¿Cómo podermos aportar como cristianos al proceso de paz?

Hans Peter Muller Ratzer (*)

28 de mayo de 2006

Muchos Cristianos tienen el sentimiento de que no aportamos suficiente al proceso de paz que el actual gobierno ha iniciado. Jesús enseñó en el Sermón del Monte “Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”. (Mateo 5: 9). Se cree que cumplir con este mandamiento significa participar en las mesas de negociación entre los alzados en armas y el gobierno, tomando unas iniciativas similares a las de la iglesia Católica. Antes de tomar una posición frente a estos siempre valiosos intentos, quiero hacer una reflexión sobre las funciones del gobierno y de la iglesia, y analizar las fortalezas y debilidades de cada uno.

La primera obligación del gobierno y primera razón de su existencia es establecer el orden en todo el territorio del país y garantizar a los ciudadanos su seguridad, integridad y propiedad. Para poder cumplir con esta elemental y vital función dispone de la fuerza pública: el ejército, la policía y otras instituciones. Es el gobierno el que define las políticas para poder cumplir con el propósito de lograr la paz y conseguir los recursos necesarios.

Cuando se habla de un proceso de paz se piensa en el desarme de grupos armados. Se espera que con el solo desarme se logre la paz, o con otras palabras, la ausencia del conflicto armado es la paz. Los países centroamericanos que han logrado el desarme de sus grupos insurgentes han sufrido un aumento y no una disminución de la violencia. El origen de la insurgencia latinoamericana esta en su  mayoría basado en el dogma colectivista. Sus integrantes son indoctrinados con el objetivo de establecer regímenes comunistas en el sub-continente. Lenin describía al revolucionario como “máquina perfecta para matar”. Quitar a un rebelde o a un combatiente de la guerrilla o de las autodefensas su arma, no resuelve entonces el problema. Estos combatientes están acostumbrados a manejar sus conflictos y obtener lo que quieren por la fuerza.

Cuáles son las fortalezas del gobierno en el proceso de paz? El gobierno puede fijar las políticas, tiene a su favor las leyes y las instituciones. Dispone de la fuerza coercitiva y los recursos necesarios. Puede doblegar a los alzados en armas , llegar a la disolución de las organizaciones y desarmar a sus integrantes. Pero el gobierno es débil y casi ineficiente en la restauración e integración a la vida civil de los ex combatientes. El estado no es moral y no puede proveer asistencia moral que es indispensable para este proceso. Tampoco puede proveer los puestos de trabajo para estos jóvenes hombres y mujeres en su mayoría en plena capacidad productiva, para esto depende del sector productivo. El gobierno tampoco dispone de una red suficientemente eficiente en las comunidades para atender las necesidades individuales de cada reinsertado.

La mayor debilidad de la iglesia Cristiana es su falta de unidad para constituirse en una fuerza de opinión suficientemente grande, para que el gobierno o los alzados en armas vean necesaria su participación por ejemplo en la mesa de negociación. Las iglesias Cristianas tampoco disponen de una estructura jerárquica que produzca la unidad como sí la observamos en la iglesia Católica. Pero tienen fortalezas precisamente donde el gobierno es débil. Las iglesias Cristianas disponen de finas estructuras en la sociedad y saben dirigirse a las personas. Llegan a las comunidades donde el gobierno no llega fácilmente. Tienen personal entrenado para la restauración. Los pastores y demás líderes saben de la moral y tienen experiencia en la restauración de las personas. Estos miles de reinsertados pueden encontrar en las iglesias el apoyo que necesitan para transformar su vida, con el fin de que aprendan a usar sus manos para trabajar y no para operar un fusil.

“Bienaventurados los pacificadores” no se refiere entonces solo a negociar la paz. La tarea mas difícil es la restauración de estos ex -combatientes. Existen 7000 iglesias Cristianas en Colombia, cada una con un pastor y líderes preparados para asistir a estos jóvenes y ayudarlos a encontrar un nuevo camino, una nueva vida en la plenitud del Señor. El Espíritu Santo convence de pecado y su fruto es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza y solo las iglesias pueden acercar a los excombatientes a este fruto, el gobierno no. Ambos se necesitan para un exitoso proceso de paz.

* Presidente de la Red Business Network, Colombia. E-mail: lared@polcola.com.co














 
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