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Políticas
de mercado y perspectiva económica del Perú
José
Luis Tapia Rocha (*)
30
de noviembre de 2001
La
etapa de mayor crecimiento económico del Perú ha sido durante
el período de 1993-1997. Fueron las políticas de mercado las
que promovieron aumentos sostenidos de la inversión privada,
con indicadores económicos y sociales que muestran un
mejoramiento del estandard de vida de los peruanos. Pero muchos
tienen una fuerte creencia que tales políticas se han
implementado dentro de un gobierno liberal, lo que hace aún más
difícil continuar con su implementación en la actual coyuntura
política y económica.
Desde
la asunción del nuevo gobierno, en julio de 2001, la claridad
del rumbo económico del país no ha sido precisamente una de
sus mejores cartas. A pesar de las reiteradas recomendaciones de
diversos analistas económicos, el gobierno ha olvidado de
aplicar el esperado shock de confianza. Esta debería consistir
en la profundización de las políticas de mercado microeconómicas
para atraer inversión privada en actividades económicas específicas
como son la agricultura, el turismo, y la pesca. Como era de
esperarse, ante esta incertidumbre, muchos agentes se
preguntan:"¿qué tipo de política comercial, arancelaria,
y tributaria tenemos en la actualidad?". Así, todos
coincidimos que las reformas estructurales de mercado son una
necesidad económica impostergable. Sin embargo, somos una minoría
la que propone atraer más inversión privada mediante una
modernización del estado, que tenga como objetivo principal
trasladar muchas de sus actuales funciones al sector
empresarial.
Nos
preocupa que desde antes que asumiera el poder el actual
gobierno, las presiones políticas por mayor gasto público
hayan aumentado significativamente. En la actualidad se corre el
peligro de no financiar el 3% de déficit fiscal, mas aún si
consideramos que por el momento no hay signos de reactivación
económica, lo que hace improbable que la recaudación fiscal
mejore hasta por lo menos el segundo semestre del 2002. De otro
lado, los cálculos de crecimiento económico estimados por
empresas y bancos de inversión para el próximo año oscilan
entre 3% y 4%, temiéndose que el crecimiento real a sentir por
los peruanos sería de sólo 0.2%, considerando la extrapolación
del impacto del proyecto minero Antamina y del rebote estadístico
de comienzos de 2001. Es en este escenario poco optimista, que
hay fuertes dudas que la meta trazada de 1.9% de déficit fiscal
se vaya cumplir según lo señalado en el proyecto de carta de
intención al Fondo Monetario Internacional. Más bien, los
vaticinios de los expertos aseguran que el déficit sería no
menor del 2.3%.
Por
ello consideramos que la actual política económica necesita un
rumbo claro, una definición ideológica antes que un programa
económico financiado. No basta con las varias ocasiones en que
el Presidente Alejandro Toledo ha definido su simpatía por la
opción de la tercera vía, un liberalismo preocupado por los
temas sociales. Ni menos somos partícipes del optimismo de
aquellos que dan por sentado que las políticas de mercado son
las que finalmente prevalecerá, más aún si consideramos que
muchos de los actuales ministros del gabinete de Toledo, no
comparten el sesgo ideológico del actual Ministro de Economía
Pedro Pablo Kuczinsky y del Primer Ministro Roberto Dañino,
conocidos en los medios financieros internacionales como
liberales. Más bien, alertamos a quienes defienden las políticas
de mercado a no perder de vista lo que ocurre en el Congreso
peruano. Todo indica que hay una fuerte corriente socialista
contra cualquier medida de tipo liberal que haya sido promulgada
por el actual gobierno y el régimen de Fujimori. Nos referimos
a las siguientes iniciativas legislativas: restablecimiento de
la estabilidad laboral, desconocimiento de los contratos de
estabilidad tributaria, control de las tarifas de los servicios
públicos y de las tasas de interés, revisión de los contratos
de privatización, entre las principales. Asimismo, algunos
partidos de la oposición han encontrado espacio a sus
propuestas populistas que presionan por la creación de un Banco
Agrario estatal, por la reposición a ex-empleados públicos
despedidos por el proceso de privatización, y por la concertación
económica entre el estado, empresarios y trabajadores.
Lo
que se necesita es una fuerte convicción ideológica de los
cuadros políticos, directivos y técnicos del gobierno para
implementar un régimen liberal, apoyados simultáneamente por
instituciones "free market" de la sociedad civil, de
tal manera que expliquen a la opinión pública el porqué se
debe continuar con las políticas de mercado, precisando que el
gobierno de Alberto Fujimori no ha sido liberal, sino más bien
fue un gobierno dictatorial en lo político y mercantilista en
lo económico. Sin una clara definición por el liberalismo, es
difícil que un sector dentro del Gobierno de Toledo tenga la
convicción moral y económica como para continuar con las
esperadas políticas de mercado.
©
(*)
Director General de ILE
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