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TAXISTA UNIVERSITARIO TAXISTA POR GUSTAVO LOAYZA ACOSTA* |
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En
el informe publicado por Asamblea Nacional de Rectores (ANR) denominado
“Formación Universitaria Vs. Mercado Laboral”, (Luis Piscoya: 2006),
indica que el nivel de subempleo de profesionales universitarios peruanos
es del orden del 45.7% de la PEA, siendo Huancayo la ciudad que registra
la mayor tasa con el 58% de la PEA. Si las universidades públicas están
generando subempleados, ¿por qué seguir manteniendo políticas públicas
que no están dando resultados?. No olvidemos que la educación
universitaria pública es financiada por el Estado y si no está aportando
al desarrollo y crecimiento económico es válido e imperativo proponer
cambios. Carlos Boloña al describir el subempleo de los profesionales
universitarios habla del síndrome “Taxista-Universitario-Taxista” e
indica que: “nosotros como país vamos a gastar entre 15000 y 21000 dólares
(en 5 años) para que una persona no preparada, por ejemplo un taxista,
sea abogado pero después siga manejando taxi. Esto es caro para el
taxista, es caro para la universidad, es caro para nosotros que estamos
pagando impuestos.” (El Porqué de la relación Universidad-Empresa:
Programa Bolívar, 1997). En
el informe de la ANR, encontramos que las carreras profesionales que
tienen menos demanda y postulantes son las relacionadas con el sector
productivo, éstas también son las que menos oportunidades laborales
tienen en el Perú. Las estadísticas
indican que de 129 carreras universitarias existentes, el 15% (20
carreras) recibieron el 74.74% del total de postulantes. De estas 20
carreras más demandadas, 16 forman profesionales para la actividad de
Servicios y sólo 4 forman
para la actividad productiva. De acuerdo a la misma fuente, se conoce que
la mayoría de los empresarios peruanos también buscan y prefieren
profesionales de carreras del rubro de servicios. Las
estadísticas revelan que la mayoría de las empresas desarrollan
actividades relacionadas al comercio y servicios. Sólo en las Mypes (94%
del total de las empresas peruanas) el 82% se dedican a actividades de
servicios y comercio (según el MTPE) y el 87% según Prompyme.
(“Elaboración de Estadísticas de la Micro y Pequeña Empresa”. MTPE:
2005). Es decir, las empresas producen principalmente bienes de consumo y
no bienes de capital. Esto es un indicador del bajo nivel de desarrollo de
Ciencia y Tecnología en el Perú, el cual debería ser producido desde
las universidades. Las teorías de crecimiento económico y la evidencia
empírica revelan que los países que prioricen la producción de bienes
de capital son los que mayor crecimiento desarrollarán. De
los datos indicados líneas arriba -lo cual no es nuevo porque existen
muchos diagnósticos e informes sobre el tema) se observa que en el Perú,
no existe una relación “Universidad-Empresa-Sociedad”, en todo caso
ha sido ignorada por las universidades públicas, las empresas así como
por la sociedad peruana. La universidad pública y las empresas vienen
funcionando de espaldas unos de los otros, como indicaba Carlos Boloña,
cada una de ellas “siguen en lo suyo y hay un divorcio clarísimo”.
