Quo
vadis, Empresarios?
Manfred
F. Schieder *
19
de julio de 2009
"Los
empresarios son el símbolo de una sociedad libre - el símbolo
de los Estados Unidos. Si perecieran, la civilización
perecería."
(de "La Minoría Perseguida de Estados Unidos: las
Grandes Empresas", por Ayn Rand, en "Capitalismo:
El ideal Desconocido")
Envidiados,
despreciados y difamados por doquier, hallados culpables de
todos y cada uno de los problemas que aquejan al mundo,
maldecidos por la población en general como "hombres
ricos" y "barones del robo" y utilizados como
chivos expiatorios cuando los gobiernos o cualquier grupo
político, ideológico o intelectual necesita liberarse de
los inevitables y desastrosos resultados de sus incontables
actos de irracionalidad, y sintiendo una
pesada carga de culpa por saber, subconscientemente, que no
viven ni de acuerdo con el camino trazado ni conforme al
sistema "moral" existente, constituyen los
empresarios la nueva minoría racial que sirve como víctima
propiciatoria en esa "moderna" cacería de brujas
que los intelectuales, los místicos y los políticos
incitan para alejar a la furia popular de si mismos.
Cuando
hablo de los empresarios no me refiero, claro está, a
aquellos mandatarios burocráticos de aventuras económicas
estatales o mixtas que solamente son los usuarios de los
privilegios, subsidios y proteccionismos estatales que
resguardan su ineficacia e incapacidad, a costa de la
población en general, de todo riesgo que los empresarios
privados deben enfrentar en relación con toda decisión
tomada. La población en general ha sido convenientemente y
por acción psicológica acallada para que no se queje del
colosal robo al que la someten los gobiernos con las
permanentes pérdidas cargadas sobre sus hombros mediante lo
que los gobiernos llaman "empresas estatales" con
"sentido social".
Desafortunadamente
todavía hay demasiado pocos empresarios dispuestos a
alzarse y enfrentar la situación y aún muchos menos que sí
lo hicieron y estén además dispuestos a defender sus
derechos como verdaderos benefactores de la humanidad.
Demasiados de ellos prefieren acudir en multitud para
solicitar "ayuda estatal", o sea dinero extraído
a la población en general mediante impuestos obligatorios,
para rescatar a sus empresas apenas el camino se torna
escarpado. General Motors es un caso bien conocido hoy en día,
con Opel, su hija alemana, colgando lloronamente de sus
faldas. La cuestión es: por qué ha de ser
"rescatada" una empresa si es incapaz de producir
los coches que desea el público, o si insiste en continuar fabricando automóviles que nadie
quiere comprar ahora, en tiempos difíciles, cuando los
compradores temen gastar su dinero, ganado con gran esfuerzo
y prefieren conservarlo para enfrentar quién sabe qué
dificultades que todavía vendrán? Hay quienes dirán:
Pues, para ayudar a los técnicos, a los operarios, a los
empleados, los vendedores, empleados que quedarían sin
trabajo, etc. Pero ésta no es la solución.
Ludwig
Erhard, el constructor del "milagro alemán" después
de la 2da. Guerra Mundial, demostró la manera correcta de
proceder cuando la fábrica de automotores Borgward fracasó
en su época. Todos los socialistas reclamaron ayuda en ese
momento pero el obeso fumador de cigarros Erhard, quien se
parecía un tanto a la cómica figurita del cerdo
capitalista, denegó toda ayuda, indicando que sería
injusto "rescatar" a una empresa que no era capaz
de mantenerse por sus propias fuerzas. Adicionalmente agregó
que sus trabajadores y empleados, todos ellos gente capaz,
encontrarían rápidamente otros empleos en fábricas de
coches bien dirigidas y en millares de otras empresas que
elaboraban productos que atraían compradores. La historia
demostró que tenía razón. Los gobiernos actuales
aparentemente no aprendieron la lección… ni lo hicieron
los "empresarios" ahora involucrados en las
demandas de rescate.
