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LA
RESERVA FEDERAL EN PIE DE GUERRA
Charles
M. Philbrook*
Los
mercados de futuros daban por descontado que
la Reserva
Federal
, una vez más, bajaría su tasa referencial (fed
funds). Los contratos forward
del dólar, a un año, mostraban que éstos no esperaban grandes
variaciones en relación a otras monedas: con las principales monedas del
mundo, incluyendo el sol peruano, estas variaciones, en promedio, no
pasaban del 2% hacia arriba o hacia abajo.
Solo en el caso del peso argentino y la lira turca se esperaba que
el dólar se “apreciara” en 7% y 10%, respectivamente.
Si
esto era así, hasta antes de que
la Reserva
Federal
anunciara un recorte adicional de 0.25% en su tasa de fed funds, ¿por qué el índice del dólar ya cae un 3.8% a casi un
mes de pareja decisión? Probablemente
porque la respuesta a ésta y otras preguntas escape al campo de la economía
y la estadística y vaya más por el lado de la historia.
Acabada
la Primera
Guerra
Mundial, y después de haber sido ésta financiada (en gran parte) con
dinero fiduciario (léase aire), las principales potencias de la época
llegaron a la conclusión que debían regresar al patrón oro si querían
llevar orden al comercio internacional.
A tientas más que a ciertas uno y otro país llegó a fijar un
tipo de cambio en relación al oro: unos lo sobrevaluaron (como fue el
caso de la libra esterlina) y otros lo subvaluaron (como fue el caso del dólar
y el franco francés).
Las
reglas del patrón oro eran claras: aquellos países que tuvieran déficits
comerciales exportaban oro y debían dejar que se reduzca su oferta
monetaria -- lo cual llevaba a la deflación.
Ese diferencial de precios a favor de los países deficitarios,
eventualmente, revertía la tendencia y una vez más empezaban a importar
oro, con lo cual se aumentaba la oferta crediticia y se conseguía un
artificial boom económico.
Si
unos países seguían las reglas y otros no era irrelevante; lo que sí
era relevante es que quienes subvaluaban (Francia y Estados Unidos,
principalmente) importaban cantidades masivas de oro de, principalmente,
Inglaterra (que sobrevaluaba). Es
así que, agobiada por el desempleo y la deflación, Inglaterra pide
formalmente a
la Reserva
Federal
, en 1927, que baje sus tasas de interés con el fin de volver menos
atractivo al dólar; de lo contrario, Sterling,
abandonaba el juego. Benjamin
Strong, el presidente de facto
de
la Reserva
, accedió. The
rest is history, como suelen decir…
Dos
años después, en 1929, sabemos lo que pasó.
La historia, ochenta años después, se vuelve a repetir.
Prácticamente todos los países emergentes (China, Perú, Arabia
Saudita, Argentina, Vietnam, Qatar, Indonesia, Venezuela, Bolivia, Burkina
Faso, Botswana y muchos más) fijan su tipo de cambio en relación al dólar
en pequeñas bandas que los economistas teóricamente pulcros llaman
“flotación sucia”.
Pues
bien,
la Inglaterra
de ayer son los Estados Unidos de hoy: Basta ya, le dice Uncle Sam a los bancos centrales del mundo, de vivir a costa de
nosotros. O dejan de
intervenir en el mercado cambiario y permiten que el dólar caiga y sus
monedas suban, o se ahogan en inflación (todos aquellos países que opten
por subvaluar sus monedas y fijen su tipo de cambio al dólar van a
“importar” la política monetaria expansiva de los Estados Unidos).
El Banco Central de Reserva del Perú, sin ir muy lejos, en lo que
va del año ya “importó” más de US$ 8,000 millones y a ningún
periodista acucioso -absolutamente
ninguno- se le ha ocurrido preguntarle a un director del banco a cuántos
miles de millones de soles llega la pérdida cambiaria del banco central
(mis cálculos, del 2002 al presente, estiman que ésta bordea los 6,000
millones de soles).
Hasta
no hace mucho uno podía pensar que la política monetaria de
la Reserva
Federal
era irresponsable, como en los veinte.
Hoy, fácilmente se puede argüir que es el grito desesperado de
una Inglaterra de los veinte que le dice al mundo: O me ayudan, o nos
hundimos juntos.
* Director de Estudios Económicos, Datum
Internacional, S.A.
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