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La
crisis: responsabilidad intelectual
Gabriel
J. Zanotti (*)
23
de marzo de 2009
Ante
la crisis mundial que es de dominio público, uno de los
comentarios más habituales es que “el capitalismo” no sólo
está en crisis, sino que, según las voces más apocalípticas,
ha llegado a su fin. Además, ante “hechos tan evidentes”,
un intento de defensa del “capitalismo” (ya se verá por qué
lo ponemos entre comillas) suena a una pertinaz defensa ideológica,
rayana en la ceguera, testarudez o, directamente, falta de
honestidad intelectual. El Instituto Acton, que siempre ha
defendido, junto con el Acton Institute de EEUU, la “no
contradicción” de la economía de mercado con la Fe Católica,
se ve necesitado de hacer una serie de aclaraciones.
En
primer lugar, caben en el Instituto Acton diversas opiniones
sobre temas económicos. Entre nuestros autores hay una
coincidencia global en la defensa de la iniciativa privada, el
principio de subsidiariedad, bien entendido, y la defensa de las
libertades personales como parte del bien común, ante diversos
autoritarismos y totalitarismos. Dentro de eso, cabe la opinión
de que el sistema financiero de los EEUU era demasiado
des-regulado y que, de vuelta como en el 30, se necesitan
adicionales intervenciones gubernamentales.
Otros,
sin embargo, opinamos diferente. Pero esa opinión diferente no
es fruto de un mero gusto, capricho intelectual o un “me
parece que” dicho sin mayores lecturas, estudios o
fundamentos. No es tampoco una insistencia en lo que sin embargo
vemos como “refutado”, lo cual sería contrario a las
virtudes cristianas que proclamamos desde estas páginas.
Desde
fines del siglo XIX, donde autores como Menger, Bohm-Bawerk y
Wieser consolidan la Escuela Austríaca de Economía, tenemos,
gracias a esta última, un paradigma alternativo muy interesante
sobre la moneda y la tasa de interés[1]. La consolidación teorética
de dicho paradigma es lograda por Ludwig von Mises en 1912, con
su libro sobre la moneda y el crédito[2], donde explica sistemáticamente
los efectos de la intervención del estado en el mercado de
capitales, donde la crisis económica es precisamente un efecto
de la emisión de moneda sin respaldo, fruto del gobierno y no
del mercado libre. F. A. von Hayek colabora con dicha teoría
del ciclo en 1931, con sus conferencias sobre precios y producción
en la London School of Economics[3]. Cuando, en 1936, aparece la
famosa obra de Keynes, manifiesta obviamente su desacuerdo con
Mises hacia el final del cap. 14[4]. Mises, mientras tanto,
siguió consolidando su teoría del ciclo, de una manera práctica
y coyuntural, en sus escritos como economista asesor de la Cámara
de Comercio Vienés, donde llegó a predecir en 1924 la crisis
que se avecinaba[5]. Luego, sufrida la persecución nazi, ya
refugiado en New York (en medio de un ambiente académico muy
hostil) sistematizó nuevamente su teoría de la moneda, el crédito
y los ciclos económicos en los caps. 20 y 31 de su tratado de
economía[6], de 1949, donde criticó también, y no
precisamente al margen, al Fondo Monetario Internacional[7].
(Observe el lector las fechas). Producido el “Austrian
Revival” en 1974[8], autores como Rothbard, Lachmann, Rizzo, O´Driscoll,
y generaciones más jóvenes como Huerta de Soto, White y
Garrison siguieron trabajando en estos temas monetarios[9], con
el mismo núcleo central: la intervención del gobierno, la
sola presencia de la reserva federal, la sola presencia y acción
de los bancos centrales, expandiendo el crédito
artificialmente, son y serán la causa de las crisis presentes y
venideras. En 1976 Hayek propone la desnacionalización de
la moneda[10], pero la Unión Europea hace exactamente lo
contrario.
Cuando,
a fines de los 90, Soros escribió sobre “La crisis del
capitalismo global”, el autor de estas líneas escribió, en
el 2002, sobre la Globalización y la Escuela Austríaca de
Economía[11] explicando que la crisis no es del
“capitalismo”, sino del “intervencionismo global”, dado
que las intervenciones gubernamentales de EEUU y Europa
Occidental coincidían perfectamente con toda las medidas
intervencionistas, contrarias a la economía de mercado,
descriptas por Mises en la parte VI de su ya citado tratado de
economía.
Todo
lo anterior, como ya hemos dicho muchas veces, es “opinable”
en relación a la Fe. Pero como también hemos explicado
cuando hemos hablado de ese tema, lo opinable no significa
necesariamente cualquier cosa dicha en una mesa de café de
manera desordenada e improvisada. También puede significar la
legítima opción de un laico por una teoría que está
dispuesto a sostener en el legítimo campo de su dedicación
académica y profesional. Por lo tanto, opinamos, si, académica
y profesionalmente, que no es el “capitalismo” el que está
en crisis, sino precisamente su peor enemigo: la tecnocracia
positivista de los paradigmas económicos que promueven la
intervención del estado en el mercado de capitales. Es un acto
de “in – sistencia”, si, pero lejos de una liviana
testarudez, es lo único y mejor que podemos hacer ante una
crisis terrible de imprevisibles consecuencias. Esto es, seguir
enseñando la teoría austríaca del ciclo económico. Como filósofo,
como profesor, es lo único que puedo hacer, pero, además, es
lo que debo hacer. Un deber fruto de la preocupación por
el prójimo y que no se contradice en nada, obviamente, con Dios
Uno y Trino, con Jesucristo Resucitado, que está más allá,
nunca mejor dicho más allá, de toda crisis humana y que
constituye el fundamento último de nuestra Esperanza.
* Filosófo del Instituto Acton de Argentina.
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