Neoliberalismo no es la salida 

 

Alberto Mansueti *

21 de junio de 2002

 

El estatismo se define así: Gobiernos ilimitados; mercados cautivos; e instituciones sociales dependientes del poder y la política. La salida es la desestatización. Conduce a la sociedad libre.

Las lecciones de los '90 son muy claras, al menos en América latina. El neoliberalismo es la continuación del estatismo por otros medios. Y por eso los Gobiernos saltan y voltean con facilidad y rapidez del viejo populismo al neoliberalismo y viceversa. El neoliberalismo es sólo es un estatismo de apariencia más "fina", que se distingue por tres aspectos mucho menos que esenciales:

su modo de financiarse

su modo de controlar

el nexo con la economía externa y global. Vealo Ud.:

Su modo de financiarse

Los neoliberales casi no usan la inflación, o tratan de usarla moderadamente.  

La inflación es un impuesto ilegal, un tributo no sancionado por Ley, y oculto. Se esconde dentro de los precios. Pero es un verdadero impuesto. Se nos impone a todos los tenedores y acreedores de efectivo o saldos líquidos o a la vista. Es el viejo impuesto disfrazado o encubierto, tradicionalmente empleado hasta el hartazgo por los regímenes populistas latinoamericanos.

La inflación de dinero es la emisión indiscriminada de medios de pago, que provoca el aumento de los precios. Normalmente se practica con la máquina de imprimir billetes; aunque un medio equivalente es la "expansión crediticia": la apertura por los bancos de líneas de crédito y otorgamiento de préstamos por montos fuera de toda proporción razonable con las sumas de dinero captadas en colocaciones, y con las que se espera probablemente recuperar.

La impresión de papel moneda les permite a los Gobiernos financiar sus gastos, e igualmente a quienes merodean, viven y medran en la periferia y entornos del gigantesco SuperEstado. Los contratistas, y los altos funcionarios y empleados gubernamentales, y los titulares de "proyectos" financiados, subvenidos o privilegiados por el Estado, normalmente cobran su dinero fresco de primeros en la cola. Ellos se apoderan de los billetes -sea grandes sumas de dinero, o no tan grandes-, casi tan pronto salen calentitos de la imprenta, y antes de que su excesiva cantidad provoque su natural e inevitable efecto alcista en los precios.

La inflación financia al SuperEstado, pero nos perjudica a todos los demás. Por eso los verdaderos liberales siempre estamos en contra de su causa primera: el Estado multipropósito, que se arroga funciones que no le corresponden, e incurre en gastos desorbitados. Y buscamos algún tipo de límite o freno efectivo al poder gubernamental de emitir dinero. Y una valla es la obligación de respaldar cada billete impreso, por ej. con oro o plata. Pese a lo que sus enemigos dicen, en el pasado el patrón metálico funcionó. Y tan bien, que los Gobiernos del mundo buscaron la manera de confundir a la gente, para saltarse ese límite a la torera. Por eso difamaron y calumniaron al patrón oro.

La inflación de dinero (papel moneda) provoca su devaluación y no al revés

Un dólar es un bien como cualquier otro, y en tanto los billetes nacionales se multiplican, la divisa gana valor frente a ese dinero puramente nominal.

Una vez emitidos los billetes, ante la devaluación -inminente o ya producida-, los Gobiernos tienen solamente dos opciones: lo admiten francamente, o lo niegan. En el primer caso admitirían en la práctica haber cometido un delito o algo muy parecido: el forjamiento o falsificación de dinero. Es decir, el emitir como dinero algo que no lo es en realidad. Por eso normalmente lo niegan; y persisten tercamente en su negación, tratando de disimular por 1001 arbitrios la devaluación. Hasta que ya no pueden más.

Pero entonces, para no admitir que la devaluación se ha producido, ellos dicen que "la han decretado". Dicen que "han tomado la decisión" de devaluar. Mentira. Las decisiones que tomaron fueron la de gastar, y la de imprimir billetes para pagar sus gastos; no la de devaluar. La devaluación es una consecuencia inevitable de la impresión indiscriminada de moneda, que todos los Gobiernos evitarían gustosos si hubiese manera de sortear el escollo. Pero no la hay. Entonces dicen: "Lo hemos decidido". Y lo dicen muy solemnes, orondos, para transmitir la impresión de que ellos están "a cargo" de la situación, de que están "en control ..."

Con la devaluación mucho ganan los especuladores "en corto" (plazo), que apuestan a todo movimiento brusco causado por las intervenciones de los Gobiernos. La generalidad de los especuladores cumplen funciones socialmente útiles, como por ej. la del arbitraje de precios; pero no así quienes avizoran solamente las súbitas oscilaciones por los decretazos y manipulaciones oficiales, de las cuales procuran siempre enterarse con la anticipación suficiente. Este tipo de especuladores hace pingües beneficios con la negación gubernamental a admitir el hecho de la devaluación. Cuanto más dure, crece la discrepancia entre los valores reales y artificiales. Cuando la resistencia termina y los Gobiernos finalmente deben admitir la realidad, esos especuladores hacen su ganancia.