A
lo largo de los tiempos no solamente permitieron los
empresarios que los gobiernos interfiriesen en sus negocios
sino que fomentaron tales interferencias, solicitando
primero favores y promesas de reyes y señores feudales y, más
tarde, como sucede en Estados Unidos y otros lugares,
mediante "generosos" grupos influyentes y/o de
presión, personas con poder político, asociaciones
empresarias con conexiones políticas, etc. etc. Más
adelante y a su debido tiempo, se convirtieron las
concesiones y favores en órdenes directas por parte del
gobierno, ya que ésta es la marcha natural de los sucesos
si nadie se opone a su mecánica. Bajo tales condiciones le
es fácil a los gobiernos poner en funcionamiento una
poderosa maquinaria que obliga a los bancos y las
instituciones financieras a proveer créditos a compradores de bienes cuyos ingresos los
convierten ya desde el principio en receptores que no serán
capaces de devolver el dinero recibido; este proceso
funciona especialmente cuando el gobierno se sabe respaldado
por los lamentos de los izquierdistas que reclaman
"ayuda para los pobres". En muy poco tiempo los
prestatarios rebasados en su capacidad de pago alcanzan el
momento en que ya no podrán pagar sus deudas. Una vez que
el esperado desastre tiene lugar (ya hubo un ensayo previo
de tales desastres en 1929), recaen las consecuencias, que
nadie quiso prever ni estaba dispuesto a evitar, injusta
pero también inevitablemente sobre la parte productiva de
la población mundial, generando, como sucede en la
actualidad, una enorme cantidad de gente capaz ahora
desocupada.
Los
actuales sucesos económicos y, en consecuencia, políticos,
ya están expandiendo sus desagradables resultados. Las
operaciones de "rescate" demandadas por los bancos
y las instituciones financieras al actual presidente de los
Estados Unidos, y la concesión de tales rescates, rápidamente
revelaron los adicionales propósitos políticos que las
acompañan: un inexorable control estatal que llevará al
mundo primeramente a un regreso al socialismo y luego al
comunismo, tal como Marx previó y yo mencioné en mi
reciente escrito "La sociedad como fin y la sociedad
como medio". Aunque un poco tarde y ya muy avanzados en
ese camino parecen comenzar a darse cuenta los empresarios
financieros de lo que se halla oculto entre bambalinas, y se apuran ahora a devolver al estado el dinero recibido y quizá
también están aprendiendo las sabias palabras de George
Washington: "El gobierno no es razón, no es
elocuencia; es fuerza. Como el fuego, es un servidor
peligroso y un amo amedrentador."
Los
medios periodísticos naturalmente siempre favorecieron al
popular colectivismo y, en consecuencia, favorecen todas las
reglamentaciones estatales, ignorantes o sin importarles el
hecho de que los fundamentales derechos individuales, tal
como se hallan anclados en la Constitución de los Estados
Unidos, también cesarán para ellos mismos. Pocos
intelectuales supieron señalar esto, entre ellos Ayn Rand y
sus Objetivistas, Ludwig von Mises, George Reisman (cuyo artículo
"El Mito de que el Mercado Libre es Responsable de Nuestra Crisis Financiera"
es extraordinariamente revelador en la materia), Friedrich
A. Hajek y Murray N. Rothbard y sus seguidores y, tal como
ese medio omnirevelador que es el Internet indica, incluso
algunos intelectuales izquierdistas. Conocer la verdad
oculta detrás de los hechos desafortunadamente parece
quedar reservado a los menos.
Cuando
hablo aquí de empresarios me refiero, naturalmente, a
empresarios libres, libres hasta donde pueden actuar como
tales en medio del pantano de leyes e impuestos de todo tipo
echados sobre sus hombros, imposiciones que ahogan
mundialmente a la sociedad misma y pueden provocar su
desintegración total. Nuevamente me refiero a empresarios
LIBRES, libres hasta donde es actualmente posible, dadas las
condiciones imperantes, esa especie compuesta, como dijera
Ludwig von Mises
en su colosal obra "La Acción Humana", por
"aquéllos que tienen un empeño especial en ganar ajustando la
producción a los previsibles cambios de condiciones, aquéllos que tienen mayor iniciativa, mayor espíritu de aventura y
un ojo avizor más alerta que la multitud; esos pioneros del
empuje y la promoción del mejoramiento económico (3ra.
