20
de enero de 2009
Sintesis
Queda
claro que la libre empresa es una empresa liberada, en primer lugar, de
las ataduras que, impuestas arbitrariamente por el gobierno, obstaculizan
y lastran su marcha. Sin embargo, una empresa liberada solamente de esas
ataduras, y no de los apoyos, protecciones, subsidios y concesiones que el
gobierno puede otorgarle, es una empresa liberada a medias, por más que
esos privilegios la beneficien. Y si cada uno de esos privilegios
beneficia a la empresa, ¿por qué eliminarlos? Porque el otorgamiento de
esos privilegios a favor de alguien implica, inevitablemente, la imposición
de una coerción en contra de alguien más: otra empresa, los
consumidores, los contribuyentes, etc.
I
Introducción
En
este escrito reflexiono en torno a la empresa, y a la doble libertad que
debe corresponderle para poder llamarse, con propiedad, libre empresa. Si
la libertad de la empresa no es esa doble libertad (que ya explicaré en
qué consiste), no debemos hablar, si queremos mantener el significado
correcto de las palabras, es decir, si no queremos engañarnos a nosotros
mismos, de libre empresa, que debe ser empresa doblemente libre. La
pregunta es si los empresarios quieren esa doble libertad para sus
empresas, y por lo tanto para sus decisiones y acciones, con todo lo que
ello implica en términos de mayor riesgo y mayor responsabilidad.
II
Primera libertad
¿A
qué nos referimos cuando hablamos de libre empresa? A una empresa
liberada. ¿De qué? De las ataduras que le impone el gobierno, que van
desde la burocratización de la actividad empresarial (exceso de trámites
de difícil cumplimiento), hasta el cobro de muchos y muy elevados
impuestos (que se convierten en una expoliación legal), sin olvidar (tal
y como es el caso de México y de muchas otras naciones), desde las
prohibiciones constitucionales para participar en los sectores estratégicos
de la actividad económica (monopolizados por el gobierno), hasta la
planeación, conducción, coordinación y orientación gubernamental de la
actividad económica (que atenta en contra de la libertad para emprender).
Todo ello, dependiendo de su amplitud y profundidad, implica más o menos
ataduras a la actividad empresarial, y su eliminación es condición
necesaria de la libre empresa. Necesaria, más no suficiente.
III
Primera pregunta
¿Están
los empresarios a favor de la libre empresa, entendida como aquella
empresa liberada de las ataduras impuestas arbitrariamente por el
gobierno? La respuesta es afirmativa, y ello por una razón muy sencilla:
liberar a la empresa de las mentadas ataduras es algo que, al facilitarles
su tarea, les conviene a los empresarios. Es más, en la gran mayoría de
los casos, cuando los empresarios hablan de libre empresa se refieren,
precisamente, a una empresa liberada de esas ataduras que, lo único que
logran, es lastrar y obstaculizar su actividad, entorpeciendo la
productividad y competitividad, impidiendo el logro de menores costos,
mayor calidad y mejor servicio.
IV
Segunda pregunta
Una
vez conocida la respuesta a la primera pregunta, y dado que la verdadera
libre empresa implica la doble libertad a la que hice referencia en la
introducción, debemos preguntarles a los empresarios si están dispuestos
a ir más allá de esa primera libertad, de las ataduras impuestas por el
gobierno (libertad necesaria pero insuficiente), hasta llegar a la segunda
libertad, que es la libertad de los apoyos, protecciones, subsidios y
concesiones gubernamentales.
V
Segunda libertad
Queda
claro que la libre empresa es una empresa liberada, en primer lugar, de
las ataduras que, impuestas arbitrariamente por el gobierno, obstaculizan
y lastran su marcha. Sin embargo, una empresa liberada solamente de esas
ataduras, y no de los apoyos, protecciones, subsidios y concesiones que el
gobierno puede otorgarle, es una empresa liberada a medias, por más que
esos privilegios la beneficien. Y si cada uno de esos privilegios
beneficia a la empresa, ¿por qué eliminarlos? Porque el otorgamiento de
esos privilegios a favor de alguien implica, inevitablemente, la imposición
de una coerción en contra de alguien más: otra empresa, los
consumidores, los contribuyentes, etc.
