¿Son las universidades con fines de lucro culpables?  

Myriam Janet Ortiz Herrera (*)

10 de julio de 2005

“Estudió derecho y esta friendo papas en el McDonald's en Estados Unidos” dijo una señora en una intervención radial en Radio Programas del Perú. Así como esta hay otros cientos de historias de jóvenes capaces que egresaron de alguna universidad pero que no han encontrado un trabajo acorde a sus expectativas, tal como lo señala una encuesta de la Universidad de Lima de marzo de 2004 donde el 60% de los entrevistados en Lima consideran que es “muy difícil encontrar trabajo”. 

El especialista Gorki Gonzales en su informe “la enseñanza del derecho, resistencia y continuidades”, considera que el problema de la educación universitaria se debe a las llamadas universidades–empresas,  formada por “empresarios codiciosos”  que sólo le vasta comprar un edificio, un conjunto de carpetas y algunas pizarras para convertirse en un centro producción de abogados. Por su lado, el Colegio de Abogados de Lima considera que “existe un injustificado incremento en el número de Facultades de Derecho” por la ausencia de una adecuada planificación que permita coincidir con la demanda de profesionales de esta carrera. Es más, la Junta de Decanos de los colegios de abogados responsabilizó a la Asamblea Nacional de  Decanos y a CONAFU por permitir la creación de universidades “lucrativas”. Y para abonar más en esta línea, Luis Pásara en su estudio “La enseñanza del derecho en el Perú” concluye que “la transformación de la enseñanza universitaria en un negocio….ha debilitado aún más los niveles de calidad en la formación profesional”.

Hasta aquí pareciera que es totalmente injustificado el incremento de las facultades de derecho. Además, que las universidades parecerían estar equivocadas al ofrecer una carrera donde ya no hay más espacio en un mercado laboral totalmente saturado. Pero la verdad es que los especialistas y juristas solo ven una parte del problema y no el conjunto como debiera evaluarse objetivamente. El problema no esta en el mercado universitario sino en el mercado laboral donde los impuestos y regulaciones están matando las inversiones privadas de los empresarios ya que no responden con puestos laborales a la velocidad como debieran hacerlo al ritmo con que salen profesionales del mercado universitario. Por tanto el lucro no es el problema, ni el “afán codicioso” de los empresarios, sino la falta de libertad empresarial en el mercado.

De acuerdo al informe Doing Business del Banco Mundial muestra cifras alarmantes de un mercado totalmente intervenido para los empresarios peruanos. Perú tiene el doble de rigidez en la contratación de trabajadores que el resto del mundo. Asimismo, es tres veces más difícil despedir a un trabajador en nuestro país que en los países más industrializados y dos veces a nivel latinoamericano. Formalizar una empresa dura 98 días con 10 pasos como promedio frente a 6 de los países más desarrollados, y cuesta 36% del ingreso per cápita frente a 6% en el promedio mundial. ¿Esta situación no es acaso el verdadero problema, más que atacar indiscriminadamente a las universidades privadas por ser lucrativas?.

No es que el empresario sea irracional educando profesionales para el derecho frente a la saturación del mercado laboral, lo hace por que todavía existe demanda insatisfecha tal como se puede observar en cada proceso de admisión en las universidades privadas donde el numero de postulantes en promedio supera a las vacantes disponibles, y si fuera el caso que la demanda cae, los empresarios ajustaran el numero de vacantes reduciéndolo. Vladimir Chelminski, Director Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Caracas, en su artículo “Educación frente al dilema del lucro”, llama la atención de quienes se oponen al lucro de las actividades educativas, pues muchos no han entendido el esencial rol que juega en la motivación del empresario. Y esto es justamente lo que han hecho los empresarios educativos privados por el DL 882, que han brindado mayores oportunidades educativas poniendo al alcance de las mayorías carreras que eran antes dirigidas a una elite de la población, donde pocos accedían a una educación universitaria y otros se frustraban por no ingresar a las universidades que formaban el oligopolio antes de la dación de esta ley. Asimismo, el lucro no es el culpable de la perversión de la calidad educativa sino de otros factores que no permiten llegar a la excelencia educativa.  Por ejemplo, nadie cuestiona que el estado sea propietario de la mayoría de los colegios existentes donde sus estudiantes de bajo nivel en formación de lenguaje y matemáticas entran como insumos en el proceso de aprendizaje universitario tirándose hacia abajo los contenidos de los conocimientos mínimos básicos con que debiera iniciar su carrera universitaria. Asimismo, no es el empresario y su motivación de lucro los culpables de estar recibiendo docentes de bajo nivel de conocimientos y actualización proveniente de universidades que viene siendo monopolizada por el Estado. Nadie dice nada de las regulaciones y otros controles férreos que se hacen a las universidades privadas con fines de lucro desde el momento que presentan sus proyectos al CONAFU, pues resulta totalmente incomprensible como una simple inspección a un local universitario se cobre alrededor de S/.20,000 y autorizar un convenio de cooperación técnica internacional le cueste S/.8,000.

Por tanto considero que todo lo anterior devela una irracionalidad total del estado, donde la decisión política de los gobernantes esta terminando por agravar más la situación de muchos jóvenes universitarios que no encuentran trabajo en sus respectivas carreras debido que el estado entraba el desarrollo normal de un mercado libre para que los empresarios puedan crear mayor oferta laboral sino que además entorpece la labor que viene realizando las universidades privadas al proporcionarle estudiantes y docentes de bajo nivel educativo.©

(*) Directora de Economía de ILE














 
INSTITUTO DE LIBRE EMPRESA  (ILE)
Free Enterprise Institute (ILE)
E-mail :
info@ileperu.org

©2002-2009 Instituto de Libre Empresa (ILE)   
[ILE no se solidariza necesariamente con el contenido de los artículos de opinión]