TIEMPOS PARALELOS 

Charles M. Philbrook*

 

La polaridad de las noticias no es nada nuevo; cualquier periódico del mundo que uno lea, si empieza por la sección internacional, lo llega a convencer de que hay más de una amenaza en ciernes: Irán, se resiste a desactivar su programa nuclear y, desoyendo temerariamente a las Naciones Unidas, presenta al mundo con dos alternativas (una peor que la otra); con Iraq, donde todavía  no se vislumbra un fin, ya se puede ir viendo el comienzo de algo: un Ejecutivo y un Legislativo norteamericano enfrentados, divididos y con unas elecciones presidenciales -el 2008- en la mira.

 

Seguir leyendo termina por persuadir a uno de que a éste mundo no le queda mucho…hasta que llega a la sección financiera.  Aquí, la visión panorámica no podría ser mejor: todo es exuberancia; suben las bolsas, caen los spreads soberanos, los gobiernos se endeudan a cada vez menores tasas y los mercados de derivados financieros amenazan con tocar el cielo.

 

¿Pueden estas dos secciones tener la razón? Para Niall Ferguson, el gran historiador inglés, o la internacional exagera los riesgos o la financiera los subestima.  Esto, sin embargo, no es nuevo; ya en la primera gran era de globalización, de 1880 a 1914, el mundo pasó por algo muy parecido, hasta que la Gran Guerra se encargó de decirles a los mercados que la otra sección había dado en la diana.

 

Esta primera gran era, en lo esencial –al menos en lo que para la izquierda internacional resulta esencial- no se diferenciaba en mucho de la actual: había un libre flujo de capitales y un importante nivel de intercambio comercial que servían de soporte y trampolín a esa plétora mercantil que, ajena a las fluctuaciones del ciclo, confiaba en que la fase expansiva continuase ininterrumpidamente.  Los mercados, en general, odian las guerras; las odian porque dificultan el comercio que es su cuerda salvavidas.

 

La política, en cambio, se desenvuelve en otra dimensión: mientras la interacción en los mercados parte de un interés individual que lleva a un resultado promedio de los mismos, en la política se parte de un interés colectivo que –casi siempre- termina reflejando un interés particular.  

 

Las naciones, afirma David Lampton, de la Universidad Johns Hopkins (School of Advanced International Studies), alcanzan sus objetivos de las siguientes maneras: por coerción, por medio de la seducción material y/o por la motivación intelectual (cañones, dinero e ideas, para que sea más claro).  Son las dos últimas las que, inequívocamente, nacen de y en los mercados; los cañones siempre son, o el recurso de última instancia, o el recurso del cual se hace uso para proteger los otros dos. 

 

Sin dinero e ideas no hay cañones; sin ideas, no hay dinero; ergo, si quieres dinero y cañones tienes que tener ideas.  Éstas, por la dinámica misma del mercado, siempre nacen y crecen en él, y no es mera casualidad.  Si algo diferencia al empresario del burócrata –y esto explica por qué las grandes ideas y los grandes descubrimientos no nacen en el sector público- es la visión de futuro que tiene el empresario; uno y otro, cual Jano, miran en direcciones opuestas: el funcionario se fija en lo convencional y añora el pasado; el empresario, a la caza de una idea o proceso nuevo, mira hacia el futuro con la esperanza de generar el gran cambio. 

 

Todo lo cual plantea la siguiente interrogante: ¿si la política y los mercados miran en direcciones opuestas, no es natural que las secciones de los periódicos reflejen eso? No, porque no están mirando en direcciones opuestas: están interpretando una misma realidad de manera distinta (algo similar a la confusión que produce en un yanomamo el uso de lentes de sol, telescopios y espejos retrovisores).

 

Sabemos qué pasó en 1914; no sabemos qué pasará mañana…pero sí sabemos que eran los mercados los que usaban lentes de sol. Por eso, si los sueños del futuro siguen siendo mejores que la historia del pasado, es algo que sólo el decurso de los años puede confirmar; el problema, mientras tanto, siempre será el sueño que acaba en pesadilla.

  

* Director de Estudios Económicos, Datum Internacional, S.A.

OFICINA DE ILE

INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA (ILE)

Free Enterprise Institute

Lima, Perú
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