La
Noria del Arroró
Manfred
F. Schieder *
15
de setiembre de 2009
"Vivimos
en una época en la cual sólo merecen nuestra atención las
cuestiones más fundamentales."
(Bill Haydon, en "El Topo", de John le Carré)
Un
miembro de mi familia, de innegable ideología colectivista,
me dijo tiempo atrás: "Tú crees que a mí me puede
gustar esta situación de estancamiento y pobreza en que
vive tanta gente mundialmente? Te parece que yo puedo estar
en contra de elevar su nivel de vida?" A lo cual
contesté con otra pregunta: "Cómo conjugas lo que
dijiste con ese constante empecinamiento en adherir a
ideologías políticas y económicas que justamente provocan
y sostienen este estancamiento económico y social que
condena a tanta gente a vivir en la miseria?"
Murmuró
algo de que creía en lo que los colectivistas prometen y
agregó que el hambre y la desesperación son el resultado
de capitalistas ávidos que arrebatan toda la riqueza
mundial mientras que el socialismo, si solamente se le
dejase actuar, podría remediar fácilmente esta situación.
A mi comentario de que en los países industriales las
personas alcanzan un nivel de vida bastante cómodo y que,
además, lo que producen colabora en gran medida a aliviar
situaciones que serían sino muchísimo peores, contestó
con la ya antiquísima convicción de que los países ricos
son ricos porque roban todo lo que los países pobres tienen
mientras que los países pobres lo son porque… oh, ya
conocemos toda esa palabrería, porque la hemos leído y oído
millones de veces por parte de gente que ha hecho y hace
todo lo posible por difundir la noria del arroró contra el
Capitalismo, que todavía no existe pero que es el único
sistema económico por el cual las personas alcanzan el
nivel de lo que se llama "una existencia humana
civilizada".
Yo
pensé en lo que Marx mismo dijo en su "Manifiesto
Comunista" de que la burguesía (como se llamaba al
Capitalismo en ese entonces) incrementó la riqueza de los
pobres en el corto período de 100 años, pero me pareció
inútil tratar de cambiar la mentalidad de una persona que
quiere quedar adherida a conceptos falsos. De todas formas,
yo había meramente tocado el punto neurálgico de todo
colectivista, la gran contradicción interna que le prohíbe
conectarse con la mecánica del bienestar: el deseo
inherente de permanecer atado al arroró que le susurra el
veneno de sus mentiras. Hay personas que simplemente no
quieren entender que la libertad personal, el empuje
personal de querer mejorar la propia existencia, el
aprendizaje, la adquisición de conocimientos, el deseo de
resolver los problemas existentes, que frecuentemente mueve
a un cerebro dado a producir un invento que permite crear más
riqueza para todas la personas que se benefician con la
invención involucrada, es la mecánica requerida para
construir un nivel de vida más elevado.
Pensé
en Josiah Wedgwood creando una vajilla de cerámica blanca
que la persona común podía adquirir a alrededor de un chelín
por pieza en la época en que Wedgwood encontró la forma de
cómo fabricarla, pero los colectivistas permanecen incólumes
ante cualquier avance a una vida mejor. Sueñan con eliminar
a la sociedad industrial para poder regresar a lo que creen
que han sido los tiempos pastorales que nunca existieron,
una fábula de pobreza y oscuridad como revelaron las
primeras fotografías de la vida rural. Todavía estoy
esperando a que algún entusiasmado Verde invente un aparato
nuevo, asombroso y particularmente económico para extraer
una fuente de energía hasta ahora desconocida de la
naturaleza, pero aparentemente el ingenio y la inventiva de
un John Galt no son una característica común entre estas
personas.
