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TIEMPOS PARALELOS Charles
M. Philbrook* La
polaridad de las noticias no es nada nuevo; cualquier periódico del mundo
que uno lea, si empieza por la sección internacional, lo llega a
convencer de que hay más de una amenaza en ciernes: Irán, se resiste a
desactivar su programa nuclear y, desoyendo temerariamente a las Naciones
Unidas, presenta al mundo con dos alternativas (una peor que la otra); con
Iraq, donde todavía no se
vislumbra un fin, ya se puede ir viendo el comienzo de algo: un Ejecutivo
y un Legislativo norteamericano enfrentados, divididos y con unas
elecciones presidenciales -el 2008- en la mira. Seguir
leyendo termina por persuadir a uno de que a éste mundo no le queda
mucho…hasta que llega a la sección financiera.
Aquí, la visión panorámica no podría ser mejor: todo es
exuberancia; suben las bolsas, caen los spreads
soberanos, los gobiernos se endeudan a cada vez menores tasas y los
mercados de derivados financieros amenazan con tocar el cielo. ¿Pueden
estas dos secciones tener la razón? Para Niall Ferguson, el gran
historiador inglés, o la internacional exagera los riesgos o la
financiera los subestima. Esto,
sin embargo, no es nuevo; ya en la primera
gran era de globalización, de Esta
primera gran era, en lo esencial –al menos en lo que para la izquierda
internacional resulta esencial- no se diferenciaba en mucho de la actual:
había un libre flujo de capitales y un importante nivel de intercambio
comercial que servían de soporte y trampolín a esa plétora mercantil
que, ajena a las fluctuaciones del ciclo, confiaba en que la fase
expansiva continuase ininterrumpidamente.
Los mercados, en general, odian las guerras; las odian porque
dificultan el comercio que es su cuerda salvavidas. La
política, en cambio, se desenvuelve en otra dimensión: mientras la
interacción en los mercados parte de un interés individual que lleva a
un resultado promedio de los mismos, en la política se parte de un interés
colectivo que –casi siempre- termina reflejando un interés particular. Las
naciones, afirma David Lampton, de Sin
dinero e ideas no hay cañones; sin ideas, no hay dinero; ergo, si quieres
dinero y cañones tienes que tener ideas.
Éstas, por la dinámica misma del mercado, siempre nacen y crecen
en él, y no es mera casualidad. Si
algo diferencia al empresario del burócrata –y esto explica por qué
las grandes ideas y los grandes descubrimientos no nacen en el sector público-
es la visión de futuro que tiene el empresario; uno y otro, cual Jano,
miran en direcciones opuestas: el funcionario se fija en lo convencional y
añora el pasado; el empresario, a la caza de una idea o proceso nuevo,
mira hacia el futuro con la esperanza de generar el gran cambio.
Todo
lo cual plantea la siguiente interrogante: ¿si la política y los
mercados miran en direcciones opuestas, no es natural que las secciones de
los periódicos reflejen eso? No, porque no están mirando en direcciones
opuestas: están interpretando una misma realidad de manera distinta (algo
similar a la confusión que produce en un yanomamo
el uso de lentes de sol, telescopios y espejos retrovisores). Sabemos
qué pasó en 1914; no sabemos qué pasará mañana…pero sí sabemos que
eran los mercados los que usaban lentes de sol. Por eso, si los sueños
del futuro siguen siendo mejores que la historia del pasado, es algo que sólo
el decurso de los años puede confirmar; el problema, mientras tanto, siempre
será el sueño que acaba en pesadilla. * Director de Estudios Económicos, Datum
Internacional, S.A. |
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OFICINA DE ILE |
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INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE) Free Enterprise Institute Lima,
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