La paz es un regalo 

Hans Peter Muller Ratzer (*)

21 de mayo de 2006

“Ni se compra ni se vende”. No se estima lo suficiente cuando está presente, pero se anhela cuando está ausente.

Qué fácil es perder la paz por cualquier cosa. Parece ser lo más volátil que existe en nuestra vida. No quiero pensar ahora en la paz de la que hablan los medios, que es en el fondo solo la ausencia de conflictos. Estoy mirando la paz que está escondida en la profundidad de nuestro ser y surge a la superficie y se refleja sutilmente en el rostro de los que la han conquistado.

¿Hasta qué punto depende la paz de lo que pasa alrededor de uno? ¿Somos sólo víctimas de las casualidades de cada día, de las congestiones en las calles, del ánimo de los compañeros de trabajo y de todas los demás cosas que simplemente ocurren al azar y agitan nuestro ser, atrapándolo en toda clase de sentimientos? Si creemos como el psiquiatra Sigmund Freud que estamos sujetos a nuestros impulsos, de verdad, no podemos ser más que víctimas de lo que nos acontece. Algunas veces estaremos eufóricos, otras veces profundamente tristes o con rabia. Quiero decir que es necesario vivir todos estos sentimientos y experimentarlos, ellos son parte de nuestra naturaleza humana.

No solo somos seres impulsivos, sino como creados a la imagen de Dios, tenemos la capacidad de dominarlos. Como seres racionales podemos analizar las circunstancias y controlar nuestras emociones. El resultado de este dominio es una vida más equilibrada. De esta forma no permitimos que nos roben fácilmente nuestra paz.

Pero también hay momentos de grandes penas y sufrimientos que sobrepasan nuestras fuerzas siempre limitadas. Alcanzar la paz es humanamente imposible en estas circunstancias extremas. En estos momentos no queda otra alternativa que buscar la paz en la inagotable fuente de vida que proviene de nuestro Señor Jesus Cristo y esta también es el resultado de una decisión.

Imposible es alcanzar la paz si hay una falta de perdón. Este sentimiento no deja fluir libremente los pensamientos. Al contrario, los tiene cautivos en sentimientos de venganza y odio.

Si, la paz entonces depende de una decisión. Se refleja en la forma en que decido tratar con mis familiares, vecinos y amigos ya que las relaciones a mi alrededor dependen en gran medida de mi forma de actuar. Nuestra creatividad nos permite encontrar las mejores formas de convivencia para producir esa armonía. Todos tenemos por lo menos un círculo de influencia: que para muchos es la familia. Nosotros decidimos cómo queremos convivir y depende de nuestra imaginación lograrlo. Se necesita:   Humildad, perdón, amor y servicio. Cuánto cuesta? nada cuando se tienen estos preciosos valores, y todo cuando no se tienen.

* Presidente de la Red Business Network, Colombia. E-mail: lared@polcola.com.co














 
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