La
insistente devoción a las premisas del colectivismo revela
un empecinado rechazo de la realidad y una adherencia a
visiones fantásticas. En consecuencia, comparten con
quienes adhieren a la religión el mismo fundamento psicológico:
el deseo de evadir la responsabilidad personal, el rechazo a
adquirir una visión positiva
de ésta sola y única vida que tendremos en toda la
eternidad y la esperanza de que algo más grande que
nosotros mismos y que se encuentra más allá del universo
ha de proveer los medios de supervivencia. Un deseo de
regresar al vientre materno, donde Mamá se ocupaba de todo,
es la añoranza no expresada. La realidad, que se encuentra
permanentemente presente, es rechazada como destructora de
los deseos idílicos. Los impostores profesionales, muchos
de los cuales han sucumbido a su autoengaño, utilizan estas
nostalgias generalizadas para obtener sus propias metas de
poder y riqueza sobre sus compatriotas. Forman el conjunto
de mandamases religiosos y políticos colectivistas.
Adhieren y representan a la misma ideología. Persiguen la
misma meta de dirigir al ciudadano crédulo. Cuando no
pueden obtener la adhesión voluntaria para sus deseos
sociales y/o místicos acuden, por éste y muchos otros
motivos, a la violencia.
Pero
la realidad no se aparta. Se niega a ser echada de lado, lo
cual produce una contradicción en términos que, como tal,
origina una oposición y un conflicto que es inevitable,
necesario e inamovible.
Las
existentes autoridades auto-establecidas asumieron automáticamente
la forma de vida típica de los animales irracionales que
precedieron a la especie de seres racionales producidos por
la evolución. Mientras no existiese un marco social
distinto de aquél que es típico de los animales
irracionales, las autoridades auto-establecidas no hallaron
o, al menos, hallaron poca oposición y, en consecuencia, no
tuvieron mucho que temer. La mayoría de la población
obedecía y quienquiera que se atreviese a levantar la voz
era rápidamente eliminado. Más aún, dado que el entorno
social requerido por los seres racionales tardó en
desarrollarse, ya que la evolución procede lentamente, la
posición imperativa de las autoridades auto-establecidas no
fue desafiada. De hecho, continúa siendo así en la mayor
parte del planeta, especialmente en aquellas sociedades que
apenas, si es que de manera alguna, pueden considerarse
civilizadas, por más que deseen serlo. A pesar de ello y
por lenta que fuese la evolución, el tamaño del cerebro y
su relación con el organismo que lo contiene, continuó
creciendo, lo cual produjo una situación en la que ya no se
pudo ocultar los hechos. El descubrimiento de cómo hacer
fuego y la invención de la rueda, los primeros rudimentos
de las matemáticas en Babilonia, Egipto, China, la India y
Grecia, los primeros logros de la arquitectura, el comienzo
de la cirugía en Egipto, etc., y, más tarde, el cruce de
la frontera que habría de producir lo que se llamaría el
Renacimiento, todo esto llevó directamente al momento
cuando en Virginia, hace aproximadamente 350 años, se
concibió y desarrolló no sólo la idea sino el concepto
mismo de la individualidad. A partir de ahí el desafío de
la nueva forma del medio social frente a la antigua forma de
vida se hizo evidente.
Fue
éste el momento en que el grupo más avanzado de seres
humanos habría de iniciar la revolución contra el
misticismo y la existencia en manada. Tal como lo demuestra
a diario la historia, estamos cruzando ahora el tiempo de
transición hacia la etapa de individualización total. El
momento de la confrontación final con quienes quieren
detener el avance de la humanidad para enviarla de regreso a
lejanas creencias y la vida en manada resulta ineludible.
El
actual resurgimiento de las religiones y demás sectas esotéricas,
el recrudecimiento de la oposición islámica al mundo
moderno y su intención de destruirlo mediante la violencia
ilimitada y una también ilimitada producción de niños,
son claros indicadores de que la individualización y los
derechos humanos inherentes al nuevo tipo de sociedad han
sido claramente reconocidos por quienes adhieren a una forma
de vida irracional. Correctamente los reconocen como
destructores de viejas costumbres que desde hace ya mucho
tiempo han dejado de tener toda vigencia para el ser humano
racional.
