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| Ludwig von Mises |
Friedrich
von Hayek |
Murray
N. Rothbard |
Israel
M. Kirzner |
A la luz de la popularidad de las
ideas liberales de la Escuela Monetarista del Premio Nobel Milton Friedman, la
de "Law and Economics" del Premio Nobel Ronal Coase y de la Elección
Pública (Public Choice) del Premio Nobel James Buchanan, los exponentes de la
escuela austriaca han evidenciado que éstas no explican satisfactoriamente por
qué y cómo funciona el mercado, y prescriben intervenciones estatales
injustificadas.
Los economistas austriacos
sostienen que el mercado es un orden espontáneo creado por el accionar de
millones de individuos, sin dirección centralizada, donde los precios son
expresiones de los valores que se descubren e intercambian en un proceso de
competencia. Añaden, que la información y las preferencias que gobiernan el
mercado, son subjetivas, dispersas, y no formalizables, que no pueden ser
percibidas por el planificador o burócrata.
A manera de ejemplo, las
estadisticas y matemáticas no pueden obtener por medio de sus ecuaciones u
operaciones algebraícas, la fórmula que garantice que cualquiera de nosotros
pueda tener éxito en el mercado. Depende mucho del olfato y la perspicacia
empresarial como ingredientes hacia el éxito. Menos aún, las universidades no
producen empresarios, sino son los estudiantes quienes tienen que experimentar
los avatares del mercado para desarrollar sus habilidades empresariales. El 90%
de los conocimientos que dominan el mundo no son formales, en otras palabras, el
10% de los conocimientos en el mundo son conocimientos científicos que se
imparten en las universidades, y el resto son conocimientos vulgares creados por
el mercado pero valiosos para la asignación eficiente de recursos.
Las implicancias de política
económica derivados de los descubrimientos de los economistas austriacos, echan
por la borda cualquier intento satisfactorio de controlar o regular la economía
en sus variadas formas. El control político más extremo sobre el mercado fue
el socialismo con su planificación centralizada, que consistió en dar órdenes
a los empresarios y consumidores cuánto producir y consumir, basado en los
resultados arrojados por sus modelos económicos y econométricos de largo
plazo; pasando por alto las preferencias y decisiones individuales que existen
en el mercado. La historia le dió la razón a Mises, fue quien en 1929
anticipó el fracaso del socialismo al escribir su pieza maestra "El
Cálculo Económico en una Sociedad Socialista". En la actualidad, el más
moderado de los socialismos sostiene que hay que corregir las fallas del
mercado, y que por lo tanto, son necesarios las regulaciones desde burocracias
gubernativas.
Kirzner, discípulo de Mises, da
una respuesta al argumento de las supuestas "fallas" del mercado con
un enfoque dinámico de la empresarialidad. El empresario no es un maximizador
de beneficios dotado de información completa del mercado reducido al papel de
combinador de recursos tal como lo difunde las escuelas antes mencionadas. El
empresario en el mercado libre identifica las oportunidades de ganancias, y
actúa en consecuencia para aprovecharlas. En otras palabras, las supuestas
"fallas" de mercado sólo serían oportunidades de ganancias aún no
descubiertas por algún empresario.
El enfoque de Kizner explica que
las "fallas" del mercado, como sería la aparición de los monopolios
y sus prácticas anticompetitivas, son en realidad síntomas de una vigorosa
competencia y no de una "frágil flor que reclama protección". El
concepto de competencia perfecta, tan difundido en las universidades y el sector
público, idealiza a la competencia como una situación en que nadie influye en
el precio, todos poseen información y no hay tal cosa como el empresario
innovador. La burocracia está –dicen- para corregir lo que no se ve en el
mercado, es decir, llevarlo a ese estado ideal.
Sin embargo, nada garantiza que
una empresa estando sola en el mercado, aún con gran poder económico, pueda no
cometer errores; la sola posesión de los recursos financieros, tecnológicos y
humanos no es un beneficio ya conseguido en el mercado, sino que es necesario el
descubrimiento y aprovechamiento de las oportunidades de ganancias aún no
descubiertas por el empresario. Por otro lado, lo que tal vez parece ser una
"falla" para los ojos del regulador o burócrata, es más bien un paso
necesario en el proceso de descubrimiento de conocimientos empresariales
necesarios para la solución de tal "falla" en el mercado. Como se
había escrito lineas arriba, la información que se halla dispersa en el
mercado, no permitiría dictar al burócrata medidas flexibles y preliminares,
sujetas a las innovaciones y correcciones que produce el mercado, sino más
bien, el Gobierno, crea costos de transacción producto de fallas de su
gestión.
En
conclusión, una interpretación del mercado respaldada por
la teoría austriaca del mercado y de la empresarialidad,
proporciona fundamentos sólidos para rechazar cualquier
tipo de planificación o regulación por parte del gobierno.
Sí nos atreviéramos a formular alguna propuesta creadora
de riqueza en el Perú, sería que el gobierno deje libre al
mercado y, que sólo se dedique a proveer –al menos por
ahora- justicia y seguridad.©
(*)
Director de ILE