicos, Datum Internacional, S.A.

OFICINA DE ILE

INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE)

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