El
camino hacia la plena, responsable y productiva libertad
personal significa una revolución contra el autoritarismo
colectivista, correspondiendo el autoritarismo colectivista
a la mentalidad de aquellas sociedades que se encuentran
ancladas en el pasado, donde grupos de dirigentes reúnen
los beneficios de riqueza y poder extraídos de una población
mantenida y tratada como esclavos y siervos que deben
sostener a los dirigentes. Esta forma de "existencia
tradicional" se encuentra, pues, en oposición total y
absoluta con las necesidades de mentes que, en el ínterin,
han crecido y desarrollado a lo largo de los siglos lo que
únicamente puede calificarse como "forma de existencia
racional".
Quienes
insisten en mantener la forma de coexistencia antigua o
tradicional, echan mano a lo que fuere para retener el poder
o para establecerlo y expandirlo, sin importar cuán
criminales, destructivos o mortíferos que fueren los medios
utilizados. Actos de terrorismo, asesinatos a mansalva y
matanzas masivas son, para ellos, medios aceptables.
Desprecian las invenciones para un mejoramiento de la
existencia humana y la producción de bienes. Este tipo de
personas tiene la mentalidad de los criminales, quienes son
reacios al trabajo y contrarios a la vida. Lo que se
encuentra, pues, en juego es una cuestión de supervivencia
para toda la especie ya que, si tuviesen éxito en sus propósitos,
llegarían a la destrucción de las naciones desarrolladas
en primer lugar y, consecuentemente, a la erradicación de
la mayor parte de la humanidad y el retorno al primitivismo
para quienes quedasen.
Pero
la realidad de la evolución misma no puede aceptar tal
situación a causa de sus contradicciones implícitas, pues
el colectivismo, el tipo de sociedad heredado de nuestro
pasado prehistórico, opera en base a la irracionalidad, la
característica propia de las especies pre-humanas. La
evolución misma ha condenado y dejado atrás los tiempos
pasados. Cuando el cerebro creció hasta alcanzar el nivel
de la racionalidad, las preguntas que revelaron las
contradicciones existentes fueron demasiado evidentes para
poder ser dejadas sin considerar, a saber:
1)
Si una persona es obligada a sostener a su semejante con
valores idénticos
a los que recibe de éste (quien debe vivir de acuerdo con
las mismas premisas), dónde se encuentra el sentido del
intercambio? Si cada uno entrega lo mismo que recibe, se
llevaría a cabo un acto carente de sentido, empeorado,
incluso, por el hecho de la entropía involucrada.
2)
Si se recibe más
que lo que se da, enfrentaríamos un acto de caridad,
empeorado por el hecho de que sería llevado a cabo
obligatoriamente y no por libre voluntad. El acto mismo
lleva al receptor a un estado de dependencia y al dador a un
estado de pauperismo.
3)
Si se recibe menos
de lo que se da, se enfrentaría pronto al espectro del
empobrecimiento físico, espiritual, intelectual, cultural o
como quiera llamársele.
Más
allá de ello se agrega el mero hecho de que el desarrollo
evolutivo de la racionalidad, con su resultado de
industrialización y bienestar, no puede ni quiere coexistir
con la irracionalidad.
El
motivo por el cual tantas personas adhieren a la doctrina
del altruismo, que es la base misma del colectivismo, reside
en la creencia de que se obtendrá, con menor esfuerzo
personal, un excedente por parte de quienes producen más.
Para asegurarse de que esta situación se mantenga por
siempre jamás, quienes adhieren a ella o bien elijen o bien
favorecen a los gobiernos que declaran sostener los mismos
principios. Ya sea a través de comicios o por el poder
arrebatado por un grupo de maleantes dado, se ordeña
(explotar es un término mucho más adecuado) a la parte
productiva de la población mediante impuestos, leyes
expoliativas, etc. El bando dirigente se apodera de todos
los beneficios que todavía se encuentran disponibles y,
echando algunos mendrugos a la población que creía que el
sistema les permitiría vivir de la riqueza de la parte
productiva de la población pero se vio engañada en sus
esperanzas por los mismos hechos, se aseguran la lealtad y
continua adherencia de la población en general. La mayoría
de los países del mundo presentan ejemplos de lo que se
acaba de mencionar.