VI
Botón de muestra
Pongo
de ejemplo la protección a favor de los industriales nacionales por medio
del cierre de fronteras a la importación de aquellas mercancías que les
harían competencia, es decir, del otorgamiento de un privilegio a su
favor que les garantiza un mercado cautivo y que, inevitablemente, impone
una coerción en contra de los consumidores nacionales, quienes no tienen
la libertad de acceder a mercancías importadas (lo cual, dicho sea de
paso, viola el derecho a la libertad para consumir). El otorgamiento de un
privilegio a favor de alguien implica la imposición de una coerción en
contra de alguien más. Con otras palabras: el beneficio que ese
privilegio implica para quien lo recibe es a costa del perjuicio de un
tercero.
VII
Vuelta a la segunda pregunta
¿Están
los empresarios a favor de la libre empresa, entendida no solamente como
aquella empresa liberada de las ataduras impuestas arbitrariamente por el
gobierno, sino liberada, además, de los privilegios otorgados por el
gobierno? Los empresarios, ¿quieren esa empresa verdaderamente libre, con
esa doble libertad, no solamente de los lastres y obstáculos impuestos
por el gobierno, sino también de los apoyos, protecciones, subsidios y
concesiones que les otorga?
VIII
Mercantilismo
El
mercantilismo puede definirse como el contubernio entre dos poderes, el
político y el económico, amancebamiento por medio del cual el primero
otorga, a favor del segundo, esos privilegios, a cambio de los cuales el
segundo le garantiza al primero la incondicionalidad política, todo lo
cual atenta, en primer lugar, en contra de la economía de mercado y, en
segundo término, en contra de la democracia. Y sin democracia, y sin
economía de mercado, el progreso de un país se ve limitado por los
privilegios de unos cuantos y la exclusión de la mayoría.
IX
Economía de mercado
Hay
que tener muy claro que la antítesis de la economía de mercado no es,
solamente, la economía centralizada, basada en la propiedad gubernamental
de los medios de producción, y en la planificación indicativa de la
actividad económica. El mercantilismo, cuya esencia es el otorgamiento de
apoyos, protecciones, subsidios y concesiones a favor de determinados
grupos de agentes económicos (entre los que destacan los grupos
empresariales), es, también, antítesis de la economía de mercado, que
es aquel "arreglo" económico basado en la libertad para
producir, intercambiar y consumir sin la imposición de coerciones, pero
también sin el otorgamiento de privilegios. La economía de mercado está
basada en esta doble libertad: de las coerciones y de los privilegios. Los
empresarios siempre están a favor de lo primero. ¿Están también a
favor de lo segundo? ¿Están dispuestos a ser totalmente libres,
asumiendo el riesgo y la responsabilidad de esa doble libertad?
X
Conclusión
Recordemos
lo que escribió, a mediados del siglo XVIII, Adam Smith: "Gente del
mismo oficio (por ejemplo: los empresarios), rara vez se reúne, incluso
para la alegría y la diversión, sin que la conversación termine en una
conspiración contra el público (por ejemplo: el consumidor), o en alguna
trama para elevar los precios", y para que esa conspiración sea lo más
eficaz posible se requiere de los apoyos, protecciones, subsidios y
concesiones gubernamentales, que pueden ir desde un trato fiscal
preferencial, pasando por los aranceles que gravan las importaciones,
hasta la devaluación de la moneda nacional. Los empresarios, ¿están
dispuestos a renunciar a cualquier trato fiscal preferencial; a cualquier
arancel que le reste competitividad a las importaciones contra las que
compiten; a cualquier devaluación que "apoye" sus
exportaciones? En pocas palabras: ¿a cualquier privilegio otorgado
indebidamente por el gobierno? ¿Quieren una empresa verdaderamente libre,
no solamente de los lastres y obstáculos que el gobierno le impone, sino
también de los apoyos, protecciones, subsidios y concesiones con las que,
de manera por demás indebida, la privilegia? ¿Están los empresarios a
favor de la verdadera economía de mercado, que no es la economía
mercantilista que todavía opera en buena parte del mundo, comenzando por
el proteccionismo estadounidense, tal y como lo acabamos de ver en el caso
del arancel impuesto a la importación de acero?