Libre empresa: verdaderamente libre?

Arturo Damm Arnal (*)

20 de enero de 2009

Sintesis

Queda claro que la libre empresa es una empresa liberada, en primer lugar, de las ataduras que, impuestas arbitrariamente por el gobierno, obstaculizan y lastran su marcha. Sin embargo, una empresa liberada solamente de esas ataduras, y no de los apoyos, protecciones, subsidios y concesiones que el gobierno puede otorgarle, es una empresa liberada a medias, por más que esos privilegios la beneficien. Y si cada uno de esos privilegios beneficia a la empresa, ¿por qué eliminarlos? Porque el otorgamiento de esos privilegios a favor de alguien implica, inevitablemente, la imposición de una coerción en contra de alguien más: otra empresa, los consumidores, los contribuyentes, etc.

I Introducción

En este escrito reflexiono en torno a la empresa, y a la doble libertad que debe corresponderle para poder llamarse, con propiedad, libre empresa. Si la libertad de la empresa no es esa doble libertad (que ya explicaré en qué consiste), no debemos hablar, si queremos mantener el significado correcto de las palabras, es decir, si no queremos engañarnos a nosotros mismos, de libre empresa, que debe ser empresa doblemente libre. La pregunta es si los empresarios quieren esa doble libertad para sus empresas, y por lo tanto para sus decisiones y acciones, con todo lo que ello implica en términos de mayor riesgo y mayor responsabilidad.

II Primera libertad

¿A qué nos referimos cuando hablamos de libre empresa? A una empresa liberada. ¿De qué? De las ataduras que le impone el gobierno, que van desde la burocratización de la actividad empresarial (exceso de trámites de difícil cumplimiento), hasta el cobro de muchos y muy elevados impuestos (que se convierten en una expoliación legal), sin olvidar (tal y como es el caso de México y de muchas otras naciones), desde las prohibiciones constitucionales para participar en los sectores estratégicos de la actividad económica (monopolizados por el gobierno), hasta la planeación, conducción, coordinación y orientación gubernamental de la actividad económica (que atenta en contra de la libertad para emprender). Todo ello, dependiendo de su amplitud y profundidad, implica más o menos ataduras a la actividad empresarial, y su eliminación es condición necesaria de la libre empresa. Necesaria, más no suficiente.

III Primera pregunta

¿Están los empresarios a favor de la libre empresa, entendida como aquella empresa liberada de las ataduras impuestas arbitrariamente por el gobierno? La respuesta es afirmativa, y ello por una razón muy sencilla: liberar a la empresa de las mentadas ataduras es algo que, al facilitarles su tarea, les conviene a los empresarios. Es más, en la gran mayoría de los casos, cuando los empresarios hablan de libre empresa se refieren, precisamente, a una empresa liberada de esas ataduras que, lo único que logran, es lastrar y obstaculizar su actividad, entorpeciendo la productividad y competitividad, impidiendo el logro de menores costos, mayor calidad y mejor servicio.

IV Segunda pregunta

Una vez conocida la respuesta a la primera pregunta, y dado que la verdadera libre empresa implica la doble libertad a la que hice referencia en la introducción, debemos preguntarles a los empresarios si están dispuestos a ir más allá de esa primera libertad, de las ataduras impuestas por el gobierno (libertad necesaria pero insuficiente), hasta llegar a la segunda libertad, que es la libertad de los apoyos, protecciones, subsidios y concesiones gubernamentales.

V Segunda libertad

Queda claro que la libre empresa es una empresa liberada, en primer lugar, de las ataduras que, impuestas arbitrariamente por el gobierno, obstaculizan y lastran su marcha. Sin embargo, una empresa liberada solamente de esas ataduras, y no de los apoyos, protecciones, subsidios y concesiones que el gobierno puede otorgarle, es una empresa liberada a medias, por más que esos privilegios la beneficien. Y si cada uno de esos privilegios beneficia a la empresa, ¿por qué eliminarlos? Porque el otorgamiento de esos privilegios a favor de alguien implica, inevitablemente, la imposición de una coerción en contra de alguien más: otra empresa, los consumidores, los contribuyentes, etc.