Claro
que todo esto involucra una gran cantidad de ignorancia y
autoenceguecimiento, ya que los productores se dan cuenta de
inmediato de que tiene lugar un juego en su perjuicio. En
consecuencia, aplican las mismas premisas y reducen sus
propios esfuerzos al nivel mínimo. Muchas veces son,
incluso, asesinados por no obedecer los dictámenes de los
tiranos pero, dejando momentáneamente de lado las tragedias
personales involucradas, esto meramente empeora el
resultado, ya que la reducción de la producción llega a un
paro total. Especialmente donde las premisas altruistas se
aplican con todas sus consecuencias, tal como sucede en el
comunismo, aumenta el factor de la envidia tan absolutamente
que se elimina físicamente a todos los productores, pasando
la "producción" a manos estatales, tornándose la
misma, a partir de este momento, en un caos indescriptible.
Fuese lo que quedare del "mercado", se vuelve éste
en un mercado paralelo, participando todo tipo de maleantes
en esta parte del "sistema". Los dirigentes, más
allá del hecho de que ellos mismos se encuentran
involucrados en el mercado negro, echan adicionalmente mano
a la extorsión y las amenazas. Aterrorizando a los países
más libres y mediante el soborno de los funcionarios
estatales, etc. obtienen por un tiempo los medios de
sustentación necesarios. La entrega de granos por parte de
los Estados Unidos a la Rusia Soviética es un claro ejemplo
de lo citado. La humanidad parece no haber aprendido todavía
que toda prohibición es un terreno fértil para el
gangsterismo. La era de la "Ley Seca" en los
Estados Unidos no eliminó al alcohol, pero sí estableció
a la "Cosa Nostra", un cáncer que amenaza la
continuada existencia de toda la nación.
El
resultado de este tipo de "desarrollo" es el
estancamiento demostrado en teoría y, consecuentemente, en
la práctica por todos aquellos países que han incorporado
al colectivismo a su "cultura" política. La
creciente espiral de los hechos del engaño, la extorsión y
el control dictatorial abarcan a toda la sociedad, reduciéndola
finalmente al colapso total. Quienes pueden evadirse
emigran, ya sea oficialmente, si es que pueden hacerlo o, en
la mayoría de los casos, a ocultas; otros hambrean y
aquellos que hasta ese momento habían logrado ahorrar parte
de sus ingresos, los consumen hasta el momento de la inanición.
Los negocios y las industrias privadas - la última expresión
de la pretensión egoísta de vivir en propio beneficio -
cierran sus puertas, son "nacionalizadas", o sea
confiscadas (robadas es el término correcto) por parte del
gobierno o abandonan al país en búsqueda de condiciones más
favorables. La región es ocupada por los esclavos y los
siervos del estado y la situación se encuentra preparada
para grandes alzamientos sociales. A continuación tienen
lugar guerras civiles y revoluciones con sus enormes pilas
de muertes prematuras. En la mayoría de los casos sigue el
agotamiento total en todos los órdenes de la coexistencia
social. La población languidece y, a su debido tiempo, las
naciones involucradas se despedazan y separan en diversas áreas.
El resultado de la Unión Soviética es un claro ejemplo de
ello.
Lo
que antecede demuestra por qué el colectivismo no puede
progresar y, en consecuencia, es incapaz de alcanzar el
bienestar general. Es la antítesis misma del bienestar, el
regreso a la prehistoria, el retroceso a la existencia de
manadas de animales salvajes dirigidas por sus cabecillas,
quienes son los únicos beneficiarios del sistema…
mientras no comiencen los alzamientos o un sector del grupo
dirigente no elimine, mediante purgas políticas, a quienes
están en el camino, tal como ha demostrado la historia
hasta el hartazgo.
