Podría
pensarse que una sociedad libre tal como la hemos
conocido lleva en sí misma las fuerzas de su propia
destrucción, podría pensarse que una vez que se ha
logrado la libertad se da por garantizada y deja de
ser valorada, y que el libre crecimiento de las ideas
que es la esencia de una sociead libre traerá la
destrucción de los fundamentos de los cuales depende.
Cabe dudar muy poco que en paises como los Estados
Unidos el ideal de la libertad hoy en día tiene mucho
menos atractivo para los jóvenes del que tiene en los
países donde ellos han aprendido lo que significa su
pérdida. Por otra parte, existe cada signo de que en
Alemania y de que en algunos otros lugares los jóvenes
que jamás han conocido una sociedad libre, la tarea
de construir una puede convertirse en algo tan
excitante y fascinante como cualquier esquema
socialista que haya aparecido en los últimos cien años.
Es un hecho extraordinario, aunque muchos visitantes
han experimentado que al hablarle a los estudiantes
alemanes sobre los principios de una sociedad libre
uno encuentra una audiencia mucho más perceptiva e
incluso mucho más entusiasta de los que uno podría
esperar encontrar en cualquiera de las democracias
occidentales. En Gran Bretaña también ya está
apareciendo entre los jóvenes un nuevo interés en
los principios del nuevo liberalismo que ciertamente
no existía algunos años atrás.
¿Significa
esto que la libertad es valorada sólo cuando se ha
perdido, que el mundo debe ir siempre a través de una
oscura fase de totalitarismo socialista antes de que
las fuerzas de la libertad puedan volver reforzadas?
Podría ser así pero yo espero que yo tenga que ser
así. de hecho en tanto la gente que determina la
opinión pública a través de largos períodos
continue siendo atraída por los ideales del
socialismo, la tendencia continuará. Si queremos
evitar tal desarrollo debemos ser capaces de ofrecer
un nuevo programa liberal atraiga a la imaginación.
Tenemos que hacer de la construcción de una sociedad
libre una vez más una aventura intelectual, un desafío
para el coraje. De los que carecemos es de una Utopía
liberal, de un programa que no parezca ni la mera
defensa de las cosas tal como están no algún tipo
diluido de socialismo sino más bien un verdadero
radicalismo liberal que no hiera las suceptibilidades
de los poderosos (incluyendo los sindicatos), que no
sea demasiado severamente práctica y que no se
confine asímismo a los que aparece hoy en día como
políticamente posible. Necesitamos líderes
intelectuales que estén preparados para resistir las
sensibilidades del poder y la influencia y que estén
deseosos de trabajar por un ideal cualquiera pequeños
que sean los prospectos de su más temprana realización.
Debe ser hombres que estén deseosos de afirmar
principios y de luchar por su completa realización,
cuan remotos parezcan. Los compromisos prácticos
deben dejárselos a los políticos. El libre comecio y
la libertad de oportunidad son ideales que todavía
pueden surgir en la imaginación de gran número de
gente, pero una mera "razonable libertad de
comercio" o una mera "relajación de los
controles" no es ni intelectualmente respetable
ni parecería que puede inspirar algún entusiasmo.
La
principal lección que el verdadero liberal debe
aprender del éxito de los socialistas es que fue su
coraje para ser útopicos lo que les permitió ganar
el apoyo de los intelectuales y a partir de allí una
influencia sobre la opinión pública que diaramente
está haciendo posible lo que solo hace poco parecía
tremendamente remoto. Aquellos que se han involucrado
exclusivamente con aquello que parecía practicable en
el estado de opinión existente han encontrado
constantemente que incluso esto se ha convertido con
rapidez en políticamente imposible como resultado de
cambios en la opinión pública con respecto a los
cuales no han hecho nada para guiar. Hasta que no
podamos crear de los fundamentos filosóficos de una
sociedad libre una vez más un tema intelectual
viviente, y de su realización una tarea que desafíe
el ingenio y la imaginación de las mentes más vívidas,
los prospectos de la libertad serán realmente
oscuros. pero si podemos volver a ganar en el poder de
las ideas que ha sido el distintivo del liberalismo en
su mejor momento, la batalla no está perdida. La
resurrección intelectual del liberalismo ya está de
hecho en camino en muchas partes del mundo. ¿estaremos
a tiempo?.
(*)
Premio Nobel de Economía 1974.