VI Botón de muestra

Pongo de ejemplo la protección a favor de los industriales nacionales por medio del cierre de fronteras a la importación de aquellas mercancías que les harían competencia, es decir, del otorgamiento de un privilegio a su favor que les garantiza un mercado cautivo y que, inevitablemente, impone una coerción en contra de los consumidores nacionales, quienes no tienen la libertad de acceder a mercancías importadas (lo cual, dicho sea de paso, viola el derecho a la libertad para consumir). El otorgamiento de un privilegio a favor de alguien implica la imposición de una coerción en contra de alguien más. Con otras palabras: el beneficio que ese privilegio implica para quien lo recibe es a costa del perjuicio de un tercero.

VII Vuelta a la segunda pregunta

¿Están los empresarios a favor de la libre empresa, entendida no solamente como aquella empresa liberada de las ataduras impuestas arbitrariamente por el gobierno, sino liberada, además, de los privilegios otorgados por el gobierno? Los empresarios, ¿quieren esa empresa verdaderamente libre, con esa doble libertad, no solamente de los lastres y obstáculos impuestos por el gobierno, sino también de los apoyos, protecciones, subsidios y concesiones que les otorga?

VIII Mercantilismo

El mercantilismo puede definirse como el contubernio entre dos poderes, el político y el económico, amancebamiento por medio del cual el primero otorga, a favor del segundo, esos privilegios, a cambio de los cuales el segundo le garantiza al primero la incondicionalidad política, todo lo cual atenta, en primer lugar, en contra de la economía de mercado y, en segundo término, en contra de la democracia. Y sin democracia, y sin economía de mercado, el progreso de un país se ve limitado por los privilegios de unos cuantos y la exclusión de la mayoría.

IX Economía de mercado

Hay que tener muy claro que la antítesis de la economía de mercado no es, solamente, la economía centralizada, basada en la propiedad gubernamental de los medios de producción, y en la planificación indicativa de la actividad económica. El mercantilismo, cuya esencia es el otorgamiento de apoyos, protecciones, subsidios y concesiones a favor de determinados grupos de agentes económicos (entre los que destacan los grupos empresariales), es, también, antítesis de la economía de mercado, que es aquel "arreglo" económico basado en la libertad para producir, intercambiar y consumir sin la imposición de coerciones, pero también sin el otorgamiento de privilegios. La economía de mercado está basada en esta doble libertad: de las coerciones y de los privilegios. Los empresarios siempre están a favor de lo primero. ¿Están también a favor de lo segundo? ¿Están dispuestos a ser totalmente libres, asumiendo el riesgo y la responsabilidad de esa doble libertad?

X Conclusión

Recordemos lo que escribió, a mediados del siglo XVIII, Adam Smith: "Gente del mismo oficio (por ejemplo: los empresarios), rara vez se reúne, incluso para la alegría y la diversión, sin que la conversación termine en una conspiración contra el público (por ejemplo: el consumidor), o en alguna trama para elevar los precios", y para que esa conspiración sea lo más eficaz posible se requiere de los apoyos, protecciones, subsidios y concesiones gubernamentales, que pueden ir desde un trato fiscal preferencial, pasando por los aranceles que gravan las importaciones, hasta la devaluación de la moneda nacional. Los empresarios, ¿están dispuestos a renunciar a cualquier trato fiscal preferencial; a cualquier arancel que le reste competitividad a las importaciones contra las que compiten; a cualquier devaluación que "apoye" sus exportaciones? En pocas palabras: ¿a cualquier privilegio otorgado indebidamente por el gobierno? ¿Quieren una empresa verdaderamente libre, no solamente de los lastres y obstáculos que el gobierno le impone, sino también de los apoyos, protecciones, subsidios y concesiones con las que, de manera por demás indebida, la privilegia? ¿Están los empresarios a favor de la verdadera economía de mercado, que no es la economía mercantilista que todavía opera en buena parte del mundo, comenzando por el proteccionismo estadounidense, tal y como lo acabamos de ver en el caso del arancel impuesto a la importación de acero?  

* Periodista mexicano.

 














 
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