Parte, Cap. 14, Subcap. 7)".
Los
empresarios son los constructores del futuro. Obsérvese que
el "Gran Salto hacia Adelante", el momento en que
comenzó el progreso humano, se relaciona directamente con
la Revolución Industrial del siglo 18. Qué es lo que hizo
tan extraordinario al lugar donde tuvo lugar y al tiempo
en que sucedió? Descubrimientos
o inventos de alguna importancia particularmente
sensacional? De ninguna manera. Hasta ese entonces ya habían
hecho los seres humanos muchos descubrimientos y realizado
extraordinarios inventos, todo lo cual se acumuló a lo
largo de los siglos. Quienes quieren ocultar al factor
fundamental que "disparó" el proceso señalan a la máquina de Watt como iniciadora del
proceso. Pero el principio que había hecho posible esa máquina
ya era conocido por los antiguos griegos y, sin embargo,
nada sucedió en ese momento que iniciase el gran empuje. De
hecho, el origen de muchos logros científicos pueden
seguirse hasta la Antigua Grecia, pero eran vistos, aún
hasta y más allá del Renacimiento, como meros juguetes
ingeniosos, conjuntos físicos y químicos imaginativos.
Hasta
la segunda mitad del siglo 18 prevaleció el concepto místico
de que todo esfuerzo humano es inútil, incluso carente de
sentido, por ser la existencia humana solamente la preparación
para la "verdadera" vida que será
alcanzada para toda la eternidad en otra, desconocida "realidad".
Los teólogos declaraban esto, y lo continúan haciendo aún
hoy en día, como un dogma indiscutible e innegable de sus
"enseñanzas". Los filósofos, comenzando con los
presocráticos hasta nuestros días - a excepción del
genial Aristóteles -, funcionaban y funcionan como meros
servidores del misticismo, secularizando esta versión de la
existencia (por ejemplo, Platón con su mundo bidimensional
de formas e imágenes, Kant con sus objetos noumenales y
fenomenales, etc.). Esta obligación de creer que la
existencia humana no puede ser mejorada, necesariamente
incluye un sentimiento profundo de que todo lo que se haga
será una pérdida de tiempo.
Empero,
llegó el momento en que el cerebro de algunos hombres se rebeló, consciente o subconscientemente, contra esta
creencia. Hombres con metas prácticas tomaron en sus manos
la labor de llevar los logros científicos a aplicaciones prácticas.
Hombres como James Brindley, Josiah Wedgwood, John
Wilkinson, Matthew Houlton y docenas más, aprovecharon la
mayor libertad existente en Inglaterra para convertirse en
"hacedores de dinero" cambiando, como segunda
consecuencia, la vida de los pobres, una existencia
frustrada en pocilgas de horrible pobreza y falta de
esperanzas. "Es cómico pensar que ropa interior de
algodón y jabón puedan producir un cambio en la vida de
los pobres," escribió el brillante Jacob Bronowski en
su libro "El Ascenso del Hombre" (Cap. 8).
"Sin embargo fueron las cosas simples - carbón en el
hogar, vidrio en las ventanas, una selección de comidas -
las que provocaron el maravilloso ascenso en el standard de
vida y en la salud. De acuerdo con nuestros
standards actuales, los pueblos industriales eran barracas,
pero para la gente que había llegado de una choza, vivir en
una vivienda significaba una liberación del hambre, de la
suciedad y de las enfermedades; una nueva riqueza de selección
se les ofrecía."
Los
hombres que apostaron su dinero a la confianza de que tanto
pobres como ricos habrían de comprar los productos que
ellos ofrecían al mercado, fueron los hombres de negocio.
Los empresarios, naturalmente movidos por su interés
personal y al mismo tiempo benefactores sociales de
dimensiones colosales, crearon mercados masivos para que
todo producto pudiese alcanzar todo nivel social, aún el más
bajo imaginable. Su maquinaria aumentó la labor humana y,
en consecuencia, elevó el premio económico de su labor.
