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La
agricultura no es para los campensinos
José
Luis Tapia Rocha (*)
20
de marzo de 2005
Uno
de los viejos mitos más populares en nuestro pais dice que la tierra es
para quien la trabaja. El dictador Velasco Alvarado en los setentas no
tuvo “mejor” idea que expropiar grandes extensiones de tierras agrícolas
a los empresarios para entregárselas injustamente a los campesinos con la
promesa que algún dia saldrían de la pobreza.
Sin
embargo, Alan García son de esos seres raros que viendo la pobreza de los
campesinos suelta propuestas irresponsables de otorgar más crédito para
la agricultura o señalar que es una actividad social al igual que la
salud y educación. Si uno recorre el Perú observará que hacer
agricultura en la sierra es un callejon sin salida; tanto por las
inclemencias del clima, como por lo inaccesible del terreno para cualquier
transporte de carga pesada. Quiérase o no, cualquier agricultor serrano
no tiene futuro en esta actividad económica, está en su libre decisión
qué hacer con su vida, pero que gente como García y los estatistas de
izquierda sigan sometiéndolo a un cruel e inhumano adoctrinamiento en pro
de un Perú agrícola es desde todo punto de vista inmoral y condenable.
De
una vez hay que desemascarar este viejo mito poniendo las cosas en su
respectiva dimensión. El Perú no es un país agrícola. Es un accidente
muy desafortunado para los campesinos haber heredado estas tierras y
encima haber soportado durante décadas el inhumano adoctrinamiento
estatista. Para comenzar tenemos una costa con escases de agua y grandes
extensiones de arenales totalmente alejado del sueño de ser un pais del
Grupo Cairns, por lo que cualquier aventura en esta actividad tiene que
hacerlo empresarios con gran sentido del riesgo, dispuestos a invertir en
grandes latifundios para industrializar la agricultura y asumir sus pérdidas
si el clima no los favorece. En Ica, por ejemplo, se observa como
capitales foráneos están comprando grandes extensiones de tierras a los
campesinos que prefieren vender sus tierras y ser dependientes que ser
pobres toda su vida. En cuanto a los campesinos de la sierra, no es
posible condenarlos toda su vida a realizar una actividad que no es
rentable. La agricultura no los va sacar de pobres, es mejor que emigren a
las grandes ciudades en busca de un futuro mejor.
Pero
es cierto que ningún buen futuro podrá ser posible si es que no hay toda
una reforma para reducir el estatismo, liberalizando y desregulando la
economía e institucionalizando las normas que permiten desarrollar la
libertad económica y política en favor de los campesinos y pobres en
general.
*
Director General del Instituto de Libre Empresa (ILE).
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