Hasta
ahora ha habido una sola excepción en lo que es
generalmente entendido como "revolución", si bien
los motivos que iniciaron el suceso fueron diametralmente
opuestos al entendimiento general del término. Ya mencioné
esta excepción en relación con los alzamientos que
principalmente se proponen establecer una versión distinta
del sistema ya existente. Su origen tuvo lugar durante el
siglo 17 e involucró a la población de Virginia, una región
de Norteamérica que, en ese entonces, todavía pertenecía
a la corona británica. Lo que sucedió allí quebró al
existente círculo vicioso.
Los
Puritanos habían llegado al continente americano en
persecución de sus convicciones religiosas, que constituyen
la base del colectivismo y que fueron más tarde tomados por
Marx para ser introducidos en sus dogmas: "De cada uno
de acuerdo con su capacidad y a cada uno de acuerdo con sus
necesidades." Todos trabajan para el bienestar de la
comunidad, siendo ésta la regla general originariamente
establecida para las colonias. Como resultante y debido a
los detalles arriba descritos, se extendieron el hambre y la
muerte por inanición como una peste, con las enfermedades y
las muertes tempranas que podían esperarse de tal situación
a su vera y como único resultado de lo que el colectivismo
"produce".
Si
bien nuevas inmigraciones desde las Islas Británicas
reemplazaban a las muertes tempranas, se repetía todos los
años la misma historia. En consecuencia, la población no
aumentaba. Los indolentes vivían de lo que producían los
productores, pero éstos mismos disminuían sus propios
esfuerzos al ver que sólo recibían la misma cantidad de
mendrugos que los que no hacían nada.
Después
de décadas de repetidos desastres decidió el gobernador
Bradford dejar de lado la doctrina dominante e intentar algo
completamente distinto, algo que no se había hecho hasta
entonces, ya que todos estaban convencidos que no funcionaría
de todas formas. Bradford concluyó que, en el peor de los
casos, lo que proponía meramente significaría una
continuación de la desastrosa situación ya existente.
Empero, decidió probar que habría de suceder si se permitía
a cada uno trabajar específicamente en su propio beneficio.
El
resultado (los defensores del sistema de mercado libre podrán
sonreír ahora) fue inesperado para los Virginianos del
siglo 17 y, en consecuencia, asombroso para todos los
involucrados. Los más capaces, los más productivos,
comenzaron a aplicar con sus familias todos sus esfuerzos al
mejoramiento de la situación en que se hallaban, mientras
que los menos deseosos de trabajar tuvieron que enfrentar el
hecho de que ahora estaban obligados a aplicar sus propios
esfuerzos si querían sobrevivir, pues ya no tenían acceso
a la holganza y a vivir gratuitamente de lo que otros producían.
Al cambiar la premisa, que ahora declaraba en la práctica
"Cada uno para si mismo", también cambió la
sociedad. El altruismo quedó de lado y el egoísmo, el
generador del progreso humano, pudo actuar. En consecuencia
progresó toda la sociedad, exceptuados los holgazanes. La
realidad aprobó lo que no se contradecía a si mismo y
produjo su propia cornucopia de bienestar material y,
consecuentemente, espiritual. La realidad obligó a los
perezosos a volverse industriosos, quizás no a todos ellos,
ya que parece ser que la sociedad nunca podrá deshacerse
completamente de gente no dispuesta a cuidar de si misma,
pero sí tuvo que cambiar la mayoría de mentalidad y
proveer su propia porción de esfuerzo. Es más, el proceso
no requirió de orden dictatorial alguna y fue origen del
vigoroso impulso que habría de originar la única y
verdadera revolución registrada hasta ahora en la historia,
la cual estableció, en 1776, los Derechos del Individuo e
incluyó el hasta entonces insólito derecho a la persecución
de la propia felicidad, que hasta ese momento no se había
registrado en ningún escrito oficial.