Los neoliberales se financian con impuestos

No con la inflación de dinero, sino con los impuestos declarados y abiertos, sancionados legalmente, tanto presentes como diferidos (empréstitos). Por eso a veces dictan la dolarización obligatoria. Pero nunca la libertad monetaria, que es la verdadera salida a los problemas monetarios, la mejor y más simple: eliminar el "curso legal" o forzoso, y que cada quien escoja la moneda de su preferencia para hacer cálculos, recibir pagos o abrir cuentas.

Los neoliberales no reducen los gastos del Estado, sino que aumentan sus ingresos, a base de impuestos. Por tanto no rebajan sino que elevan la presión fiscal al contribuyente.

Y los neoliberales también privatizan monopolios anteriormente estatales; pero sin dejar de ser monopolios. Lo hacen mediante subastas dirigidas, con muy altos precios-base, y muy cerradas, por los recaudos exigidos. Una vez privatizados, las firmas que se adjudican los monopolios cobran de sus usuarios y clientes cautivos tarifas exorbitantes, y expolian a sus proveedores y suministradores no privilegiados. Así de esta forma devuelven a los bancos los dineros que les prestaron para pujar en las privatizaciones. Y después los reguladores siguen manteniendo a la competencia fuera, a raya, siempre a favor de los monopolistas. Así las empresas monopolistas ya no trasladan sus ineficiencias al contribuyente -como cuando eran estatales-, sino que las cobran directo al usuario, cliente o proveedor no privilegiado.

Por eso los neoliberales casi nunca desregulan; al contrario: dictan cada vez más leyes reglamentadoras.

Su modo de controlar

Los neoliberales no usan los controles antiguos, groseros.

Por ej. para los precios emplean la "ley proconsumidor".

Para controlar y manipular el tipo de cambio usan la tasa fija tipo 1 x 1 como en la Argentina de Cavallo; o bien "operaciones de mercado abierto" (compraventas de dólares).  

A los intereses bancarios los manipulan con encajes y desencajes de bonos y otros papeles, o de títulos de deuda -o de divisas-; o con encajes y desencajes legales en las reservas.  

-- No usan la anticuada "planificación" estatal, unilateral, sino la "concertación a través del diálogo".

-- Y no usan la empresa estatal, sino la agencia reguladora; pero a menudo con el mismo personal y vicios. A los fracasados en la tarea de producir eficientemente un bien o servicio como empresa, les premian relevandoles de esa carga; y encima con derecho a controlar y fiscalizar a las firmas privadas reguladas encargadas de la producción. O sea: al más inepto y flojo lo sacan de la línea y lo ascienden a capataz y supervisor.

El nexo con la economía exterior

No usan aranceles sino leyes "antidumping" (y su "Alta Comisión"); pero se mantiene el proteccionismo contra las importaciones. Porque antes el "cepalismo" era "hacia adentro": se beneficiaba a quienes producían para el mercado nacional en detrimento de los exportadores. Ahora la dirección del mercantilismo es inversa ("cepalismo hacia afuera"), y se beneficia a quienes producen para el mercado externo en detrimento de los abastecedores del mercado local. Pero siempre es el mismo dedo estatal el que elige quiénes serán privilegiados y decide quiénes seremos sacrificados.

Lo que cambian son ciertos instrumentos, algunos modos y formas, no la esencia y definición del estatismo.  

En lo demás sigue todo igual:

escuelas y hospitales inservibles, ruinosos y gastadores, y entes previsionales desfondados; y gente tan empobrecida que no puede adquirir privadamente enseñanza, tratamiento médico ni previsión;

--numerosos entes "sociales", culturales, y "ONG" alimentadas con dineros fiscales, lo cual eleva al gasto estatal a la estratosfera, y asimismo los impuestos y la deuda del Estado, externa y/o interna;

-- y falta de Gobierno en funciones propias del Estado. Sigue la inseguridad y el desorden público en las calles, la injusticia en los tribunales, y las narcoguerrillas y los secuestros en las fronteras.

La sociedad libre se define así: Gobiernos limitados; mercados libres; e instituciones sociales independientes del poder y la política.

La salida no es el neoliberalismo sino la desestatización: privatizar amplia y liberalmente, en forma abierta y competitiva; desregular las actividades sociales, tanto económicas como no económicas; y poner al Estado en su lugar. Y no hay atajo. 

 

* Politologo y Profesor de la Universidad San Pablo, Guatemala.














 
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