"Al organizar el esfuerzo humano en empresas
productivas," escribió la extraordinaria filósofa Ayn
Rand, "creó (el empresario) empleo para los seres
humanos en incontables profesiones. Él es el gran liberador
que, en el breve lapso de un siglo y medio, liberó a los
seres humanos de la presión de sus necesidades físicas, de
la terrible esclavitud de un día de 18 horas de trabajo
manual para obtener meramente la subsistencia mínima; el
que los liberó de hambrunas, pestes y de la estancante
falta de esperanza y el terror en que la mayoría de los
seres humanos vivieron en todas las centurias
precapitalistas - y en las cuales la mayoría continúa
viviendo en los países no-capitalistas." (de
"Para el Nuevo
Intelectual")
Los
mismos Marx y
Frederic Engels confirmaron su monstruoso propósito de
querer devolver a los seres humanos a las edades prehistóricas
de la ignorancia, las pestes y la prisión intelectual y física
del comunismo, cuando reconocieron en su "Manifiesto
Comunista" que "La burguesía (el nombre dado
en su época a los capitalistas), mediante el rápido
mejoramiento de todos los instrumentos de producción,
mediante los medios de comunicación inmensamente
facilitados, llevan a todos, incluso los países más
atrasados, a la civilización. Los precios baratos de sus
productos son la artillería pesada con la que destruyen a
todas las murallas chinas, con las cuales obligan a
capitular el obstinado odio de los países subdesarrollados
contra los foráneos. (El Capitalismo) ha creado ciudades
enormes… rescatando así a una considerable parte de la
población de la imbecilidad de la vida rural… La burguesía,
durante su imperio de apenas cien años, creó fuerzas
productivas más masivas y más colosales que todas las
generaciones anteriores juntas… En la misma proporción en
que la burguesía, o sea el capital, se ha desarrollado, en
la misma proporción se desarrolló (mi
énfasis) el proletariado, la moderna clase
trabajadora."
Pero
los intelectuales se negaron a reconocer esta transformación.
Tanto los filósofos como los pensadores en general,
evadieron la responsabilidad de explicar a la población cómo
podía haberse convertido tal "milagro" en
realidad, cuál era el origen de tan asombroso avance
humano, cómo podía ser que la Revolución Industrial y su
sistema económico, el Capitalismo (un sistema social basado
en el reconocimiento de los derechos individuales, incluidos
los derechos a la propiedad, en el cual toda propiedad se
encuentra en manos privadas, como definiera Ayn Rand en su
artículo "Qué es el Capitalismo?") pudiese
producir un resultado tan asombroso.
La
mayoría de los intelectuales permanecieron sumergidos en el
pantano de su propio retroceso mental. Buscando la protección
de los poderes y temiendo la ira de monarcas y teócratas,
no se atrevieron a analizar el fenómeno. Todavía atados a
los conceptos dogmáticos del medioevo, se vieron
incapacitados de descubrir qué había posibilitado el
heroico triunfo capitalista.
Sería
recién en el siglo 20 cuando quedaría develado el nuevo y
extraordinario logro intelectual. Ayn Rand dedujo, a partir
de los hechos de la realidad, el fundamento que sustenta a
los empresarios y su labor, un fundamento que la mayoría de
los hombres de negocio mismos desconocían. Ellos estaban
ocupados en producir y, sin saberlo, construir, el futuro.
Ayn Rand reunió las piedras angulares en una sola e
indestructible unión conocida actualmente con el nombre de
Filosofía del Objetivismo.
Lo
único que se encuentra a disposición de las personas
mientras vivan dentro de las premisas del altruismo, la
demanda de existir para el prójimo como justificación de
la propia existencia, es el estancamiento y la resignación
y nada dentro de tal sistema cambiará jamás para mejor,
tal como la historia demostrara incontables veces. El
altruismo es la noción de que cada uno debe sacrificarse
por los demás, o sea la "moralidad" de los caníbales.