Uno de los resultados de esta situación es descrita por Milton Friedman,
cuando indica que la “eficiencia de las universidades públicas” sólo
ha producido “enorme pérdida de dinero de los contribuyentes” y ha
propiciado “más descontento social”. (Libertad de Elegir, 1980). Este
descontento social abarca no sólo el campo universitario, se siente también
en el sector empresarial que desdeña a los egresados universitarios
porque se asume que salen con bajo nivel educativo, de igual manera, la
sociedad se da cuenta que la inversión estatal en la educación
universitaria no es eficiente. El
gobierno actual no ha dado muestras de querer impulsar una reforma en la
universidad pública, se está desdeñando todos los estudios y propuestas
que existen al respecto. Es por ello que, para no quedarnos sólo en el
diagnóstico queremos rescatar una propuesta que viene desde un enfoque
liberal. La propuesta es que el Gobierno financie la Educación
Universitaria pública no como viene haciéndolo hasta hoy, en el cual
financia la oferta educativa universitaria (infraestructura, pago de
sueldos a profesores, etc.). El cambio radica en que el Gobierno
transfiera todas las instituciones universitarias a los profesores y
administrativos de las universidades públicas, haciendo de estas
instituciones privadas. Los fondos del Estado irían a financiar la
educación universitaria a través de la emisión de vales o vouchers
educativos para que los jóvenes que quieran estudiar en la universidad
que ellos escojan bajo su propia responsabilidad y riesgo. Las
universidades públicas que fueron transferidas a sector privado tendrían
que demostrar eficiencia y competitividad si quieren captar los
estudiantes con vales educativos.
Para
que esta propuesta de política pública en el financiamiento de la
educación universitaria, ésta tendría que pasar el siguiente proceso:
1) Discusión en la arena burocrática para determinar los parámetros,
financiamiento y alcance de este modelo; 2) Discusión en la arena pública
para lograr el consenso y apoyo de la sociedad civil sobre la pertinencia
de un cambio en el financiamiento público de la educación universitaria;
3) Análisis de situaciones, alternativas, políticas, jurídicas,
culturales, organizacionales,, etc.; 4) Implementación de la nueva política
pública; 5) Enfrentamiento del rechazo; y 6) Mejora de la Política Pública.
(“The
policy window and joining the streams” de John Kingdon. Traducción
libre realizada por Mayen Ugarte de Governa, 2006).
Entendemos
que la discusión en la arena burocrática tendría que darse a partir de
una “ventana de oportunidad” que se puede ir gestando desde el
gobierno, si tienen la intención de mejorar la educación universitaria.
Un nuevo modelo de financiamiento para la universidad peruana necesita
entrar en la agenda de los partidos políticos e ir al debate político,
esto podría ser impulsado desde el Consejo Nacional de la Educación
(CNE). Lograr que la propuesta entre en la arena pública y se evidencie
la urgencia de ésta, el CNE también se debe constituir en un actor
principal de esta reforma, a través de estrategias de difusión y
sensibilización.
En
cuanto al tercer momento, una vez conseguido el triunfo y la aceptación
en la arena burocrática y pública. El siguiente paso es constituir un
grupo de especialistas y técnicos que se encarguen de realizar los análisis
correspondientes para elaborar la propuesta de la nueva política pública.
Antes de pasar a la implementación, estamos seguros que es necesario un
Plan Piloto en una región o departamento, de tal manera que permita hacer
las correcciones necesarias. Después de ello, vendría la implementación
de la política pública a nivel nacional.
El financiamiento de la educación universitaria por el lado de la demanda, como propuesta de política pública liberal, es compatible con la teoría de la Nueva Gestión Pública, trabajada por Osborne y Gaebler en “Reinventing Government”: 1) Financia los productos y no los procesos de producción; 2) Prefiere las decisiones de gestión de los ciudadanos sobre las de la burocracia; 3) Introduce competencia entre servicios públicos para promover competitividad e innovación; y 4) Simula el mercado cada vez que se puede. Esta propuesta también encuentra alineamiento con lo propuesto por Joseph Stiglitz, en “Mejorando la eficiencia” (CLAD: 2002), toda vez que políticas públicas como estas anularían las llamadas rentas artificiales (“rent secking”), la corrupción e incentivos limitados. Si
bien es cierto, se indica que este tipo de políticas públicas liberales
sólo funcionan en países con poblaciones eminentemente urbanas, creemos
que se podría empezar con este modelo en las ciudades y proponer otras
políticas públicas para poblaciones rurales. Creemos que los jóvenes
peruanos merecen nuevas políticas públicas que les devuelvan las
esperanzas de un mejor futuro. |
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OFICINA DE ILE |
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INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE) Free Enterprise Institute Lima,
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