La
fórmula correcta es, pues, "Individualismo y
Progreso" o, si recordamos las incontables e inútiles
muertes causadas por todo tipo de colectivismo y sus
Stalitlers, el grito de "Egoísmo o Muerte", ya
que no ser egoísta implica un retorno al primitivismo, la
anulación de la autoestima y la muerte intelectual y física.
Esa filósofa extraordinaria que fuera Ayn Rand, lo expresó
con palabras muy precisas en su artículo "Éticas
Colectivizadas" en su libro "La Virtud del Egoísmo":
"El progreso puede provenir únicamente del superávit
de los hombres, es decir, del trabajo de aquellos hombres
cuya habilidad produce más de lo que necesitan para su
consumo personal, de aquéllos que se hallan intelectual y
financieramente capacitados para aventurarse en la búsqueda
de lo nuevo. El Capitalismo es el único sistema donde tales
hombres pueden funcionar libremente, y donde el progreso es
acompañado, no por privaciones obligatorias, sino por un
constante ascenso en el nivel general de prosperidad,
consumo y goce de la vida." El Capitalismo, añadió la
Sra. Rand, es el sistema del futuro… si es que la
humanidad desea tener un futuro.
Se
extiendo un largo camino hacia esa meta, pero no es un
camino difícil, ya que el trayecto se encuentra claramente
delineado, pero sí es largo, pues la mente de cada ser
humano o, al menos, la de la mayoría de la humanidad, debe
alcanzar la misma convicción, a partir de los datos y los
razonamientos con que los pensadores de mentes libres
llenaron y continúan llenando la cornucopia de ideas en pos
de una sociedad plenamente humana. El Capitalismo, basado en
el sólido fundamento de la filosofía que lo sustenta - el
Objetivismo, la Filosofía de la Razón -, se opone a todo
tipo de colectivismo, pero no requiere ni de compulsión ni
de violencia para probar lo que ofrece, pues los productores
desprecian a la violencia como herramienta de convicción.
Proveen la prueba de que el progreso sólo puede ser logrado
por el Capitalismo abandonando, como lo hacen los héroes de
la novela "La Rebelión de Atlas", de Ayn Rand,
sus herramientas de trabajo y cerrando, cuando se les impide
avanzar hacia el progreso, las fuentes de producción y
bienestar que han creado. La ausencia de estas fuentes de
riqueza confirman que la humanidad no puede progresar sin
ellos si, como ya se mencionara, se desea progresar. Los
productores son hombres de la mente, no hombres de armas y
con cada nuevo día oyen con más y más claridad la voz de
los arrorós con que los colectivistas intentan atarlos a su
yunque de irracionalidad.
Comienza
a tener lugar en el mundo un gran despertar y el grito por
"Cambio", con el cual los colectivistas intentan
ocultar su propósito de esclavización, corresponde en
verdad a quienes defienden la independencia personal, la
libertad personal y la plena integridad con los valores de
la Razón, el Propósito y la Autoestima, tal como lo
declarara Ayn Rand, y la racionalidad, la independencia, la
integridad, la honestidad, la justicia, la productividad y
el orgullo como las virtudes requeridas para obtenerlos. Más
y más productores e intelectuales comienzan a oír los
tambores del Individualismo, los Derechos Personales, el
Derecho a Vivir para Si Mismo, el Egoísmo Productivo y la
Felicidad Personal. El grito del Capitalismo creativo y
productivo destruirá el letargo con el cual los
colectivistas quieren adormecer a la humanidad. Es preciso
romper la prisión que simboliza la noria del arroró y que
mantuvo maniatada a la humanidad durante miles de años.
Estamos cruzando un tiempo de gran transición.
La
premisa es: CAPITALISMO, AHORA!
-.-.-.-.-.-.-
Nota:
El original en inglés del presente artículo fue publicado
en las páginas del Web de "Rebirth of Reason" (http://rebirthofreason.com/Articles/Schieder/The_Lullaby_Yoke.shtml).
Traducción al castellano del autor.
|