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MITOS QUE ENVENENAN |
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Por
Edwar E. Escalante
(*) Cusco, Perú, Febrero 25, 2008.- Quisiera profundizar los motivos por los que el Cusco se opone cerrilmente a una ley que promueve la inversión en el patrimonio cultural, al descubierto han quedado como los impulsores de estas tropelías, un grupúsculo de personajes con la misma execrable cimiente ideológica, una izquierda anacrónica, cuya oposición al desarrollo era predecible, pero la estupida reacción de paralizar las actividades económicas y el acatamiento obsecuente de un pueblo en estado de severa intoxicación socialista, me hacen pensar que esto es grave y tiene todavía muchos capítulos por escribirse. No a la inversión, ni al desarrollo, y sí al bloqueo de carreteras y la toma de aeropuertos. El Cusco paralizado por dos días a razón de una intransigencia de notoriedad global. El hecho es que la protesta de marras ha desenmascarado el vigente envenenamiento mental que todavía se promueve en buena parte del Perú, utilizando el descontento de la población como trampolín del discurso incendiario. La raigambre del problema esta en la enorme desinformación de un pueblo idiotizado que vive con la cultura de la culpa inoculada todos los días con dosis obscenas. Aquí mis cuatro mitos favoritos en contra de la inversión y la empresa privada sostenidos con tirria durante los desmanes. La paralización de las actividades perjudica más a las transnacionales extranjeras. El primer día de paralización la principal empresa aérea de capital chileno, pierde miles de dólares, alrededor de 250 mil según entendidos. El taxista local, 25 soles, la distancia es enorme y no me refiero a la diferencia pecuniaria, sino a la proporción, el taxista cuzqueño pierde el 100% de sus utilidades, la diabólica transnacional con operaciones en el resto del Perú, América Latina y Estados Unidos, mucho menos, el número no macula su presupuesto. Los establecimientos cuyas operaciones cesan con la paralización también pierden la totalidad de sus utilidades en ese día. El Estado pierde la recaudación fiscal de todas las operaciones privadas, esa improductividad la pagaran finalmente los más pobres que verán disminuidos los alcances de los programas sociales, porque eso si, las autoridades públicas de la región que desfilan ritualmente, cobraran con puntualidad el fin de mes. Habrá que sumar los miles de turistas que están cancelando sus próximos viajes al Perú y la gran perdida económica que probablemente sea mucho mayor que la calculada oficialmente. El turismo no beneficia a los cusqueños, solo a los grandes hoteles y las agencias. Si el que los hoteles ¿grandes? generen 500 puestos de trabajo directos y 2500 indirectos, aporten impuestos, aumenten el valor de la localidad donde se instalen, desarrollen infraestructura y ofrezcan servicios de calidad internacional no justifica su presencia en la región, entonces quizás el rastrear didácticamente la ruta que sigue el dinero que nuestros visitantes gastan en el Perú, pueda servir. No creo que los peruanos que trabajan en los hoteles y las agencias de turismo gasten sus ganancias –a causa de la visita del turista--- en Chile o los Estados Unidos. Ese dinero fluye dinamizando la economía local, pues si aquellos que operan con el turismo directamente, obtienen ganancias, esta claro, consumirán mas bienes y servicios, (educación, comida, entretenimiento, salud, etc) lo que alienta los emprendimientos de otros lugareños en actividades muy distintas al turismo. Las transnacionales explotan a sus trabajadores. Aunque absurda por donde se le mire, pues una empresa privada extranjera, esta sometida al escrutinio de los organismos gubernamentales y a las normas internacionales que rigen la cuestión laboral en el mundo, es en este argumento donde reside la mentira mas nociva de la izquierda peruana y latinoamericana, “nuestra pobreza es culpa de ellos”. Si precisamente la libertad laboral permite que el empleado opte por el trabajo que mejores condiciones le ofrezca, nadie esta obligado, y si acaso alguien pudiera afirmar que uno debe aceptar a regañadientes cualquier empleo por la carencia de puestos de trabajo, con mayor razón nos urge la inversión privada que incremente las opciones en el mercado laboral! Debemos defender lo nuestro, no a la privatización. Si por “nuestro” entendemos la ineficiencia, corrupción y burocracia amodorrada, que identifica a las empresas estatales, estamos condenados a la miseria. Si vamos a defender la gerencia del favoritismo estamos resignándonos al merito de tener las amistades políticas. Lo nuestro es, en verdad, la libertad individual amenazada con la extensión de la administración estatal. La privatización, es el arma que protege tal libertad, limitando el poder político sobre los ciudadanos. La propiedad privada es fundamental para nuestras libertades, y su promoción es la única garantía de ahuyentar el irritante y ridículo protagonismo de muchos politicastros. ¿Cómo es posible que ideas derrotadas por la historia permanezcan todavía en el debate en un pueblo donde la inversión ha traído beneficios palpables a cada cuadra? La respuesta merece un análisis riguroso, porque en ella podemos encontrar la determinación nacional que todavía nos falta para encaminar el destino del Perú a la grandeza que nuestros ancestros escribieron como sitial de esta tierra.
(*) Director Ejecutivo del Instituto Andes Libres de Cusco (www.andreslibres.com)
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