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El
cambio de paradigma
Dr.
Santos Mercado Reyes (*)
14
de junio de 2009
El
mundo de hoy no es el mismo de hace tres décadas. Hace 30 años
todavía existían muchos países declaradamente socialistas y
no pocos mexicanos
creían que el camino de México debía ser hacia el socialismo,
todo el poder al Estado. La caída del Muro de Berlín y la
desaparición de la Unión de Republicas Soviéticas Socialistas
indicaban que el socialismo no era el camino correcto, que las
naciones debían buscar otras alternativas. Pero no había
muchos caminos a elegir. La ruta opuesta al socialismo es la
economía de mercado, es decir, el sistema que confía en la
libertad del hombre para que sea él quien decida, bajo sus
propios riesgos, lo que debe producir o consumir.
Es
así como se inicia un proceso largo, tortuoso y doloroso por
desmantelar a los Estados centralizadores. Ya no sería el
gobierno el agente que tomaría
las decisiones económicas de lo que se debía producir,
distribuir o consumir en la sociedad. Todas estas
responsabilidades pasarían a manos del individuo, del
empresario u hombre de negocios. De esta manera, el Estado se
retiraría de la economía y su papel se reduciría a cuidar,
como un árbitro de futbol, que el juego funcionara bien, que
nadie violara las reglas básicas del mercado.
El
papel de gendarme que tomaría el Estado implicaba que no
interfiriera las
decisiones de los individuos, salvo cuando dañaran a alguien.
El ciudadano, de manera individual o colectiva tendría toda la
libertad de formar empresas, bancos, escuelas, carreteras,
puertos, etc. Emplearía sus propios recursos o captaría los de
otros ciudadanos que apoyaran su proyecto. Si este empresario
obtenía éxito en sus negocios, sería dueño de los beneficios
y podría invertirlos en lo que se le ocurriera. Pero si tenía
fracaso, debía afrontar las pérdidas sin ayuda del gobierno.
Estos
cambios de paradigma se empezaron a reflejar en nuestro país
desde 1982. La política de privatizaciones, los Tratados de
Libre comercio y la apertura a las inversiones extranjeras son
algunas muestras de esta tendencia.
Algunos
gobiernos del mundo se empeñaron en buscar “la tercera vía”
y solo se ha llegado
a la conclusión de que no existe esa tercera vía.
Ahora los países deben saber que eligen la vía del
mercado o se aferran al estatismo (socialismo)
.
Los
cambios de un paradigma a otro no son fáciles. Por ejemplo, hay
gente (la nomenclatura, los burócratas consolidados) que se ha
beneficiado muy bien del sistema estatista y se opone, por todos
los medios, a romper el status quo. Seguramente
lograrán su cometido por un tiempo, usan marchas, plantones,
huelgas, paros y otros actos violentos, pero al final la
historia los pondrá en su lugar.
Los
viejos paradigmas se dejan no por capricho, sino porque
demuestran su ineficacia para resolver los problemas de la
sociedad. Se abandona el socialismo porque la experiencia
muestra que si se elimina la propiedad privada se acaban los
incentivos de progreso; se deja el keynesianismo porque si se
deja que el Estado intervenga y controle todas las actividades
económicas, termina por corromperse y estorbar al desarrollo..
Aún cuando no se corrompiera, es imposible encontrar a un puñado
de hombres sabios capaces de manejar todos los recursos de la
sociedad y decidir lo que la población debe consumir, vestir,
estudiar o disfrutar.
La
experiencia muestra que los
gobiernos son malos tomadores de decisiones, que despilfarran
los recursos, pues a fin de cuentas, no son de ellos. Por otro
lado, se constata que nadie cuida mejor las cosas que aquél que
es dueño, propietario. Por tal razón, el gran cambio de
paradigma consiste en abandonar los modelos centralizadores, llámese
socialistas, comunistas, nazis, keynesianos o de Estado
Benefactor y en su lugar sustituirlo por economía de mercado,
donde la competencia obligue a cada uno a hacer bien su trabajo
o quedarse sin comer.
Este
proceso de cambio de paradigma es el que vive el mundo desde
hace dos décadas. Algunos países lo han entendido muy bien:
China, después de haber sido comunista ahora esta liberalizando
su economía y crece a tasas nunca antes vistas. Hong Kong,
Singapur, New Zeland, Escocia entre otros también están
abrazando el sistema de mercado.
Otros
países, han perdido la brújula: Estados Unidos de América está
ahora mismo sufriendo graves crisis por abandonar los principios
del sistema de mercado.
Pero
también hay gobiernos
que no han querido comprender los errores de la historia y están
conduciendo a sus pueblos a un doloroso abismo. Piénsese en
Cuba, Venezuela y Bolivia. No tienen buen futuro y pronto lo
comprenderán.
El
parto es doloroso, pero lo haremos menos traumático si logramos
comprender los grandes cambios de paradigmas. Una vez que los
comprendemos, debemos tomar una posición personal: estorbamos o
ayudamos para que nazcan y se desarrollen con más facilidad.
Hoy nuestros políticos (diputados y senadores) se empeñan en
no comprender este proceso y se han convertido en un verdadero
lastre.
Pero
hay hombres buenos en nuestro país que tienen que decidirse a
salir del armario y entrar a la esfera política para ayudar y
ser buenos parteros de la historia. FIN
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Profesor investigador en la Universidad Autónoma Metropolitana
.
Director del Seminario de la Escuela Austriaca de Economía.
Recibo
con mucho gusto sus comentarios en mi correo electrónico mrs@correo.azc.uam.mx
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