El
altruismo es, pues, totalmente irreconciliable con el
Capitalismo, ya que éste representa el continuo esfuerzo de
cada uno por mejorar su propia vida satisfaciendo sus
necesidades y deseos. La práctica de la resignación, la
adoración del sufrimiento y el auto-sacrificio, la
supervivencia a partir de la caridad y los redrojos, es la típica
existencia de la sociedades tribales, colectivistas, lugares
donde la población se halla sujeta a los caprichos de príncipes
y caciques tribales. "Aquí se encuentra la profunda
brecha entre los empresarios y el altruismo," indicó
Ayn Rand en su artículo "La Sanción de las Víctimas",
"pues los hombres de negocio no se sacrifican por los
demás - si lo hiciesen fracasarían en sus quehaceres en
pocos meses o días - ellos obtienen beneficios,
ellos se enriquecen, ellos son recompensados, tal como ellos
merecen. Es esto lo que los altruistas, los
colectivistas y otros "humanitarios" odian en el
empresario, ya que los verdaderos hombres de negocio
persiguen una meta personal y tienen éxito en la misma. No
se engañe a sí mismo pensando que los altruistas son
motivados por la compasión hacia el que sufre. Ellos son
motivados por el odio al exitoso."
Los
empresarios sufren una profunda sensación de culpa por
encontrarse inmersos en la dicotomía formada por las
premisas de una "moral" antigua que se les
ha enseñado a respetar y lo que la realidad les dice que
deben hacer, y esa culpa se encuentra intensificada por el
hecho de que los empresarios no pueden adherir a lo
arbitrario, lo caprichoso, lo irracional, ya que dependen
plenamente de la facultad que es exclusiva del cerebro
humano: la razón. En consecuencia ellos representan al ser
humano como lo que es: un ser racional.
Son
los empresarios libres y sus hermanos de sangre, los Nuevos
Intelectuales, quienes, a partir de la filosofía del
Objetivismo de Ayn Rand colocan el fundamento y defienden la
existencia del Capitalismo como la única sociedad humana
racional posible,
y quienes llevan la responsabilidad directa de rescatar a la
humanidad de su auto-inmolación, una humanidad que no
parece estar dispuesta a renovarse filosófica y moralmente
a sí misma.
Nada
intermedio puede proveer la solución adecuada. La solución
a medias es un elemento inestable, radioactivo, cuyo tiempo
ha pasado. La confrontación final se decidirá entre el
Objetivismo y los actualmente existentes tipos de comunismo
y sus similares, las
teocracias de todo tipo, una decisión que deberá tomarse
entre dos alternativas: una sociedad racional de seres
humanos racionales y un campo de servidumbre esclava
hostigada por los latigazos de sus bestiales dirigentes. La
confrontación se decidirá entre una moralidad racional,
basada en el derecho humano de existir para sí mismo y el
altruismo, lo que significa existir, quiérase o no, para
quienes mandan, una tribu de seres cuyo único parecido con
el ser humano es su apariencia física.
Pero
"el mundo que ustedes desean puede ser obtenido;
existe, es real, es posible y es
vuestro," escribió Ayn Rand en su obra cumbre
"Le Rebelión de Atlas", "pero para lograrlo
se requiere la dedicación total y un quebramiento completo
con el mundo del pasado, con la doctrina de que el ser
humano es un animal de sacrificio que existe para el placer
de los demás. Luchen por el valor de vuestra persona.
Luchen por la virtud de vuestro orgullo. Luchen por la
esencia de lo que es el ser humano: por su soberana mente
racional. Luchen con la radiante certeza y la absoluta
rectitud de saber que la vuestra es la Moralidad de la Vida
y que vuestra es la batalla por todo logro, todo valor, toda
grandeza, toda bondad y toda alegría que haya existido jamás
en el mundo."
A
partir de esta base le será muy fácil a los empresarios
decidir el "quo vadis" de su camino.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Nota: El original en inglés
del presente artículo fue publicado en las páginas del Web
de "Rebirth of Reason" (http://rebirthofreason.com/Articles/Schieder/Quo_vadis,_Businessmen.shtml).
Traducción al castellano del autor.
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