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¿Los
impuestos desarrollan un país?
José
Luis Tapia Rocha (*)
28
de febrero de 2002
Más
o menos esta pregunta surgió hace más de un año, durante un
foro que fue organizado por tres importantes gremios
empresariales, con el propósito de reunir a expertos en
comercio internacional, para que discutieran qué tipo de
aranceles generan desarrollo, entre si el Perú debía optar un
arancel plano o un escalonado. Al término del evento, la
encuesta arrojó que más de un 50% prefirió un arancel más
bajo, indistintamente si era plano o escalonado.
El
sentido común de la gente arrojó cierta luz respecto de la
naturaleza de los impuestos. Al pagar impuestos, el sector
privado se deshace parte de su ganancias generadas exitosamente,
producto de la combinación acertada de los factores de la
producción, para financiar bienes o servicios que no
necesariamente coinciden exactamente con las preferencias de los
consumidores en el mercado. La pregunta es:¿si los impuestos
pagados por las empresas desarrollan al país?. Si fuera cierto,
a mayor nivel de impuestos un país podría salir fácilmente
del atraso económico y social. Pero como usted habrá notado
algo falla en este razonamiento. Eso mismo se puso en evidencia
cuando los empresarios contestaron la encuesta del evento. Ellos
intuyeron que se trataba mas de redistribución que de creación
de riqueza.
Los
impuestos son el precio que debemos pagar que nadie destruya los
mercados, que nadie le robe a nadie y que todo funcione en buen
orden. Pero si la tarea se lleva en buena forma y, sobre todo,
si un gobierno se apega a los principios de una sociedad de
individuos libres, la cantidad de impuestos que debe pagar cada
ciudadano será mínima. Pero cuando los impuestos son altos
(como los actuales aranceles a las importaciones) se traducen en
precios más caros; porque todos los impuestos se trasladan en
última instancia, hacia abajo. Impuestos
para “que pague a quien más tiene” dañan al más pobre.
Esa es la propuesta muy extendida entre quienes postulan
redistribuir la riqueza.
La
verdad es que cuando los ricos pagan altos impuestos sacrifican
futuras inversiones, escondiendo la riqueza en lugar de
invertirla. Esos impuestos equivalen a empresas que no se
inauguran, o que no crecen, o reducen sus operaciones. Son
despidos y desempleos; y empleos directos que no se generan, e
indirectos que tampoco ven la luz. Son sueldos y salarios que no
se ganan; y que por tanto no adquieren bienes y servicios, que
por su parte tampoco se producen. ¿Eso significa desarrollo?.
Es uno de los tantos métodos antiempresa y antiempleo que
finalmente perjudican a las clases sociales menos ricas.
Por
si fuera poco, el
fundamento del por qué un impuesto no es sinónimo de
desarrollo, sino que además colisiona con la esfera de lo
moral, se debe a que estamos pasando por alto el derecho que
tiene cada uno a la propiedad privada. El sueldo de un obrero,
las ganancias de un comerciante o las utilidades de un
empresario son propiedad privada y, por lo tanto, no puede ser
alegremente arrebatada permanentemente con la creación o subida
de los actuales impuestos, así venga legalmente del Poder
Ejecutivo o del Congreso, ni de la mafia ni de nadie. ¿Ahora
entiende usted por qué los impuestos aparte de crear
subdesarrollo son inmorales en su naturaleza?.
Por eso, ante la inminente reforma del régimen económico se
sugiere poner un candado constitucional, de tal manera que los
impuestos y el endeudamiento interno y externo del Estado, sean
aprobados mediante un referéndum popular. Así como el
Congresista Javier Diez Canseco tiene la iniciativa de sacar
firmas para impedir la privatización de Sedapal, del mismo
modo, debe hacer suya esta propuesta, para impedir que en el
futuro se aprueben la creación de nuevos impuestos y se endeude
nuevamente el Estado.©
(*)
Director General de ILE
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